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Los muros que separan al mundo

6 de julio de 2017

Las migraciones de Haití

Por Kesner Jean-mary

Toda persona tiene derecho al trabajo, a su libre elección y a la protección contra el desempleo.[1] Así recepta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre el derecho al trabajo. Sin embargo, en la actualidad y a nivel global, asistimos a la caída de los índices de empleo, algo que afecta en particular a los países subdesarrollados.

Las naciones industrializadas se apropian a través del capital financiero, como de la injerencia político-militar directa, de recursos naturales estratégicos en los países subdesarrollados, afectando la capacidad de éstos para responder a sus demandas sociales. Un caso paradigmático de esta funcionalidad política es lo que sucede en Haití, que auspicia de caso gráfico sobre la problemática. Un país asediado por las catástrofes naturales y la inestabilidad política, es conducido por una interminable transición hacia una democracia que no llega. Diariamente, más haitianos se sienten defraudados por la incapacidad del Estado para garantizar condiciones dignas de vida, expulsándolos del país para buscar mejores oportunidades. Empero, ¿cuáles son las causas del flujo migratorio haitiano?, ¿quiénes migran del país? y más importante aún, ¿se puede revertir esta situación?

Las causas de la migración haitiana son diversas y evolucionaron conforme la situación socio-político y económica del país. A principios del siglo XX, la causa principal fue la ocupación norteamericana y sus consecuencias económicas.

La cuestión migratoria empieza a instalarse seriamente en Haití a partir de 1915, cuando inició la ocupación estadounidense en la isla española. Los norteamericanos impusieron una administración económica para los dos países de la isla. En la parte del oeste, en Haití, se instalaron plantaciones azucareras; mientras que en la parte este, de República Dominicana, se instalaron industrias. Las plantaciones azucareras en Haití trajeron como consecuencia la pérdida de los lotes de tierra de los cultivadores, el cierre de pymes y la obligación del llamado “trabajo penoso” o corvée, esto es: un trabajo sin remuneración salarial bajo el “consentimiento” del empleado.

Estos trabajadores cuasi esclavos, sin tierra y obligados al trabajo forzado, comenzaron a emigrar de Haití hacia la otra parte de la isla, a República Dominicana, mientras, otros cruzaban hacia Cuba. Flujos migratorios que se aceleraron con la crisis internacional de 1929.[2] Por otro lado, la migración de temporadas para la cosecha de caña de azúcar, terminó por consolidar en el exterior a miles de desplazados haitianos por fuera de la isla.

Entre 1930 y 1950, fue el turno de la clase estudiantil. Los estudiantes se sentían atraídos por el encanto de los países europeos y de Estados Unidos. Se trataba en su mayoría de clase media y media-alta, hijos de funcionarios públicos o empresarios, que deseaban ver a sus hijos estudiando en prestigiosas universidades extranjeras.

La migración se complejiza durante el mandato de Francois Duvalier, quien tras derrotar a Louis Déjoie en las elecciones de 1957, pone a toda la maquinaria del Estado contra los sectores empresariales del país, destruyendo empleo e intensificando las migraciones hacia Dominicana, Bahamas, Antillas Francesas, como también para América Central.

La migración haitiana, que en su comienzo creció a partir de los sectores más vulnerables, comienza a ampliarse a sectores urbanos, universitarios, e incluso al sector empresarial. Al que después se sumarán perseguidos políticos del régimen de Duvalier, transformado ya en dictador de Haití (posterior a su administración constitucional).

El desplazamiento masivo de la población haitiana afectó a todos los estratos sociales, y llamó la atención de la prensa internacional por los llamados “boat people”, barcazas rudimentarias de migrantes ilegales, escapando del desempleo y del hambre.

Durante los regímenes dictatoriales de la familia Duvalier (al cual se sumó su hijo), los perseguidos políticos se refugiaron en países latinoamericanos para recibir protección internacional, sumándose a los miles de profesionales haitianos en el extranjero. Para Richener Noel, “a mediados de los 60’s, el 80% de los profesionales haitianos estaban en el extranjero (…) A partir de 1970, había más médicos haitianos en Nueva York o Montreal que Haití.”[3]

La caída del régimen de Duvalier trajo consigo a una democracia débil, y el país se subsumió en una política de personalismos, de violencia política y rivalidad entre distintos bandos. Esto provocó que la democracia haitiana fuera muy volátil, con intervenciones prematuras de las Fuerzas Armadas. La falta de consensos políticos y la inseguridad urbana, desembocó en golpes de Estado constantes, y tristes récords de gobiernos políticos que se sucedían mutuamente en plazos abreviados.

En este contexto de deterioro institucional, de fuertes flujos migratorios y de intolerancia política, es que el terremoto vino a sepultarlo todo. La catástrofe del 2010, devastó la isla. El país se transformó en capital de las ONG’s internacionales de asistencia humanitaria, y los jóvenes haitianos con título universitario que quedaban, emigraron a otras zonas.

En la actualidad la situación es más grave, los jóvenes después de su secundario, no pueden asistir a una educación superior por falta de profesionales, y muy poco son los que pueden sostener sus estudios en el extranjero. Algunos han elegido Brasil, Chile, Ecuador y Argentina, con éxitos dispares.

La actual migración haitiana se presenta como estructuralmente irreversible. Los haitianos eligen vivir en el extranjero en cualquier condición, que quedar desesperados en sus tierras improductivas, afectadas por las inclemencias del cambio climático, los desastres naturales, y por una democracia incapaz de producir empleo.

Resulta de vital importancia para Puerto Príncipe (capital haitiana), una política a largo plazo, donde profesionales haitianos en el extranjero, puedan regresar al país para capacitar a las futuras generaciones. Para eso hace falta tomar consciencia colectiva de la situación acuciante en materia migratoria. Quizás aún haya tiempo.

[1] La Declaración Universal de Derechos Humanos, art.23.1.

[2] Corten, André “Política Migratoria y Relaciones Inter-estatales”, Flacso, 1989.

[3] NOEL, Richener “Migration et gouvernance urbaine : deux thématiques fondamentales et indissociables dans le cadre de la reconstruction de la ville de Port-au-Prince”, URD, 2012.

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

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