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17 de abril de 2017

Rusia, los árabes y la energía nuclear

Por Hassan Elbahtimy*

Con el fin de convertirse en líder en el mercado de la energía nuclear, Rusia ha desarrollado una estrategia orientada a la exportación, en especial en Oriente Medio.  Para tener éxito, Moscú debe ser considerado un socio creíble y fiable a largo plazo. Esto dependerá tanto de la política como de la tecnología y la economía.

El panorama de la energía nuclear en el mundo árabe está cambiando rápidamente. Cada vez hay más demanda de materiales, tecnología y equipamiento para apoyar los ambiciosos planes civiles relacionados con esta energía. Un hecho interesante es que el renovado impulso a la tecnología nuclear ha puesto a la propia zona y a Rusia en caminos convergentes. Mientras que los Estados de la región están intentando encontrar socios para la energía nuclear, Rusia está en busca de clientes. Desde una perspectiva mundial, el país se está convirtiendo en un actor cada vez más prominente y ambicioso en un mercado de la energía nuclear que ha experimentado transformaciones. La demanda regional y el suministro ruso se han combinado para modelar el nuevo mercado en la región.

Durante años, los países árabes han acariciado ambiciosos planes de desarrollo de un sector nuclear civil. Estas ambiciones se remontan a principios de la década de los sesenta, cuando la producción nuclear y la desalinización estaban en auge en todo el mundo, y los Estados de la región, como Egipto, se planteaban seriamente invertir en el sector. Sin embargo, en los países árabes las aspiraciones y los planes no se tradujeron en logros sustanciales. Las restricciones financieras, la mala planificación y la inestabilidad del mercado nuclear dificultaron los avances en este sector. En su lugar, la inmensa mayoría de la región confió en las formas tradicionales de generación de energía, entre las cuales los combustibles fósiles ocupaban un lugar destacado.

Esta situación está a punto de cambiar. Los últimos años han puesto de manifiesto una reactivación de las iniciativas relacionadas con la energía nuclear que parece mucho más prometedora que los esfuerzos anteriores. Actualmente está en marcha la construcción del primer reactor nuclear de Emiratos Árabes Unidos (EAU). Cuando se termine a finales de año, será el primer país árabe en desarrollar capacidad de generación de energía nuclear. EAU no es el único país de la zona que está dedicando serios esfuerzos a disponer de este tipo de energía. Jordania ha firmado un contrato para un reactor que se prevé que entre en funcionamiento en 2025. Egipto ha reactivado sus propios proyectos y actualmente planifica la construcción de su primer reactor. Arabia Saudí también se está introduciendo en el mercado nuclear con un ambicioso plan para construir, de aquí a 2032, 16 reactores capaces de producir un total de 16 gigavatios de electricidad. Otros países no árabes de la zona se han embarcado asimismo en importantes planes nucleares. Irán tiene un reactor en funcionamiento en Bushehr desde 2011, lo cual lo ha convertido en el primer país de Oriente Medio en poner en marcha con éxito una central nuclear. Actualmente proyecta una expansión considerable de su capacidad de producción de energía nuclear a raíz del Plan de Acción Integral Conjunto acordado con el grupo E3+3 (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Alemania con la Unión Europea). Turquía va camino de construir su primer reactor nuclear, que se prevé que esté en funcionamiento en 2020, y tiene intención de seguir expandiéndolo.

Las razones por las cuales los países árabes toman cada vez más en consideración la opción nuclear son diversas. La rivalidad con Irán ha proporcionado los incentivos para igualar sus inversiones en tecnología nuclear, en especial en los países árabes de la región del Golfo. A esto se une que en el mundo árabe hay voces escépticas sobre las intenciones nucleares de Irán y, por tanto, no quieren que sus países se queden al margen del juego. Pero, aparte de las rivalidades regionales, la energía nuclear resulta atractiva para los Estados de la zona cuando éstos contemplan su estrategia energética en conjunto. Como se ha podido comprobar, este es el caso tanto de los países productores de petróleo como de los que no lo son. En países como Jordania, Egipto y Marruecos, con recursos de petróleo y de gas limitados, la energía nuclear puede satisfacer la creciente demanda de la industria y de los particulares. Por su parte, los países ricos en petróleo han empezado a darse cuenta de que su dependencia de éste no se puede prolongar indefinidamente. En este contexto, la energía nuclear corresponde a una estrategia más amplia de diversificación de las economías en previsión de un futuro en el que las reservas de petróleo se hayan agotado.

La capacidad de Rusia para penetrar y afianzarse en otras zonas y en nuevos mercados será crucial para su sector nuclear.

Para poner en práctica sus planes nucleares, los gobiernos árabes llevan tiempo buscando proveedores internacionales de tecnología, reglamentación idónea y posibilidades de formación. Esto último es particularmente importante dado que muchos de los países de la zona tienen una experiencia básica limitada en el terreno nuclear. Para el mercado internacional de esta energía, la región representa oportunidades lucrativas. En ella se encuentra el mayor número de países con programas nucleares puestos en marcha recientemente. El asegurarse contratos en la región puede traducirse en oportunidades de obtener beneficio. En consecuencia, a lo largo de los últimos años, el número de acuerdos internacionales de cooperación alcanzados con posibles proveedores no ha dejado de aumentar.

Cambios a nivel mundial

En una época en que los países árabes están estudiando sus opciones nucleares, el mercado mundial está experimentado transformaciones significativas. Durante mucho tiempo, las empresas occidentales y japonesas dominaron el sector, pero sus ventajas están menguando rápidamente, rodeadas por numerosos desafíos políticos, económicos, financieros, operacionales y normativos. Alemania es un ejemplo de este cambio. Hasta hace poco, el 16% de la electricidad alemana procedía de la energía nuclear. Recientemente, su gobierno decidió ir apagando gradualmente los reactores antes de 2022. El sector nuclear japonés está sumido en el caos desde el accidente de Fukushima Daishi en 2011. En Estados Unidos no se ha construido un reactor nuclear en casi 20 años. Incluso el sector nuclear francés, que cubre la mayor parte de las necesidades de electricidad del país, ha sufrido importantes reveses. Su proyecto estrella para construir un reactor nuclear en Finlandia está sufriendo retrasos considerables y sobrecostes.

En contraste con las dificultades a las que se enfrenta la energía nuclear en sus núcleos tradicionales, en otras partes del mundo está ganando terreno significativamente. India proyecta una importante expansión que situará el porcentaje de energía de origen nuclear en un 25% del total de su producción energética. China tiene previsto poner en marcha hasta 13 nuevos reactores nucleares en los próximos años. Rusia prevé duplicar su capacidad de generación de energía nuclear de aquí a 2030 y lograr que la contribución de ésta a su producción energética sea del 50% en 2050. Las fuerzas motoras del mercado mundial de la energía nuclear se están desplazando desde los centros tradicionales a otros nuevos. Rusia, China y, en menor medida, India están en primera línea de este importante desplazamiento en el mercado mundial. Los tres países están realizando grandes inversiones en sus infraestructuras nucleares nacionales, y sus industrias en expansión están desarrollando sofisticadas estrategias orientadas a la exportación y dirigidas sobre todo a los recién llegados al mundo nuclear. Este es en concreto el caso de Rusia.

La estrategia rusa

Durante mucho tiempo, Rusia ha tenido un peso importante en el mercado mundial de la energía nuclear. Recientemente, el gobierno ruso y Rosatom, la empresa nuclear nacional, han desarrollado una estrategia orientada en gran medida a la exportación, que aspira a incrementar significativamente la cuota del país en este mercado. Casi un tercio de los ingresos de Rosatom proceden de los contratos de exportación. De él, una parte sustancial la proporciona la venta al exterior de productos de uranio, que constituye un elemento clave del comercio nuclear ruso. En la actualidad, Rusia tiene planes enfocados a aumentar el número de contratos para reactores con el fin de que, en 2022, éstos representen el 40% de las exportaciones nucleares del país. Hoy en día hay 38 reactores nucleares en funcionamiento fuera de Rusia. Por razones históricas, la gran mayoría se encuentra en Europa del Este. Los reactores forman parte de la herencia soviética, o bien se han construido como resultado de los estrechos vínculos de Moscú con los países del Bloque del Este. La capacidad de Rusia para penetrar y afianzarse en otras zonas y en nuevos mercados será crucial para su sector nuclear.

Las oportunidades en Oriente Medio serán especialmente importantes si pretende llegar a ser el actor líder del mercado. En consecuencia, la región ha sido objetivo de continuos esfuerzos de promoción de la tecnología rusa. Rosatom se ha asegurado –o trata de asegurarse por todos los medios– contratos para reactores nucleares en Irán, Egipto, Jordania, Turquía y Arabia Saudí, y está buscando afanosamente oportunidades en Marruecos, Irak, Argelia y Emiratos Árabes Unidos. Si todas estas conversaciones se materializan en acuerdos comerciales, Rusia podría participar en la construcción de nada menos que 16 reactores en Oriente Medio.

Para los países de la zona, cooperar con Rusia para alcanzar sus metas nucleares tiene muchas ventajas. Dada la confusión y la incertidumbre en el mercado nuclear mundial, Rusia es, comparativamente, un socio comprometido y eficaz. A lo largo de la última década, su sector nuclear logró entregar satisfactoriamente nuevos reactores a China, India e Irán. Esto constituye un historial sólido, en particular en un momento en que es frecuente que otros proveedores no cumplan los plazos y excedan los costes de construcción. Además, la energía nuclear ha sido reconocida como un sector estratégico dentro de la economía rusa y goza de un firme apoyo por parte del gobierno que incluye el acceso a los fondos soberanos de inversión. Los líderes y los políticos rusos participan activamente en la promoción de las exportaciones nucleares, y la cooperación nuclear es un tema constante en las reuniones de Vladimir Putin con los líderes de los países aspirantes a disponer de este tipo de energía.

Rusia también posee una ventaja clara debido a que, además de construir reactores, puede ofrecer servicios relacionados con el ciclo del combustible. El país garantiza el abastecimiento de combustible nuclear durante el ciclo de vida de sus reactores, así como la manipulación y la eliminación de los residuos resultantes. A esto contribuye el alcance –considerable ya en este momento– de los servicios relacionados con el combustible ofrecidos por el país, que controla el 40% del mercado internacional de enriquecimiento de uranio y el 17% del de combustible. La capacidad de Rusia de proporcionar soluciones nucleares integradas que responden a ambos extremos del ciclo del combustible es especialmente atractiva para muchos recién llegados con experiencia limitada en el terreno nuclear o que no tienen la intención de crear grandes infraestructuras nucleares nacionales.

Los modelos de financiación

La innovación clave de Rusia y uno de sus principales atractivos es el desarrollo de diversos modelos financieros y de gestión que ayudan a eliminar algunos de los obstáculos con los que se topan los países recién llegados a la energía nuclear. Por ejemplo, Rusia concede créditos a largo plazo y a bajo interés, a pagar una vez que el reactor empiece a funcionar. Esto supone una importante contribución a la hora de compensar los elevados costes de capital asociados a la construcción de nuevos reactores. Los gobiernos jordano y egipcio se han sentido particularmente atraídos por las favorables condiciones crediticias ofrecidas por Rusia. Rosatom también ofrece un modelo por el cual la empresa construye, explota y tiene la propiedad de los reactores en los países aspirantes a la energía nuclear, y luego vende la electricidad a la red nacional a un precio garantizado. El mismo modelo se acordó con Turquía y Jordania, y actualmente están en conversaciones con Egipto. Estas innovaciones ponen la energía nuclear al alcance de países que, de otra manera, podrían echarse atrás ante los elevados costes y los desafíos técnicos que supone la construcción y la explotación de los reactores nucleares.

Estos factores hacen de Rusia un socio atractivo para muchos países árabes que están estudiando la posibilidad de desarrollar la tecnología nuclear. Sin embargo, hasta qué punto Rusia está en condiciones de capitalizar estas ventajas no depende solo de su capacidad para proveer de tecnología y servicios asequibles. La política también es importante, y la reciente participación militar rusa en el conflicto sirio ha tensado sus relaciones en la región y ha causado el descontento de muchos países árabes por el papel político ruso en la zona. Posiblemente, esto le complicará –y podría obstaculizar–el establecimiento de relaciones de colaboración duraderas en materia nuclear en la región. Así se vio claramente cuando la cooperación nuclear entre Rusia y Turquía quedó en punto muerto debido al deterioro de las relaciones entre ambos países a raíz de las diferencias políticas en Siria. Para que los esfuerzos de Rusia en materia nuclear en la región lleguen a buen puerto, es crucial que el país sea considerado un socio creíble y fiable a largo plazo, y esto dependerá tanto de la política como de la tecnología y la economía.

*Investigador postdoctoral en el Centre for Science and Security Studies. King’s College London. Reino Unido.

[Política Exterior]

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