El político de centroderecha y empresario Sebastián Piñera (Santiago de Chile, 1949) no es un expresidente ni tranquilo ni ausente. Tiene fama de hiperquinético —parece costarle permanecer sentado demasiado tiempo— y su activismo lo traslada a lo político. Veinte meses después de haber dejado La Moneda, en marzo de 2014, se le observa muy pendiente de asuntos regionales y de la coyuntura nacional. De acuerdo a las encuestas recientes, es la figura de la oposición con mayores posibilidades de convertirse nuevamente presidente en las elecciones de 2017.

Pregunta. ¿En qué momento se encuentra la región?

Respuesta. América Latina es un continente que lo ha tenido todo y, sin embargo, no ha estado a la altura de sus responsabilidades ni ha sabido aprovechar sus oportunidades. La mejor prueba de ello es que sigue siendo una región subdesarrollada con un tercio de su población viviendo en condiciones de pobreza. Esta segunda década del siglo, nuevamente, es una década de frustración.

P. ¿A qué se refiere?

R. Hoy América Latina no está creciendo. Estamos con graves problemas con muchas de nuestras democracias, instituciones y, por lo tanto, el balance no es bueno. El gran desafío es dejar atrás esta frustración, recuperar el tiempo perdido y ponerse en la senda del progreso y del desarrollo.

P. Usted siempre ha sido partidario del camino adoptado por la Alianza del Pacífico.

R. Porque dentro de América Latina veo dos grandes modelos. Por una parte están los países del ALBA [Alianza Bolivariana]: Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia. Y por otra, los de la Alianza del Pacífico: México, Colombia, Perú y Chile. Al medio están Brasil y Argentina. ¿Cuál es la diferencia? Total y absoluta. En la Alianza del Pacífico tenemos democracias de verdad y en los países del ALBA no existen verdaderas democracias. No hay Estado de derecho y separación de poderes, libertades de expresión y de prensa, alternancia en el poder, respeto por las minorías y debido proceso.

P. En lo económico también los modelos son distintos.

R. Totalmente distintos. En los países de la Alianza del Pacífico creemos en una economía de mercado, libre, abierta, competitiva, integrada al mundo. Los países del ALBA tienen economías tremendamente controladas y hegemonizadas por el Estado, no integradas al mundo, sin libertades. Las diferencias son enormes y, más allá de las preferencias que uno tenga, los resultados están a la vista. No solamente la teoría sino que la evidencia muestra que un camino conduce al desarrollo y el otro al estancamiento.

P. ¿Qué representa el triunfo de Macri en Argentina?

R. Macri marcará una diferencia en el actual contexto latinoamericano y tengo una enorme esperanza en lo que pueda hacer. Será una inyección de aire fresco, de ideas correctas, en una América Latina que había perdido el rumbo.

P. A usted lo comparan con Macri, tanto por sus ideas como por su biografía. ¿Siente tener similitudes?

R. Hay muchas similitudes y somos amigos. Por de pronto, a ambos nos tocó reemplazar a coaliciones que ya llevaban demasiado tiempo en el poder. Doce años en Argentina, 20 años en Chile. A él le corresponderá, como a mi me tocó, hacer cambios muy importantes para que nuestros países recuperen la capacidad de crecimiento, de crear empleos, de generar bienestar y oportunidades.

P. ¿Hay un renacer de la centroderecha en la región?

R. Con respecto a lo que teníamos algunos años atrás, definitivamente sí. Ha habido cambios en México, Argentina, Paraguay y espero que vengan muchos más. Es bueno para América Latina, porque se había ido imponiendo un modelo que, a mi juicio, estaba equivocado: el del nuevo socialismo, del socialismo del siglo XXI, como se le quiera llamar.

P. Usted ha estado muy atento a la situación de Venezuela…

R. Venezuela está viviendo una amplia y profunda crisis. Amplia porque toca lo político, lo económico y lo social, y profunda porque ha llevado al país a una situación verdaderamente crítica.

Y esto a pesar de que Venezuela es uno de los países más ricos del mundo: viene saliendo de un boom petrolero que le significó ingresos por más de 100.000 millones de dólares al año durante casi una década. Y, ¿dónde está Venezuela hoy día a pesar de todo esto? En una situación crítica que es la cosecha de malas políticas públicas sacadas adelantes por malos Gobiernos.

P. ¿Qué pronostica para las elecciones de este domingo? ¿Observa opciones de cambio?

R. Tenemos puestas muchas esperanzas y creo que la oposición, la Mesa de Unidad, va a tener un gran triunfo. Espero que en estos comicios se calle la voz todopoderosa y omnipresente del Gobierno de Venezuela y se escuche con fuerza y con profundidad la voz de la gente y del pueblo. Que se respete la voluntad de la ciudadanía y que, por tanto, se respete el resultado. Por supuesto que hay muchas inquietudes y dudas, hay muchos riesgos en esta elección.

P. El expresidente chileno Ricardo Lagos dijo que echaba de menos una voz más firme de los presidentes en ejercicio, donde se incluía evidentemente a Michelle Bachelet. ¿Cree usted que el Gobierno chileno ha hecho la vista gorda respecto a Venezuela?

R. El Ejecutivo chileno ha mantenido un silencio que yo creo que no se justifica. No hay una contradicción entre defender las democracias, las libertades y los derechos humanos con el principio de no intervención. En los tiempos modernos hay valores que no aceptan fronteras.

P. ¿Por qué ahora usted es tan crítico de Venezuela cuando durante su Gobierno no lo fue? Quizá es más fácil levantar la voz siendo expresidente.

R. Cuando fui presidente en muchas oportunidades levanté mi voz para defender y apoyar la causa de las democracias, las libertades y los derechos humanos en Venezuela. Pero la verdad es que la situación en Venezuela es mucho más crítica hoy día que hace tres, cuatro, seis años atrás. Venezuela ha ido evolucionando. Chávez fue elegido democráticamente. Incluso uno podría sostener que Maduro también, más allá de todas las dudas o criticas que hubo al proceso. La legitimidad de origen, sin embargo, no es suficiente. También tiene que haber legitimidad democrática en el ejercicio y yo creo que el actual Gobierno venezolano la perdió.

P. Si usted fuera presidente ¿qué tan drástica sería su posición?

R. Comparto el anuncio que ha hecho el presidente Macri de que llegó el momento de invocar la cláusula democrática del Mercosur. Y creo que los gobiernos de América Latina no tienen ninguna justificación para mantener este silencio estruendoso que, de alguna forma, es negligencia y complicidad.

P. Con respecto a la demanda marítima boliviana, ¿por qué cree que Evo Morales ha logrado apoyos internacionales tan importantes como el de Hollande, Merkel y el Papa?

R. Evo Morales y Bolivia han realizado una estrategia comunicacional muy poderosa, muy fuerte, pero eso no cambia los hechos. Los países deben comprender que los tratados, cuando fueron válidamente celebrados y se encuentran plenamente vigentes, como el que Chile y Bolivia firmaron en 1904, tienen que ser respetados. Imagínense lo que ocurriría en el mundo si los países se sintieran con el derecho de revisar unilateralmente los tratados. ¿Qué pasaría con las fronteras en Europa?, ¿qué pasaría con las fronteras entre México y Estados Unidos? Chile siempre ha tenido y debe seguir teniendo una actitud de apertura al diálogo, pero a ningún país se le puede pedir que ceda parte de su soberanía simplemente porque otro país así lo pide o lo exige.

P. ¿Cómo evalúa la gestión del Gobierno de Bachelet?

R. Voy a tratar de ser lo más objetivo posible, porque los resultados están a la vista y no son buenos. Pérdida de capacidad de crecimiento, de creación de empleos y de capacidad de luchar contra la pobreza. Hemos perdido fortaleza en materias de equilibrios macro económicos y esa voluntad de diálogos y acuerdos que fue esencial para los logros de ese período de 24 años entre 1990 y 2014. Y dos de cada tres chilenos cree que vamos por mal camino. En 18 meses hemos perdido el rumbo y el ritmo y este hecho no puede ser ignorado ni barrido debajo de la alfombra.

P. ¿Dónde han radicado los problemas de la segunda Administración de Bachelet? ¿en el diagnóstico de la necesidad de reformas profundas o en su implementación?

R. Este Gobierno parte de un diagnóstico equivocado. Pensar que los chilenos querían barrer con los últimos 24 años, pasar la retroexcavadora y partir de cero. Eso no es verdad. Los chilenos quieren cambios, pero quieren cambios a partir de lo que juntos hemos construido.

P. ¿Ha dudado usted en algún momento de la continuidad del actual Gobierno?

R. No. La Presidenta Bachelet fue elegida por cuatro años y va a completar su período como es la tradición democrática de nuestro país.

P. ¿Por qué provocó una crisis en Chile el financiamiento de la política? ¿Leyes malas y permisivas o corrupción y malas prácticas?

R. Es una combinación. Además de que la legislación no era realista, sin duda que hubo comportamientos que se alejaban de la ley. Por eso en un Estado de derecho tenemos que permitir que los fiscales y los tribunales actúen con independencia y autonomía.

P. ¿El dinero influye en los resultados electorales en Chile?

R. Por supuesto que influye, pero hay otros elementos y factores que influyen muchísimo más, como la calidad de los programas, de las propuestas, de las ideas, la cercanía de los candidatos con la gente…

P. ¿Cómo toma los líos judiciales de su ex ministro Ruiz-Tagle y ex subsecretario Wagner, por colusión y cohecho respectivamente?

R. Lo he dicho y lo repito: que funcionen las instituciones. Están siendo investigados, todavía no hay fallo de la Justicia, y por lo tanto los tribunales tendrán que actuar con autonomía e independencia como corresponde a un Estado de derecho.

P. Hace unos días el expresidente Lagos dijo que había que entender sus críticas al Gobierno actual como las declaraciones de un candidato presidencial. ¿Usted es candidato?

R. No. No soy candidato, no está en mis planes ser candidato, pero sin duda no estoy jubilado ni desinteresado, ni alejado ni marginado de lo que pasa en mi país. Yo estoy comprometido con el futuro de Chile y cuando lo estimo conveniente, aunque se moleste mi amigo, el presidente Lagos, voy a seguir levantando mi voz. Ahora, ¿desde qué trinchera y posición voy colaborar? No lo sé.

P. ¿Cree usted que Lagos habla como candidato?

R. Él ha dicho que por su edad no es candidato, pero he conocido a muchas personas que legítimamente en el transcurso del tiempo cambian de opinión.

[ElPais]

por Pablo Iglesias*

Resulta sorprendente, paradójico, incluso irónico, que muchos medios comparen a un veterano laborista como Jeremy Corbyn con nosotros. Y, sin embargo, tienen toda la razón en hacerlo. ¿Qué puede tener en común el nuevo jefe del viejo partido fundado por los sindicatos británicos con una formación nacida hace apenas año y medio en España? Básicamente una cosa: el fracaso del social-liberalismo de la Tercera Vía.

Se dice de Podemos que somos el partido de los indignados. No es incorrecto del todo, pero esa explicación se queda a medias. El 15-M y el movimiento de los indignados en España fueron la expresión social del fracaso de eso que se llamó neoliberalismo. Aquel modo de organización política que arrasó con las instituciones de protección social, que destruyó la industria y los sindicatos, que produjo burbujas especulativas y que basó el consumo en el crédito, y se reveló incapaz de presentar soluciones aceptables cuando la crisis financiera aceleró la destrucción de los servicios públicos y los derechos sociales empobreciendo a los sectores medios y a la clase trabajadora. En el momento en el que la crisis llegó a España, el PSOE, tradicionalmente identificado con el Estado del bienestar, estaba en el gobierno y no supo dar ninguna alternativa. No es que no se atreviera ya a ser socialista, es que ni tan siquiera se atrevió a rechazar las políticas de recortes y la austeridad planteando un mínimo programa neokeynesiano de rescate ciudadano. José Luis Rodríguez Zapatero sencillamente se rindió ante la crisis tomando las mismas medidas que hubiera tomado un gobierno conservador. Él mismo reconoció en un libro de memorias que sabía que las medidas que iba a tomar le iban a costar las elecciones a su partido.

Aquello contribuyó a la identificación de los dos grandes partidos españoles como casi lo mismo, como élites políticas que encarnaban privilegios de casta, al tiempo que decidían recortes sociales que empobrecían a la población. La mayor expresión social de esa desafección fue el 15-M, un movimiento cuyo principal mensaje fue su rechazo a las élites políticas y económicas. Podemos ha sido quizá la expresión político-electoral de ese movimiento que, sin embargo, no se explica sin el hecho de que nuestro Partido Socialista se había convertido ya para muchos ciudadanos en algo muy parecido al Partido Popular.

Jeremy Corbyn

Jeremy Corbyn

La historia en el Reino Unido no es tan distinta. Allí el éxito del neoliberalismo significó la derrota del laborismo y de la clase trabajadora británica, que tuvo muchas expresiones simbólicas. La que más me conmueve es la derrota que Thatcher infringió a los mineros, que protagonizaron una resistencia heroica. La que más me ofende es la puesta en marcha de la Tercera Vía de Tony Blair (convertido en el mejor heredero de Thatcher), que hacía de la socialdemocracia una suerte de nuevo social-liberalismo y habría de convertirse es una referencia para todos los partidos socialistas europeos, en particular para el español.

Si Podemos ha sido la mejor expresión de la crisis de identidad del PSOE (no por casualidad llevan un año tratando de disfrazarse de nosotros), en el Reino Unido, Corbyn es la mejor expresión de la crisis de identidad del Labour Party. Podría haber ocurrido desde fuera (como en Escocia, donde los votantes tradicionales del LP han entendido que el SNP defiende mejor los derechos sociales), pero ha ocurrido desde dentro.

Que ocurra desde dentro o desde fuera en el fondo es lo de menos. Por fin vamos a contar con un aliado en Reino Unido con el que compartimos diagnóstico y un proyecto de defensa de los derechos sociales mediante políticas que combatan la desigualdad. Nuestro papel no es otro que el de ser las fuerzas que representan a la mayoría social, a las clases populares golpeadas por un modelo de gobernanza financiero diseñado para favorecer a las élites financieras y su clientela.

Cada vez son más los socialistas que vienen con nosotros para defender la democracia, luchar contra la austeridad y la desigualdad. Solo podemos decirles: bienvenidos compañeros, caminemos juntos.

La campaña contra Corbyn ha empezado ya. Escuchamos los mismos insultos que ha recibido el gobierno griego y que hemos recibido nosotros, o la misma condescendencia de quien dice que su papel será solo el de ser una llamada de atención pero que nunca podrá gobernar. Y, sin embargo, cada vez somos más y más fuertes en Europa. Bienvenido, Jeremy.

* Licenciado en Ciencia Política y Doctor en Ciencia Política y Administración (Universidad Complutense de Madrid), líder de PODEMOS.

[TheGuardian]