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22 de agosto de 2016

Las olimpiadas y la política: una fotografía de Rio 2016

Por Nabih Yussef

La húngara, Ibolya Csák se prepara a saltar. Debe mejorar la marca de un metro sesenta y dos para conseguir el oro, dar el batacazo y poner a Hungría primera en salto olímpico. El camarógrafo turco de televisión Melih Uzunyol prepara su cámara para filmar los eventos en el Centennial Olympic Park, mientras el pesista Yossef Romano regresa a la villa olímpica para descansar. El disparo de la pistola suena y John Carlos y Tommie Smith salen disparados a la pista de los 200 metros planos.

Ibolya Csák consigue atinar el salto y el público estalla en aplausos. En las butacas los oficiales nazis que aplauden no se imaginan que en los juegos olímpicos de 1936, una húngara de origen judío sería coronada con la medalla más importante.

Ibolya Csák junto con las deportistas de Gran Bretaña y la Alemania Nazi

Ibolya Csák junto con las deportistas de Gran Bretaña y la Alemania Nazi

El camarógrafo Melih Uzunyol cae al suelo, su corazón estalla y no puede escapar del atentado con bomba que realiza Eric Rudolph en las gradas del estadio olímpico. Bill Clinton por televisión hace un llamado enfático para que los juegos de Atlanta 96 sigan su curso mientras extreman las medidas de seguridad. Finalmente atrapan al terrorista cristiano Eric Rudolph. Su último atentado en una discoteca de lesbianas deja pistas para que los investigadores den con el prófugo en 2005.

El 4 de septiembre a las 23hs, Yossef Romano ingresa a la habitación número “3” con sus compañeros de la representación israelí en Munich 72. Casi cinco horas después, ingresa un comando de terroristas palestinos que hacen rehenes a la delegación para negociar con el gobierno de Israel. Romano toma un cuchillo y forcejea con unos de los terroristas para hacerse con su arma. Es acribillado por una ráfaga y descansa en el costado del piso mientras se desangra impotente.

John Carlos y Tommie Smith son finalmente medallistas olímpicos de México 68, bronce y oro respectivamente. Al subir al podio bajan sus cabezas y extienden envuelto en un guante negro, un puño cerrado en el cielo, símbolo del black power (poder negro), en señal de protesta por la discriminación de Washington hacia la comunidad negra.

Casos como estos se vienen a la memoria cuando el maratonista etíope Feyisa Lilesa conmociona a la prensa internacional en los juegos de Rio, tras declarar que en Etiopía le espera la muerte o al menos la cárcel. Medalla de plata tras atravesar la línea de los 42 kilómetros de la maratón, el deportista cruzó sus brazos en forma de “x” en solidaridad con la étnia Oromo y acusó en rueda de prensa al primer Ministro etíope, Meles Zenawi de asesinar a cientos de oromos por sus protestas antigubernamentales.

Las tierras de Oromía, con más de 350 mil kilómetros cuadrados, vienen siendo arrasadas por sus recursos naturales y la toma ilegal de terrenos, mientras miles de oromos se organizan en la capital Adís Abeba, para protestar contra el gobierno federal.

Feyisa Lilesa en la maratón de Rio2016

Feyisa Lilesa en la maratón de Rio2016

El deporte y la política

Aunque el lazo entre el deporte y política pueda parecer forzado, adquiere su razón cuando se incorpora un actor más al análisis de los juegos: los medios de comunicación. La prensa internacional con sus miradas puestas en la competencia, observa de reojo el comportamiento de un actor famoso en las escalinatas del estadio, en la limpieza (o no) de la ciudad organizadora, como también hace foco en cada gesto de los deportistas olímpicos. El resultado es la viralización e impacto mundial de lo que allí sucede.

La política en manos de sus políticos, hizo un esfuerzo por utilizar la plataforma de los medios y mostrar al mundo el potencial del país sede, su “apertura” hacia el mundo, o simplemente codearse con un atleta famoso con miras electorales.

Los gobiernos incluso han recelado de la participación de sus delegaciones olímpicas cuando por motivos geopolíticos reales o imaginarios, boicotearon los juegos en países con abierta enemistad. Así sucedió en Moscú 1980, cuando Estados Unidos y un grupo nutrido de países no asisten a la gala olímpica en reclamo por la invasión de la URSS a Afganistán. Como también en Los Ángeles 1984, donde esta vez Moscú organiza el boicot a los Estados Unidos.

Los juegos de Rio no escapan de la persistente relación entre la política y los juegos olímpicos, donde se aprovecha la mirada atenta del periodismo mundial para dar a conocer una expresión política, una denuncia, o un acto político extremista.

Los organizadores de las olimpíadas se han esforzado históricamente en convertir el evento en un símbolo de globalización armoniosa, la paz y el multiculturalismo. Sin embargo, en cada evento de los últimos 50 años, es posible advertir expresiones de que el mundo en que vivimos lejos de ser una casa común, es aún un sitio donde sobrevive la intolerancia religiosa, el extremismo político y la segregación racial.

Las declaraciones de Feyisa Lilesa en defensa del pueblo Oromo se dan en un contexto político y social donde se entrecruza la demanda del maratonista etíope en la cancha, con las protestas en las calles de Rio por la crisis política que atraviesa el país.

La inauguración de los juegos olímpicos quedó empañada cuando el presidente interino Michel Temer, pronunció las palabras de apertura del evento, y la muchedumbre estalló en abucheos hacia el mandatario. Desde el primer día, las calles de Rio se convirtieron en el espejo más representativo del estado social global, un mundo que en sus calles disfruta del deporte y su integración internacional; y otras calles donde se demanda el cumplimiento de los derechos humanos y civiles.

Manifestantes exhiben su repudio al gobierno interino de Temer en las gradas de los juegos olímpicos

Manifestantes exhiben su repudio al gobierno interino de Temer en las gradas de los juegos olímpicos

Rio fue la sede de la estructura del poder actual en el mundo, como también de los desafíos de época que aún permanecen irresueltos. Dejó en claro que el mundo sigue manteniendo un desequilibrio de poder, en favor de los Estados Unidos y sus empresas, arriba en el medallero olímpico y patrocinador de los atletas más importantes del evento. Mostró el ascenso lento y silencioso de China y el avance de los países del sudeste asiático. Evidenció la falta de Estado en India y la marginalidad internacional de Centroamérica. Rio trajo nuevamente al debate público la situación en África, donde permanecen prácticas de intolerancia religiosa y represión étnica, como también de Sudamérica, donde la desigualdad económica y la inestabilidad democrática siguen teniendo vigencia. Rio cerró sus puertas y Tokio 2020 será la próxima cita mundial del deporte, pero también una nueva foto donde se expresará la cruda paradoja de la alegría olímpica y la demanda política y social.

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

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