Por Said Chaya*

El pasado lunes 31 de octubre la Cámara de Diputados del Líbano se reunió para ungir al líder del Movimiento Patriótico Libre (MPL), Michel Aoun, como décimo tercer presidente desde la declaración de independencia en 1943. Es el primer presidente del Líbano con afiliación política desde 1989 y con 81 años recién cumplidos, el más anciano en ocupar el cargo.

Hasta la elección de Aoun, la presidencia libanesa había permanecido por dos años y medio vacante, el Jefe de Estado anterior terminó su período el 25 de mayo de 2014. Durante ese período, el primer ministro Tammam Salam ocupó provisoriamente la primera magistratura, aunque sin todas sus prerrogativas, no podía por ejemplo nombrar nuevos ministros. El Parlamento intentó reunirse en ese lapso 45 veces sin éxito, siendo boicoteado por diferentes sectores para evitar el quórum. En la última sesión número 46 fue posible realizar la elección. La Constitución establece que el presidente se elige por mayoría calificada, es decir, dos tercios de los votos sobre el total de los 128 diputados que integran la Legislatura unicameral. Si ningún candidato alcanza ese mínimo de votos, en las rondas posteriores solo es necesario lograr una mayoría absoluta, es decir, la mitad más uno del total de los diputados que forman parte del órgano. Aoun alcanzó la respetable cantidad de 83 afirmativos cuando, en la cuarta ronda, solo eran necesarios 65.

[highlight]Llamado en francés Le Général por sus adeptos, la carrera de Aoun hacia la primera magistratura no es nueva. Entre 1988-89, durante los últimos instantes de la guerra civil libanesa (1975-90), fue primer ministro en ejercicio de la presidencia, aunque su autoridad no era reconocida por todas las partes. [/highlight]Aoun renegó de la elección del presidente René Moawad en octubre y la de Elías Harawi en noviembre, siendo este último designado primer ministro tras el asesinato de Mowad a solo dos semanas de haber asumido. Con el auxilio del ejército sirio, fue derrotado militarmente por Harawi en 1990 y partió al exilio en Francia. Quince años después, regresa a Líbano como candidato a diputado y en 2006 deja a todos atónitos cuando anuncia el memorándum de entendimiento entre el MPL y Hezbolá, ubicado en las antípodas de su pensamiento. Juntos conformaron el polo más duro de la alianza “8 de Marzo” (8M). La agrupación chiita se convierte en el apoyo más firme de Aoun entre los musulmanes.

En 2009, Aoun se reconcilia con el Gobierno sirio, el antiguo rival que lo despojara de la primera magistratura, estrechando las manos del presidente Bashar Al-Assad. Cuando en febrero de 2014 se anota en la carrera presidencial, pocos analistas pensaron que llegaría por las resistencias que presentaba su figura. Sin embargo, fue avanzando lentamente mediante estratégicos acuerdos políticos. [highlight]En enero de 2016 convence a Samir Geagea, referente de Fuerzas Libanesas (FL), no solo a que deponga su candidatura presidencial, sino a que lo acompañe como aliado. [/highlight]Geagea era uno de los políticos más destacados de la alianza “14 de Marzo” (14M), enfrentada a la dupla Hezbolá-MPL.

El otro adalid del 14M es Saad Hariri, líder del Movimiento del Futuro (MF), indiscutible referencia entre los sunitas libaneses, con quien Aoun sella el 21 de octubre de 2016 un acuerdo que los analistas tildaban de imposible. Con los dos líderes de la bancada opositora jugando a su favor, Aoun tenía el camino allanado para la presidencia.

En el Líbano, los cargos políticos se distribuyen de manera confesional: los cristianos católicos de rito maronita se quedan con la presidencia, los musulmanes chiitas con la conducción de la Cámara de Diputados, y los musulmanes sunnitas con el liderazgo del Consejo de Ministros. Cristianos y musulmanes reciben, cada uno, la mitad de las bancas del parlamento y la mitad de las carteras ministeriales. El acuerdo con Hezbolá implicó la bendición del grupo chiita más importante en materia de organización y recursos. Hezbolá es, por otra parte, el único partido político libanés al cual, tras el fin de la guerra civil, se le permitió conservar su armamento, por entonces para enfrentar a Israel. Tiene por lo tanto, una fuerza que no solo radica en sus bancas parlamentarias. Muestra de ello es el importante rol que las tropas de ese partido juegan a favor del presidente Bashar Al-Assad en el territorio sirio. Con fuertes conexiones con Teherán, es considerado el representante de los intereses iraníes en la zona.

Tras el pacto con Geagea, Aoun pasó a tener el favor de las dos bancadas más numerosas entre los cristianos. Cuando se suma Hariri, obtiene además un candidato a primer ministro representativo del partido más popular entre los sunitas. Hariri posee el grueso de sus negocios en Arabia Saudita, él mismo nació allí, aunque de padres libaneses. El Gobierno de Riad fue uno de los principales sustentos económicos del MF. Cuando en enero de 2016 Arabia Saudita no pudo lograr el voto del Líbano para condenar la intromisión iraní en Medio Oriente ante la Liga Árabe, ni obtuvo el apoyo de Beirut en la categorización de Hezbolá como agrupación terrorista ante ese mismo foro, opta por enfocarse en el conflicto de Yemen y comienza una virtual “guerra”: no solo quita financiamiento al MF y al ministerio de Defensa libanés, sino que además promueve que sus ciudadanos no viajen al Líbano, permitiendo al mismo tiempo, que la justicia en ese país investigue a Hariri por irregularidades económicas. Ante la claudicación saudí, Irán tuvo el camino libre. Nabih Berri, presidente del Parlamento libanés, chiita opositor a Hezbolá y líder del partido AMAL, declaró que el consenso entre Aoun y Hariri es un paso más en los acuerdos entre Estados Unidos e Irán para la región.

Michel Aoun (izquierda) en rueda de prensa junto con Saad al-Hariri (derecha).

Michel Aoun (izquierda) en rueda de prensa junto con Saad al-Hariri (derecha).

Hay, empero, otra interpretación posible de los hechos. El respaldo de Hariri al candidato de Hezbolá podría estar vinculado no a la genuflexión ante los deseos iraníes, sino a la posibilidad de darle a Aoun una base de aprobación más amplia. El presidente electo, por tanto, no dependería enteramente de Teherán, y conservaría, por medio del apoyo que le brinda Hariri, el respaldo de Arabia Saudita. [highlight]Incluso el rey Salman bin Abdulaziz envió a uno de sus ministros a entrevistarse con Aoun poco antes de la jura presidencial. Tras la entrevista, el funcionario saudí, que acudió a Beirut en representación del Consejo de Cooperación del Golfo, se mostró sonriente ante las cámaras. [/highlight]De ese modo, Líbano sería preservado de las tensiones regionales a través de un acuerdo de tándem entre ambas potencias regionales.

[quote]Hezbolá es, por otra parte, el único partido político libanés al cual, tras el fin de la guerra civil, se le permitió conservar su armamento, por entonces para enfrentar a Israel. Tiene por lo tanto, una fuerza que no solo radica en sus bancas parlamentarias.[/quote]

Por otro lado, se puede afirmar que Aoun no ordenará el desarme de Hezbolá, ni cumplirá la promesa que, según dice Hariri, le realizó: sacar al Líbano del conflicto en Siria. En cambio, el presidente electo, en su discurso de jura, habla ambiguamente de mantener el país a salvo de los vaivenes regionales. ¿Implica obligar la salida de las tropas de Hezbolá de Siria? ¿O evitar las incursiones de agrupaciones islamistas radicales en el país, sosteniendo la presencia de Hezbolá? Es difícil de precisar.

El primer ministro Tammam Salam, cabeza renunciante de un gobierno de unidad nacional inmovilizado por los enfrentamientos, respira aliviado ante la proximidad de su reemplazo. En el período que ahora llega a su fin, Salam cuenta con un sinnúmero de crisis irresueltas, un país sin recolección de residuos, Hezbolá involucrado en el conflicto sirio, la llegada de más de un millón de refugiados desde el otro lado de la frontera, violentas manifestaciones populares en contra de los políticos durante 2015, entre otra decena de eventos delicados.

Saad Hariri tiene la misión de formar el próximo gobierno, que se proyecta que verá la luz en diciembre. Será nuevamente de unidad nacional, al menos hasta las elecciones legislativas previstas para junio de 2017. Hariri encara ahora la difícil tarea de generar acuerdos con todos los sectores. Debe primero, cerrar filas en la propia tropa, Ashraf Rifi, el intendente de Trípoli, la segunda ciudad más importante del país, se declaró “independiente” del MF y le disputa a Hariri la conducción del sunnismo político. Fouad Siniora, ex primer ministro y miembro del MF, se manifestó abiertamente ante los medios en contra del pacto que su referente partidario celebró con Aoun. A su vez, debe lidiar con AMAL, su antiguo aliado. Hezbolá anunció que intercederá, concediéndole a su rival en el campo chiita la mayoría de las bancas en el Consejo de ministros. Ya cuenta con el apoyo de prácticamente todo el arco cristiano: FL y MPL. Queda todavía la negociación con el Partido Kataeb, férreo opositor a Hezbolá.

[highlight]Un párrafo aparte merece el socialismo, liderado por Walid Jumblatt, referente de la minoría drusa, una corriente con raíces en el Islam, aunque se considera a sí misma una religión separada. [/highlight]Inescrupulosamente pragmático, aliado primero del 14M y luego del 8M, promovió en 2014 la candidatura presidencial de Henri Helou, para evitar que los diputados de su bloque, que cuentan con un estratégico número de bancas, voten a Geagea o a Aoun. Posteriormente, cuando estos pactaron, Jumblatt se alió a Berri y Hariri para apoyar a Sleiman Frangieh en oposición a Aoun. Con la salida de Hariri, la candidatura de Frangieh se cae. Finalmente, Jumblatt anuncia que una parte importante de su bloque iba a votar por Aoun. Se puede observar allí, una movida electoral: Jumblatt quiere seguir contando con votos cristianos, y evitar que el socialismo se convierta en un partido de facción reducido únicamente al apoyo druso.

Aoun con gran estrategia y enorme habilidad, ha logrado despejar el camino para convertirse en presidente. No obstante, tiene grandes desafíos por delante. La cuestión de los refugiados sirios, la marcada crisis económica, las presiones de Irán y Arabia Saudita, las pretensiones de Hezbolá, la crisis interna del liderazgo sunita en la que se apoya, el gabinete de unidad y una ley electoral que conforme a todos para las elecciones de 2017. Tareas nada fáciles que ahora le toca abordar en la soledad del palacio presidencial de Baabda, tras haber jurado sobre la Constitución Libanesa, defender la independencia nacional y la integridad territorial de la Nación.

*Analista internacional colaborador del CEIEP, ex Secretario General de la World Lebanese Cultural Union Youth e investigador del Instituto Rosarino de Estudios del Mundo Árabe e Islámico (UNR).