Por Nabih Yussef

 [MILAN] Viajamos a la ciudad de Milán, el vuelo aterriza en Bérgamo, una ciudad pequeña en las afueras, y nos dirigimos a la ciudad por tierra. Allí, centenares de turistas pasean con sus cámaras por las calles italianas, posan risueños ante el Duomo, mientras una docena de personas hacen fila para comprar un “gelato” artesanal. “Así no es toda Italia”, nos dice Adriano (38). “Esto es una burbuja”, exclama con risa irónica, como quien busca despertar de un sueño a un niño. Adriano es de Palermo y vino a Milán para trabajar en la construcción, pero a pesar de haber encontrado trabajo, sólo es temporal, hasta acabar una remodelación, “hay muchos inmigrantes que trabajan por menos dinero”, replica.

Decidimos partir al sur de Milán por la ruta A1 hasta Módena, una ciudad cercana a Bologna, la ciudad universitaria de Emilia-Romaña. Módena es una ciudad mediana con un importante circuito de fábricas de automóviles. A sus afueras se encuentran las firmas de Maserati, Lamborghini y la famosa Ferrari. Allí nos recibe Niz (25), que nos cuenta que trabaja de barman en un bar donde se sirven aperitivos. “Trabajas en teoría 8 horas, pero al final todo se alarga a 10. Yo igual no puedo quejarme, porque por lo menos tengo trabajo”, describe. “El problema es que el dinero ya no alcanza, la mitad de mi sueldo va para el alquiler de mi apartamento compartido, que acá hay pocos. Lo único que te queda es ser mamoni”, sonríe. El término en italiano “mammoni”, se ha popularizado para describir la actual situación del desempleo juvenil en Italia. La expresión sarcástica refiere a los jóvenes menores de 35 años que ni trabajan ni estudian y aún viven con los padres. Es que 7 de cada 10 jóvenes italianos, se encuentran en esta situación, solo superados -según Eurostat- por Eslovaquia.

La tasa de parados en Italia es de las más alta de la Unión Europea, en torno a 11%, solo superados por España (16,1%) y Grecia (20,8%), y estos números adquieren mayor preocupación cuando se pone la lupa a la población joven, que rompe el 30% de desocupación. Ante esta situación, los partidos políticos han intentado sacar rédito de izquierdas a derechas, poniendo como causantes del desempleo a las grandes transnacionales o a los inmigrantes, donde en Italia se calcula existen 2,6 millones de inmigrantes legales (quinta en la UE) y 800 mil de manera ilegal.

Dos son los partidos que en las últimas elecciones han obtenido el derecho de discutir la formación de gobierno. Por un lado, la Lega Nord (Liga del norte), liderada por Matteo Salvini, un político milanés; y por otro lado, el Movimiento 5 estrellas (M5S), fundada por el cómico Beppe Grillo y ahora comandada por el joven político Luigi Di Maio, proveniente del postergado sur italiano.

Ambos partidos dicen tener muchas diferencias entre sí, la Liga Nord se autoconcibe como un partido de derecha, anti-inmigración y con una mirada anti-europeísta. Culpan a Alemania de la flexibilidad en la Unión Europea para admitir refugiados políticos, algo que “atenta” contra los intereses italianos.

En el otro extremo se encontrarían los “grillinos”, gentilicio político apodado a los militantes del M5S, por su acepción al apellido de su fundador. En este espacio muy heterogéneo, dicen haber superado las dicotomías de izquierdas y derechas. En palabras de su fundador, “no se puede explicar lo que es el M5S, hay que sentirlo”, enfatiza. No obstante, resulta simple poder observar algunos trazos importantes de su presentación política, principalmente a la que refiere a la Unión Europea. Los grillinos se ubican en la constelación de partidos políticos que se denominan “euroescépticos”, por su negativa a avanzar en los programas de integración auspiciados en Bruselas (capital de la UE). El M5S se define como ecologista y aboga por la democracia directa a través de internet. De hecho, en su plataforma web se toman las decisiones estructurales del partido, no sin antes pasar por un exhaustivo control desde la cúpula del movimiento. Se definen como una “libre asociación de ciudadanos” y no precisamente como partido político. Son actualmente los ganadores de las elecciones parlamentarias con el 32,7% de los votos, frente a los 17,4% cosechados por la “Liga”. Sin embargo, el partido de Salvini suma con otras expresiones de derecha (incluido el polémico Silvio Berlusconi), algo más de 37% de los votos escrutados. Es por ello que ante la imposibilidad de formar gobierno sin otros apoyos, ambos partidos han decidido unirse y formar un gobierno de “unidad” para “cambiar Italia”, como han sostenido en la última rueda de prensa.

La imposibilidad de nombrar a Salvini o Di Maio como primer ministro de Italia, radica en que tamaña decisión podría verse como una muestra de debilidad de uno u otro frente a sus seguidores. Es por ello que han tomado una decisión inédita en la política italiana, la designación de un completo desconocido para liderar el gabinete de ministros, designando en mutuo acuerdo al jurista Giuseppe Conte. Una decisión que ha dado lugar a decenas de intrincadas hipótesis.

El candidato es el proyecto

Con la designación de Giuseppe Conte como primer ministro italiano, tanto Salvini como Di Maio, buscan mostrarse en los medios de comunicación como programáticos. Su unión es netamente la representación de un pacto para “cambiar Italia”. Los puntos de su programa serán su objetivo y la división de los ministerios claves, la base por la cual avanzarán en esas metas. De esta manera, buscan mostrar que la elección de Conte, obedece al proyecto firmado por ambos bloques y no es fruto de una decisión política de espaldas a la gente. No obstante, resulta contradictorio para el M5S la actual salida política tomada por su cúpula, ya que han sido desde el movimiento quienes han criticado duramente a los partidos italianos por tomar este tipo de decisiones y ahora se ven en la situación de hacerlo ellos mismos.

Con el nombramiento de Conte, el M5S y la Liga, dejaron afuera del gobierno de unidad a Silvio Berlusconi (Forza Italia), que constituía el límite para formar gobierno de parte de los grillinos, y la Liga decidió por dejar a “Il Cavaliere” políticamente aislado.

La repartición de los ministerios fue equilibrada entre las dos fuerzas y tanto Salvini como Di Maio, crearon a medida suya dos superministerios que controlarán personalmente. Ambos serán vice-presidentes del Consejo de Ministros; Matteo Salvini será ministro de Interior y Luigi Di Maio unificó en una sola cartera el ministerio de Desarrollo Económico, Trabajo y Política Social. Desde estos lugares, los dirigentes han establecido objetivos políticos que van en contra de los tratados de la Unión Europea y la lógica económica. Salvini será el encargado desde Interior, de contener las olas migratorias del norte de África y de expulsar a los migrantes extracomunitarios y europeos de la península, con especial foco en los rumanos. Algo que contraría el derecho europeo y atenta contra las instituciones de la Unión. Por su parte, Di Maio desde la cartera de Trabajo, propone que Italia salga del euro mediante un referéndum popular, al tiempo que ha prometido incansablemente un ingreso ciudadano de 780 euros por mes a cada italiano, una asignación económica que supera con creces el valor del salario en el sur de Italia. Di Maio ha apelado a todo tipo de artilugios retóricos para explicar cómo hará para poner en marcha tamaña política económica, cuando Italia encuentra comprometido su PBI en más de un 160% en deuda pública, mientras mantiene restricciones institucionales desde Bruselas para elevar el gasto público.

Italia será gobernada por dos superministros de corte anti-europeos, anti-inmigración y con un elevado nivel de inexperiencia económica. De no prosperar sus intenciones de modificar los acuerdos con la Unión Europea para frenar los movimientos migratorios y las restricciones al déficit fiscal, Italia podría ser el segundo miembro del bloque en abandonar la Unión Europea.

** Fotografía Filippo Monteforte.

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Por Nabih Yussef

Hacia dónde se dirige China, es una de las grandes incógnitas que en estos momentos tratan de desentrañar think tanks norteamericanos, universidades alemanas y los circuitos empresariales británicos y japoneses. Su economía es vista como una oportunidad y un desafío para la economía internacional. Se trata de más de 1.300 millones de personas en un territorio de casi 10 millones de kilómetros cuadrados, y con una economía que crece al 9% del PIB anual en los últimos 30 años. Esto convierte al gigante asiático en el actual motor de la economía global -y con ello- en el garante de los flujos comerciales internacionales. Pero ¿se encuentra China preparada para asumir su rol de potencia económica? Aquí algunos datos para intentar comprender qué sucede al otro lado de la muralla.

Datos chinos

En los últimos 20 años, China ha creado 120 millones de empleos y ha sacado a casi 400 millones de personas de la pobreza, lo que equivale a diez veces la población argentina. Sus últimas reformas en 1994, dotaron de estabilidad al mercado monetario y abrieron el sector exportador a la inversión extranjera directa, modificando el paisaje costero, donde ahora se asientan los nodos de producción fabril más importantes del mundo. Estos puntos estratégicos -autorizados por el Partido Comunista Chino para el desarrollo de una economía de mercado- fueron denominados “Zonas Económicas Exclusivas”. Se trata de verdaderos cordones industriales habilitados para la existencia de la propiedad privada extranjera, fuertemente motivada por las ventajas a la hora de fabricar y exportar desde el país. La fórmula es sencilla y no esconde secretos: bajos costos de producción y alta rentabilidad empresaria.

No obstante, para disminuir su dependencia del capital extranjero, el politburó chino dio libertad a sus “factores productivos” para la creación de empresas nacionales, muchas de ellas asociadas al Estado. De esta manera, su modelo productivo e inserción internacional busca modificar paulatinamente su dependencia externa, fuertemente condicionada por los niveles de inversión y sus flujos de exportación comercial. Sin embargo, los deseos de Pekín se enfrentan a serios problemas puertas adentro, principalmente el bajo consumo de su clase media, los flujos migratorios del campo a las ciudades y un peligroso impacto ambiental en sus principales metrópolis. Aquí una breve infografía de la China que no sale por televisión.

La fórmula china para la economía

La crisis financiera internacional y el posterior ascenso de los proteccionismos económicos en Estados Unidos y en menor medida en Europa, afecta la previsibilidad de las exportaciones chinas. Es por ello que la cúpula comunista ha emprendido un reequilibrio económico para impulsar el consumo de su nueva población de ingresos medios.

Según un informe confeccionado por The Boston Consulting Group[1], tres serían los factores que impulsan el crecimiento del consumo chino: las familias emergentes de clase media, los hábitos de gasto de la población joven, y el papel más importante del e-commerce en el consumo asiático. Empero, existen límites en los niveles de consumo de las familias chinas y está dado por factores culturales y económicos.

Entre los culturales, se encuentra la elevada propensión de las familias asiáticas al ahorro. En China, si una familia no posee un “colchón” de ahorro, difícilmente pueda hacer frente a sus gastos de educación, salud o vejez. Y es que la política económica del gobierno subsidia al capital para proporcionarle dinamismo, al tiempo que sostiene una moneda nacional artificialmente sub-valorada para sostener su competitividad internacional. Mientras eso ocurre, los precios de los productos chinos se mantienen más baratos en el mercado internacional, pero a costa de constreñir a la baja el poder adquisitivo de sus trabajadores. Esto obliga a las familias a ahorrar para hacer frente a sus gastos domésticos, ya que el gigante asiático es también un enano social. China invierte tan solo un 1,89% del PIB en educación, detrás de Camboya (1,90%) y Bangladesh (1,93%). Mientras que en política de salud, gasta un magro 5.5% de su PIB, por detrás de Rumanía y Tanzania (5,6% respectivamente)[2]. Así las cosas, China se convierte en el país con menor consumo doméstico del grupo BRICS (Ver gráfico siguiente)[3].

En un estudio realizado por el economista hindú Jahangir Aziz, y el profesor de la Washington University, Steven Dunaway, se subraya que “los hogares chinos pagan cerca del 80% de los costos de la salud”, al tiempo que “(…) la política del hijo único ha agravado el envejecimiento de la población, incrementando la necesidad del ahorro para la vejez”[4]. Datos que indudablemente hacen que el consumo no se propague “a tasas chinas”.

Cuentas pendientes

Además del consumo, China aún tiene cuentas pendientes en materia de flujos migratorios y medio ambiente. El avance tecnológico de las ciudades costeras y la demanda de mano de obra, opera como estímulo para que jóvenes chinos del interior continental busquen emigrar a las grandes metrópolis. Sin embargo, Pekín establece un férreo control de la migración interna, abriendo los flujos migrantes de manera muy pausada. A los controles del campo a las ciudades, también se le suman los controles de las ciudades entre sí, ya que existen distritos especiales como Hong Kong, donde conviven normas específicas en materia de control poblacional.

La migración internacional no presenta una amenaza demográfica para sus vecinos, ya que solo un 0,69% de su población se encuentra en el exterior (unos 9.5 millones). Estos datos revelan las restricciones migratorias del país, que presenta una de las poblaciones migrantes más bajas en términos proporcionales. Tan solo Argentina, tiene un 2,17% de su población en el exterior[5] (¡tres veces más en términos relativos!).

El gobierno ha emprendido una lenta flexibilización de los controles de empadronamiento para estimular el consumo interno, pero las cifras astronómicas de la demografía asiática hacen que cada pequeño paso signifique enormes impactos sociales. Ya que, más personas en las metrópolis, conlleva a nuevos desafíos en materia energética, en transporte urbano y en impacto medioambiental.

De las 20 ciudades más contaminadas del mundo, 4 son chinas. Se tratan de Xingtai, Baoding, Shijiazhuang y Handan.

La contaminación y la elevada tolerancia social a la depredación de los recursos naturales, llevó al país a perder más de 1000 lagunas en los últimos 50 años, mientras que el 70% de los ríos se encuentran contaminados[6].

En las grandes urbes son comunes las alertas rojas por ciclos prolongados de contaminación ambiental, lo que transforma el paisaje de sus ciudades cubriéndolas con una densa nube gris, al tiempo que los transeúntes caminan en silencio con sus barbijos con todo tipo de diseños.

China depende de las energías tradicionales o no-renovables para mantener la locomotora de su economía en funcionamiento, pero los costos externos del impacto ambiental pueden llevar a su ecosistema urbano a una situación irreversible.

Estas restricciones y límites para el desarrollo sostenible del modelo chino, son observadas con preocupación desde el gobierno. Reducir la dependencia externa y franquear los desafíos internos, puede ser el comienzo de un sigiloso cambio en el ascenso del país en su tradicional modelo de “china barata” para el consumo occidental. Los nuevos incentivos crediticios al consumo y la flexibilización de los empadronamientos para mejorar los flujos migratorios internos, serán herramientas útiles para optimizar los niveles de desarrollo humano puertas adentro. Pero podrán ser insuficientes si el gasto público no incrementa los niveles de protección social en salud, educación, sistema previsional y -sobre todo- entorno medioambiental.

La locomotora china es sin duda una locomotora gigante. Pero hasta la más grande de las máquinas puede dejar de funcionar si no se tienen en cuenta las fallas de sus pequeños engranajes.

[1] The Boston Consulting Group (2017). “Five Profiles That Explain China’s Consumer Economy”, de Jeff Walters, Hongbing Gao, Vivian Hui, Angela Wang, Jian Yang, y Zhibin Lyu, Boston, Estados Unidos.

[2] Centro de datos “Datos Macro”, Expansión, Madrid.

[3] World Bank Open Data, Banco Mundial.

[4] Fondo Monetario Internacional (2007). Jahangir AZIZ y Steven DUNAWAY. “Reequilibrio de la economía en China”, Revista Finanzas y Desarrollo, Volumen 44, pág. 31.

[5] World Bank Open Data, Banco Mundial.

[6] COOK, Ian. “El medio ambiente en China”, Centre for Pacific Rim Studies, Liverpool University, Gran Bretaña.

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Por Nabih Yussef

La construcción de un muro que separase a los Estados Unidos con México, le valió a Donald Trump la popularidad política que lo llevaría eyectado a la Casa Blanca. El fenómeno, sin embargo, lejos de ser un recurso novedoso de campaña, presenta antecedentes históricos de gran significancia.

“El secretario de Seguridad Interna, trabajando conmigo y mi equipo, comenzará de inmediato la construcción de un muro en la frontera. ¡Lo necesitamos mucho!” De esta manera se refirió Trump al muro que ya se encuentra en la frontera entre Estados Unidos y México. Todo apunta a que los esfuerzos del mandatario se dirijan a ampliar el hormigón que divide a ambos países en unos 2000 kilómetros adicionales, al tiempo que refuerce la tecnología de las patrullas fronterizas para detectar la migración ilegal.

A pesar de aparentar ser una novedad producto de la inventiva proselitista de Trump, la edificación de muros ha sido una constante en la historia política de la humanidad. Desde la gran muralla china en el siglo XVI creada con fines geopolíticos, hasta los muros “antifavelas” de Rio de Janeiro en la antesala del mundial de fútbol 2014, construidos para frenar el crimen urbano. Los muros son y han sido, un instrumento de la política para contener el peligro (real o imaginario) de tener que enfrentarse con el otro desconocido.

Restar importancia a la funcionalidad de los muros como elemento psicológico disuasivo y también como elemento físico, sería tan imprudente como querer escalarlos. Los muros que están ahí generan efectos físicos concretos y poseen resultados inmediatos en la seguridad de corto plazo. El problema se encuentra en los efectos del largo plazo, en las condiciones de (in)seguridad que éstos generen entre las distintas sociedades donde se edifican. La historia reciente puede ser útil, si analizamos los muros que han dividido a la humanidad, y los que la siguen dividiendo.

El muro de Berlín (1989)

Símbolo icónico de la Guerra Fría, la cortina de hierro fue construida en 1961, separando en dos partes a Alemania. De un lado, la Alemania democrática; del otro, la comunista. Con algo más de 150 kilómetros y 4 metros de altura, el muro de Berlín dividió por momentos la grieta global entre los paradigmas capitalistas y socialistas.
La división este-oeste reprodujo en Berlín la lucha de ideas del momento, teniendo una finalidad geopolítica disuasiva.
En sus paredes dejaron huellas más de 200 personas que intentaron huir de la crisis económica de la Alemania socialista, mientras algunos afortunados escapaban del horror de la dictadura.
28 años después, la caída de los regímenes socialistas marcaría el final del muro ideológico que separara la Guerra Fría.

El paralelo 38
Una de las últimas fronteras físicas de la Guerra Fría es el paralelo 38 en la frontera entre la República Democrática de Corea (ubicada al norte), y Corea “a secas” (del sur). Dividida por rejas, vidrios blindados y miles de soldados en ambos bandos, la tensión militar se mezcla con cientos de turistas que se amontonan para tomar fotos, en una escena estética surreal que mezcla guerra y “selfie” en una sola captura.

La división de las Coreas lleva más de 70 años, tras la ocupación de los Estados Unidos del sur de la península; y de la URSS, al norte. Si bien la tutela norteamericana al gobierno de Seúl sigue en pie, los norcoreanos cambiaron su padrino político por China. Con el desmoronamiento de la URSS, el gobierno de Pyongyang encontró en el gigante asiático la protección de sus fronteras a cambio de garantizar las influencias de Pekín. Hoy, esa línea cartográfica imaginaria es separada por kilómetros de edificaciones, siendo una de las zonas geográficas más militarizadas del mundo, sin que se escuche un solo disparo.

Muros nucleares

India y Pakistán son potencias nucleares y comparten 2.900 kilómetros de línea fronteriza. Las tensiones entre ambos países han derivado en sucesivas guerras por el control territorial de Cachemira y de zonas en disputa en 1947, 1965 y 1971.

Las fricciones entre un Pakistán musulmán y una India secular, han hecho que sus gobiernos desarrollen armamento nuclear a espaldas de la comunidad internacional. Lo que paradójicamente provocó que ambos ejércitos depusieran las incursiones militares en territorios vecinos, ya que un paso en falso sería devastador para ambos Estados. Son concretamente 130 ojivas nucleares en posesión de Pakistán y 110 en India, suficientes para acabar con la totalidad de sus poblaciones civiles.

Nueva Delhi dispuso a comienzo de los 90s la edificación de fortificaciones, vallas de alambres y minas antipersona en la llamada “línea de control” que se extiende entre ambos países con más de 1.500 millones de habitantes en conjunto.

El muro que separa a los países ha marcado la vida de los ciudadanos. A pesar del horror de los números indicados, se desarrolla en la actualidad una asombrosa convocatoria popular para observar desde la comodidad de las gradas, un show belicista que ambos ejércitos ofrecen a centímetros de la frontera. Todo comienza al abrir los portones metálicos que separan la comunicación terrestre en la frontera. Una media docena de militares con trajes de gala caminan a pasos pronunciados, pisando firme el suelo y casi decididos a ingresar en territorio rival. Al llegar al límite de la frontera, giran en sentido contrario para formar filas e izar sus banderas a centímetros una de la otra. De fondo, miles de pakistaníes e indios vitorean a sus escuadras en un bullicio que fusiona algarabía y tragedia.

El muro de Gaza

Desde el año 2000 se han levantado en la Franja de Gaza controles fronterizos para restringir los desplazamientos palestinos en territorios israelíes. Situación que fue profundizada por el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, ferviente defensor de los asentamientos colonos en territorios disputados por ambas naciones.

La comunidad internacional ha manifestado su rechazo a la creación de facto, de un gueto palestino en Franja de Gaza. La ciudad amurallada posee 2 millones de habitantes y tiene serios problemas para la distribución de alimentos y suministros higiénicos.

Las organizaciones internacionales en el territorio se han limitado a gestionar el conflicto más que a resolverlo, ya que Israel no se apega a las resoluciones de Naciones Unidas para reconocer los derechos del pueblo palestino.

El gran muro de Calais

El último muro de la humanidad, construido hace apenas un año. Con un kilómetro de largo, cuatro de altura y un presupuesto de us$3 millones de dólares, el muro se encuentra entre Francia e Inglaterra. El muro de cemento y hierro fue financiado por Londres en territorio francés, para evitar las incursiones de migrantes desde el continente hacia la isla británica.

Los países se encuentran divididos por el Canal de la Mancha, una franja de 34 kilómetros de agua que separa al continente europeo del sector insular británico. Debajo de él, existen conexiones submarinas que unen a los países entre rieles de trenes y canales vehiculares. Son precisamente estos conductos donde miles de migrantes buscan violar el control civil de la zona para emigrar hacia Inglaterra, provocando que decenas acaben aplastados debajo de camiones pesados.

El muro búlgaro

El país más pobre de la Unión Europea también tiene su muro. Ha invertido en él unos €122 millones de euros para ampliar la valla fronteriza que lo separa con Turquía. Las autoridades de Sofía (capital de Bulgaria), decidieron poner un freno al flujo creciente de inmigrantes y refugiados de guerra provenientes de Siria, que atraviesan territorio turco para llegar a Europa.

La valla de espiral de púas posee 130 kilómetros de los 240km que cuenta la frontera búlgaro-turca, y el gobierno no descarta continuar la inversión metálica para completar el vallado de la totalidad de la frontera.

La inversión ya ha dado frutos. Dos iraquíes han sido encontrados muertos a causa de hipotermia tras intentar violar el vallado, y una mujer somalí ha corrido igual suerte en su intento por ingresar a Europa, quizás para continuar el avance hasta Austria o Alemania.

Muros y muros

Los muros no son todos iguales ni han sido edificados con propósitos homogéneos. Hay muros metálicos, de hormigón, de cuatro y cinco metros de altura. Algunos vienen acompañados de cientos de militares, de patrullas de frontera y otros de minas antipersona, para evitar que nada se filtre por sus barreras.

Hay muros históricos como el de Berlín, que separaron dos maneras radicales de pensar al mundo, en democracia y comunismo. También muros religiosos como los “muros de la paz” de Irlanda, para dividir católicos y protestantes. Y otros muros etnográficos, para separar árabes de israelíes. Sin embargo, el mundo se encuentra reeditando este viejo sistema físico de exclusión en torno a los muros de migración. Muros recientes en México, Calais, Melilla o Bulgaria, modifican sustancialmente las percepciones de inseguridad en las hipótesis de conflicto migratorio.

La construcción de muros en la historia de la humanidad ha tenido fundamentos geopolíticos, religiosos, etnográficos, etc. pero siempre construidos en base a un “enemigo” colectivo, que amenaza la identidad del territorio amurallado, o sus creencias, o su sistema político. La novedad del “nuevo enemigo” es su carácter individual, hombres, mujeres, niños, son personalizados como una masa poco controlable que amenaza las condiciones laborales al interior de las murallas.

Si bien los gobiernos se esfuerzan en adjudicar a las construcciones de barreras un fin multipropósito: contener al terrorismo, el narcotráfico o el crimen transnacional, la experiencia revela que los gigantes de hormigón no constituyen frenos para estas organizaciones que perfeccionan y actualizan sus métodos de penetración. Los muros están ahí para contener las migraciones groseras de familias desesperadas por la pobreza y de refugiados desplazados por los conflictos armados, que se mueven a pie o en barcazas rudimentarias con un sueño atrincherado lejos de sus hogares.

Muro antiinmigración atraviesa el mar, frontera de Estados Unidos con México

Estos grupos son amenazas demográficas para los gobiernos de Europa y Estados Unidos, pero son producto también de un modelo de producción capitalista que concentra la riqueza cada vez más en pocos Estados (y en pocas cabezas); y de un modelo de política internacional que desplaza la diplomacia y la cooperación al desarrollo, por cada vez más belicosidad militar y lucha por los recursos naturales estratégicos.

En la medida de que se “partidocratice” el malestar del estadio actual del capitalismo por la vía de la inmigración, el ascenso de las ultraderechas europeas y estadounidenses encontrarán el antídoto en las formaciones de hormigón. Muros que estrechen las fronteras como a las identidades nacionales que se buscan proteger. Pero a pesar de la fuerza de sus cimientos, los muros caen. Así lo demostró la historia, toda vez que las divisiones físicas dividieron a familias enteras o contuvieron la desesperanza. Los muros podrán ser a corto plazo una solución a los flujos migratorios, pero en la medida en que las familias migrantes dejen atrás hambre o guerra, nada las detendrá en apostar escalar hacia un presente mejor. No tienen nada que perder, porque todo ya está perdido.

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El ‘Programa Siria’ implementado por la Dirección Nacional de Migraciones desde octubre del año pasado facilita el ingreso al país de extranjeros afectados por el conflicto en el país árabe.

El Programa Especial de Visado Humanitario para Extranjeros Afectados por el Conflicto de la República Árabe Siria entró en vigencia en octubre de 2014 con la publicación en el Boletín Oficial de la disposición 3915/2015, y se extiende hasta el 21 de octubre del presente año.

Tiene por finalidad la de “dar una respuesta concreta a la grave crisis humanitaria” que afecta a ese estado por el conflicto armado iniciado hace más de cuatro años y que afecta a millones de refugiados, la mitad de los cuales son niños.

La iniciativa está destinada a personas de nacionalidad siria y sus familiares; y a personas de nacionalidad palestina, siempre que fueran residentes habituales o que hubieran residido en Siria y recibido asistencia por parte de la ONU.

Entre los requisitos solicitados, figuran tener un documento válido de viaje o ante la imposibilidad justificada de obtener esa documentación podrá recurrirse a la asistencia de Organismos Internacionales como la agencia del Acnur o del Comité Internacional de la Cruz Roja y un certificado de carencia de antecedentes penales del país de origen o residencia, en la medida en que sea posible, o ajustarse a los informes de Interpol u otros organismos de seguridad.

Los interesados pueden iniciar el trámite en forma gratuita a través de familiares o personas que “acrediten vínculo de parentesco o afectividad” con quiera ingresar al país, y los requisitos pueden consultarse al teléfono 4011-4317.
0303/0337 o por correo electrónico a (tramitacion.ingresos@migraciones.gov.ar).

Mediante el programa, los beneficiarios obtendrán una visa de ingreso al país que les permitirá gozar de una residencia temporaria por el término de dos años, prorrogable por un año más, que la habilita a la obtención de un DNI como residente temporario.

Luego de tres años de residencia en el país, las personas ingresadas pueden solicitar su residencia permanente bajo las condiciones que figuran en el artículo 22, inciso c) de la Ley Nº 25.871 y su decreto reglamentario.

La Dirección Nacional de Migraciones dependiente del Ministerio del Interior y Transporte está facultada por el artículo 34 de la ley 25.872 a permitir la entrada de extranjeros que no reúnan los requisitos normativos establecidos para su ingreso “cuando existan razones excepcionales de índole humanitaria, interés público o cumplimiento de compromisos adquiridos por la Argentina”.

[Telam]