Por Nabih Yussef

Como piezas de ajedrez que van cayendo una por una, los gobiernos del llamado “giro a la izquierda” van corriéndose del tablero político regional. Sin embargo el juego no acaba hasta que caiga el rey, el Gobierno de Nicolás Maduro.

Consolidada la transición pacífica en Argentina, con el presidente Mauricio Macri; el apurado desenlace de destitución de Dilma Rousseff en Brasil, deja acorralado y aislado al gobierno venezolano. El único aliado de peso que le quedaba en la región, ya no será más un impedimento para que el presidente argentino invoque la cláusula democrática del Tratado de Ushuaia y expulse a Venezuela del Mercosur.

Mientras tanto, al interior de Caracas, la oposición venezolana ya junta miles de firmas para activar un referéndum revocatorio que ponga fin a la administración de Maduro en el Palacio de Miraflores.

Lejos quedó la posibilidad de apelar a la solidaridad política internacional de los gobiernos de Ecuador y Bolivia para constituir una agenda alternativa para Sudamérica. Visiblemente debilitados por el deterioro de sus gestiones, Rafael Correa ha confirmado que no competirá para renovar su cargo; y Evo Morales encontró en la sociedad boliviana un rechazo a su iniciativa de reformar la Constitución para ser reelecto. Con los ojos puestos en ordenar su panorama doméstico, Correa y Morales buscarán revitalizar las alianzas políticas al interior de sus coaliciones de gobierno, intentando generar un sucesor que pueda trascender a dos partidos políticos débiles como son Alianza País y el MAS. Partidos que moldeados por el liderazgo de los dos presidentes, no parecen ofrecer un candidato nítido para ser proyectado.

Por otro lado, Chile y Uruguay se encuentran más preocupados en refugiarse de los impactos políticos de Brasil y Argentina. Tanto el Frente Amplio uruguayo como Nueva Mayoría chilena han sobrevolado bajo la tormenta intempestiva que azota la región, evitando en participar del debate público sobre el giro en la política exterior de Macri, como de la crisis presidencial en Brasil. Expectantes ante la dinámica de los sucesos en la región, no parecen ofrecer una respuesta creativa a la gobernanza regional y tampoco parecen interesados en realizar ese gasto político.

Mientras tanto, el Gobierno de Horacio Cartes en Paraguay, aún recuerda el desaire de Brasil al incorporar a Venezuela al Mercosur durante la suspensión del Estado paraguayo. El entonces Senado guaraní, fue la institución que impidió la incorporación de Venezuela al esquema del Mercosur al no ratificar el Protocolo de Adhesión de Venezuela del año 2006. Para los colorados, el expresidente venezolano presentaba actitudes antidemocráticas negativas para el organismo. Aquellos mismos colorados, hoy se encuentran en las principales filas del Gobierno de Cartes, que ve con buenos ojos un cambio en la región.

[quote]Lejos de la lectura prolífica de un militar como Chávez, el presidente Maduro no ha sabido anticiparse a una geopolítica que le pisa los talones. [/quote]

Finalmente Colombia y Perú esperan el jaque mate final. En Perú las elecciones al ballotage no traen sorpresas significativas. Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski, se han mostrado conformes con la mirada de Perú hacia Asia-Pacífico y la conformidad con el esquema de integración de la “Alianza Del Pacífico”.

[highlight]Colombia es el caso más emblemático. Es precisamente el alfil que más se beneficiaría de la caída del rey. [/highlight]El presidente Juan Manuel Santos, no esconde su enemistad con Maduro y los cruces políticos entre ambos mandatarios han generado tensiones políticas que en más de una ocasión, tuvieron que ser aplacadas por intervención de UNASUR.

Presidente Dilma Rousseff

Dilma Rousseff, presidente destituida de Brasil. Último aliado de peso de Venezuela en la región.

Fiel al desgaste de los gobiernos progresistas, la UNASUR posee micrófono sin altoparlantes. Visiblemente solo y sin acompañamiento, el Secretario General de la UNASUR, Ernesto Samper, ha responsabilizado a la oposición brasileña por “comprometer la estabilidad democrática de la región” destituyendo a un presidente que “no cometió un delito imputable”.

Distinto diagnóstico realiza la “Organización de los Estados Americanos” (OEA), al mostrarse permisiva con la crisis presidencial brasileña entendiendo que lo que sucedía en Brasil se trataba de un asunto de índole doméstico y de orden institucional.

Estados y organismos internacionales con peso en la región, se empiezan a mover como piezas de ajedrez ocupando todos los casilleros y dejando sin movilidad a Venezuela.

Lejos de la lectura prolífica de un militar como Chávez, el presidente Maduro no ha sabido anticiparse a una geopolítica que le pisa los talones. [highlight]La “Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América” (ALBA), ha aminorado su intensidad política, producto de la caída de los precios del petróleo venezolano y la imposibilidad de Caracas de alinear con su excedente económico el cordón de países caribeños que respaldaban políticamente a Venezuela.[/highlight] Lejos de aquella visión internacionalista delineada por el expresidente Chávez, Maduro aún presenta serias dificultades para garantizar siquiera los suministros básicos en comercios minoristas del país. El desabastecimiento y la recesión económica han derrumbado los índices de aprobación en la gestión del PSUV a niveles inéditos.

Progresivamente la región empieza a cambiar de gobiernos, con expresiones políticas que pese a su heterogeneidad, presentan trazos comparables: una clara voluntad política de incorporarse al sistema internacional para interceptar inversión externa garantizando certidumbre de negocios, un fuerte escepticismo en la denominada “cooperación sur-sur”, y finalmente, una preferencia por temas económico-comerciales por sobre los políticos-estratégicos. Las piezas ya están en sus posiciones, solo falta el ¡Jaque mate! y Maduro se quedará fuera de juego.

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