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29 de junio de 2016

La masacre de Orlando y sus consecuencias políticas

Por Camila Sierra*

Jason Benjamin Josaphat tenía 19 años. Se había graduado recientemente de la secundaria y había empezado sus clases en la Universidad de Valencia donde estudiaba Ciencias de la Computación. Amaba la fotografía. Jason llamó a su mamá desde la discoteca “Pulse” cuando empezó el tiroteo. Ella le dijo que se esconda en un baño. Allí murió.

Omar Mateen nació en Nueva York en 1986. Estaba en una lista de sospechados simpatizadores del ISIS y fue investigado por el FBI en 2013 y 2014 pero el caso fue cerrado. Dos años más tarde, sin antecedentes penales y con licencia para armas de fuego, pudo fácilmente comprar un rifle y una pistola que luego usaría para producir el tiroteo más sangriento de la historia de los Estados Unidos.

El fatídico domingo 12 de junio Omar Mateen entró a un boliche gay de Orlando y empezó a disparar con armas que legalmente había comprado días antes, pese a ser sospechado por el FBI por sus simpatías con el ISIS. La pesadilla que comenzó Mateen, nadie será capaz de terminar. Esa noche cambiaría algo más que la historia de tiroteos masivos de Estados Unidos. Esas horas cambiaron la vida de todas personas que sólo fueron a la discoteca gay “Pulse” a divertirse unas horas pero nunca pudieron volver. Incluso quienes salieron vivos no seguirán siendo los mismos.

Previo a su ataque, el tirador de Orlando llamó al 911 y juró lealtad al ISIS siguiendo un pseudoprotocolo propio de este grupo terrorista. Esto hizo considerar a los investigadores la posibilidad de que el ataque haya sido dirigido por el Estado Islámico. Pero la conexión previa de Mateen con el ISIS o su llamada previa al ataque, no significan que haya estado en contacto directo con los yihadistas o que el grupo lo haya instruido para llevar el ataque. “En nombre de” no es lo mismo que “por orden de” (inspirado o dirigido, respectivamente). El llamado al 911 muestra su simpatía por el Estado Islámico pero no prueba ningún tipo de contacto con él.

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Mir Seddique Mateen, padre del sujeto en cuestión, le dijo a la prensa estadounidense que las acciones de su hijo “no tenían nada que ver con la religión” y que su hijo se enojó cuando vio a dos hombres besarse en Miami meses atrás, explicando que lo que inspiró el ataque fue la homofobia de su hijo.

Por su parte, Barack Obama declaró “No hay pruebas que el ataque lo dirigiese el ISIS” pero sí aclaró que se está tratando como una investigación terrorista. Días después, calificó el ataque de Orlando como “extremismo autóctono” dada la ausencia de pruebas que lo vinculen con el Ejército Islámico. Pero esto no es relevante para el grupo terrorista, que de todas maneras se adjudicó el atentado como propio.

El Presidente de los Estados Unidos se reunió el jueves pasado en Orlando con familiares de las víctimas del tiroteo. Esta visita parece ser la única acción posible que le quede al mandatario frente a sus frustrados intentos de sancionar una legislación que limite el acceso a las armas, proyecto siempre frenado por el Partido Republicano. Después de depositar flores en un memorial, instó a aprobar esa prohibición obstruida por el Congreso, y expresó “Si no actuamos, seguiremos viendo masacres como esta porque decidiremos permitir que ocurran”. Al tiempo que se dirigió a las familias, “no están solos” y sentenció que el objetivo de Estados Unidos es destruir al Ejército Islámico.

Más allá del debate estéril sobre la autoría del tiroteo autoadjudicada por el ISIS, el debate certero gira en torno al acceso fácil a las armas en el país norteamericano. Debate histórico que divide aguas entre los estadounidenses, pero que con una tragedia de por medio, resurge en el debate público.

Números fríos

Actualmente, hay aproximadamente 300.000.000 de armas de fuego de propiedad civil. Eso significaría que cada ciudadano norteamericano tiene una, aunque en realidad esto no sea así, debido a que la mayoría de los dueños de armas tienen más de un arma de fuego en su poder. Estados Unidos es el país con la tasa más alta de propiedad de armas de civiles. En otras palabras, ninguna población civil está más poderosamente armada. Entonces, si cualquiera puede tener un arma en los Estados Unidos, ¿quién está seguro? ¿o todos lo estamos?

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En la defensa de la posesión legal de armas, está el fuerte lobby encabezado por la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Desde 1980, 44 Estados han aprobado leyes que permiten a los dueños de armas llevarlas fuera de sus casas por protección personal, sumado a los 5 Estados que tenían estas leyes antes de 1980.

En muchos Estados, para comprar un arma de un distribuidor autorizado se necesita un permiso y un entrenamiento previo de seguridad de armas de fuego. Aunque todos los Estados requieran estas disposiciones, no todo el que compra un arma tiene que tomar una clase, ya que el 40% de las armas compradas en Estados Unidos son vendidas por vendedores particulares (no autorizados) en los “gun shows”, eventos multitudinarios donde se venden cientos de armas. En todo el país, se desarrollan aproximadamente 5000 gun shows cada año.

El debate sobre la portación de armas

La discusión sobre el control de armas involucra a la Segunda Enmienda, la cual establece “el derecho del pueblo a tener y portar armas”. Estas pocas palabras inspiraron en el 2008, un fallo muy dividido de la Corte Suprema de los Estados Unidos (SCOTUS) dentro del caso District of Columbia vs. Heller donde la Corte estableció que su regulación para controlar el acceso a las armas de fuego era inconstitucional. Dos años después, en otro caso, la Corte extendió este fallo a todos los Estados.

Gun shows multitudinarios de Texas, en Estados Unidos

Gun shows multitudinarios de Texas, en Estados Unidos

En las últimas décadas, la idea de tener y portar armar ganó amplia aceptación y es entendida como un derecho fundamental para los americanos que no puede ser limitado. Quienes apoyan el control de armas argumentan que la respuesta a la violencia armada son menos armas. Sin embargo, gran parte de sus defensores entienden que la respuesta son más armas. Basan su postura en una cuestión de autodefensa y seguridad personal, pero cabría preguntarse si no existen suficientes pruebas que, lo último que otorga la posesión de armas, es seguridad. En el argumento de quienes defienden la posesión legal de armas, si alguna de las víctimas de Orlando hubiera llevado un arma, esto no hubiese pasado. Esta lógica de enfrentar la violencia con más violencia, permite concluir que es mejor una ciudadanía enteramente armada. Pero con ello poco queda de ciudadanía, en tanto sociedad civil.

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Históricamente la sociedad estadounidense ha entendido -en gran parte gracias a la Segunda Enmienda- que portar armas es un derecho, y no un problema. Hasta ahora, ningún tiroteo parece ser capaz de cambiar esa concepción.

Hoy, un ciudadano estadounidense lleva un arma con la misma naturalidad que lleva las llaves o el celular. Aquí reside el problema. Por un lado, la naturalidad con la que se convive con armas de fuego portadas por ciudadanos comunes no preparados para hacerlo, y al mismo tiempo, un Senado con mayoría republicana que no parece estar dispuesto a cambiar la situación. Esto tiene una explicación. Históricamente los cambios políticos o legislativos necesitaron de cambios socio-culturales. Mientras una pistola sea llevada con la misma naturalidad que una billetera, difícilmente algo pueda cambiar.

Mientras los tiroteos continúan ocurriendo, la pregunta por el control de armas no tarda en llegar, ¿Qué impide la promulgación de una legislación que controle el acceso de armas? La respuesta es clara: la voluntad política. El año pasado, el bloque de senadores del Partido Republicano frenó el proyecto de Barack Obama que preveía la prohibición de compra de armas a los individuos que estén en las listas de terroristas bajo vigilancia. Pero el proyecto siguió siendo proyecto. Mientras tanto, las víctimas de la violencia armada aumentan y ningún tiroteo, por más cruel que sea, parece ser capaz de torcer esa voluntad política que tanto daño produce.

Como con cada tiroteo nuevo, el presidente de los Estados Unidos vuelve a intentarlo presionando al Congreso para que lo apoye de una vez por todas. Obama volvió a la carga con su iniciativa en un discurso el pasado martes 14 de junio, “Ser duros con el terrorismo significa hacerle más difícil a la gente que quiere matar norteamericanos para poner sus manos en armas de asalto capaces de matar docenas de inocentes lo más rápido posible” enfatizó el mandatario. El Congreso aprobó en 1994 una prohibición en armas semi-automáticas como la que Mateen usó para matar a 49 personas. Pero la prohibición finalizó en 2004.

Se puede ser idealista y pensar en una prohibición general que rápidamente será descartada. Sin embargo hay otras alternativas tales como requerir antecedentes previos a la compra de armas, prohibir su venta para los sujetos que aparezcan en listas de personas bajo vigilancia, investigados por el FBI o que tengan órdenes de restricción por violencia doméstica, o simplemente obstaculizar la venta libre de ciertas armas, entre algunas ideas positivas para fiscalizar el (des)control de las armas.

Si bien la sanción de una legislación que controle la compra de armas no garantiza una solución definitiva, sería el inicio de importantes avances. Pues si bien no es posible eliminar el problema por completo -por supuesto- al menos deberían existir ideas innovadoras para restringir los problemas de los que derivan la actual política flexible de armas.

Impedir que cada estadounidense compre armas y que con ellas mate gente inocente es utópico, inalcanzable, pero con obstáculos asertivos, se evitarían más desastres como el de Orlando.

La tragedia de Orlando inspiró a los Senadores norteamericanos a debatir y votar por medidas para el control de armas. La ilusión duro muy poco porque de los cuatro proyectos presentados ninguno se aprobó. Tanto demócratas como republicanos presentaron iniciativas (dos cada uno), pero ninguno tuvo el apoyo bipartidista necesario para llegar a los 60 votos que se requieren para aprobarse.

Los proyectos en cuestión

La primera propuesta de los Republicanos consistía en actualizar el sistema de chequeo de antecedentes para la compra de armas. Hubiera requerido a los Estados agregar mayor información en materia de antecedentes de salud mental a una base de datos nacional. También preveía una alerta a las fuerzas de seguridad cuando alguien dentro de las listas de sujetos sospechados de terrorismo en los últimos cinco años compra un arma. La propuesta presentada por el Senador del por Iowa, Chuck Grassley, se votó 53-47.

Una segunda propuesta fue impulsada por el Senador Demócrata Murphy que regulaba expandir el sistema de chequeo de antecedentes en las compras de armas en gun shows y compras online. Esta última se votó 44-56.

Otra iniciativa, la tercera en cuestión, pretendía demorar la venta de armas a los individuos incluidos en la lista del gobierno de terroristas observados. La medida la impulsó el Senador del Partido Republicano por Texas, John Cornyn. Le hubiera permitido a un juez bloquear para siempre la compra si el tribunal determina que la persona está involucrada en actividad terrorista.

Finalmente la cuarta opción, también por un demócrata, fue pensada para prohibir todas las ventas de armas a todos aquellos presentes en las listas de terroristas observados, sin embargo también cayó 47-53.

La reacción de la Casa Blanca, a través de su Secretario de Prensa, no fue muy positiva. Josh Earnest se refirió en la prensa al rechazo de las cuatro medidas de control de armas diciendo “lo que vimos anoche en el Senado es una vergonzosa muestra de cobardía”. Al tiempo que prosiguió “continúan protegiendo una laguna legal que permite a los individuos sospechados de terrorismo comprar un arma”.

Debate en el Congreso norteamericano

Debate en el Congreso norteamericano

Por su parte, Hillary Clinton respondió al debate con una sola palabra, sentenciando “Enough” (suficiente, en inglés), seguido de una lista con todos los nombres de las víctimas del tiroteo de Orlando.

Más categórico fue Obama, que a través de su cuenta de Twitter dijo “el Senado le falló al pueblo americano”. Así sin medias tintas, descargó políticamente contra la cámara alta del Congreso.

La realidad se impone. Una masacre que deja 49 personas inocentes muertas, más el incontable número de víctimas de la violencia armada, parece no ser suficiente para crear un consenso bipartidista que prevenga estos sucesos. La palabra “acuerdo” como concepto inalienable de la democracia, se vio desfigurada por intereses sectarios y el lobby sin escrúpulos. Nada parece ser suficiente para crear un consenso bipartidista que prevenga estos sucesos.

Tragedia en campaña

Un hecho que sacude al mundo llega en plena campaña presidencial y los candidatos se pronuncian inmediatamente.

Donald Trump recurrió a través de su slogan “Make America Safe Again” a interpelar a los norteamericanos con sensación de inseguridad, luego del masivo tiroteo en Orlando.

Si bien su propuesta de veto a la entrada de musulmanes no hubiera impedido el ataque porque Omar Mateen era ciudadano estadounidense, el mismo día del tiroteo se felicitó a sí mismo porque aparentemente los hechos le daban la razón sobre el islam. De esta manera, para el candidato republicano, el islamismo radical fue esa noche a matar 49 personas. Olvidando la ciudadanía del asesino.

El ataque le dio a Trump la oportunidad perfecta para reafirmar su política (anti)migratoria. “No podemos seguir permitiendo que miles de personas lleguen a nuestro país, muchas de ellas con los mismos pensamientos salvajes”, declaró.

Además de polémicos, sus dichos traen contradicción, porque después de expresarse a favor de las armas durante la campaña presidencial -e incluso declarar que permitiría armas en las escuelas- ahora Trump intenta negociar con la Asociación Nacional del Rifle “una prohibición de compra de armas para quienes están en la lista que les impide subirse a un avión”, según anunció en su cuenta de Twitter el flamante republicano. Su iniciativa incluso va en contra de la postura sostenida por el propio partido republicano que históricamente se ha manifestado en contra de esta prohibición.

Por último, el candidato republicano en coincidencia con la NRA, dijo públicamente que la masacre podía haberse evitado si alguna de las víctimas hubiera tenido un arma. Para el magnate, la solución está en el problema.

Activistas gay a favor de la candidatura de Hillary Clinton

Activistas gay a favor de la candidatura de Hillary Clinton

Paradójicamente a las palabras de Trump, le salió al cruce el mismo Chris Cox, director ejecutivo del Instituto para la Acción Legislativa de la NRA (el lobby de la NRA), que dijo a la prensa “Nadie piensa que la gente debe ir a un boliche llevando armas de fuego. Eso desafía el sentido común. También desafía la ley”.

La manera en la que reaccionó Donald Trump tras el ataque en Orlando, contrasta con la de su competidora potencial en las elecciones generales. Hillary Clinton retoma los mismos planes que la Administración de Obama: el ataque al terrorismo islámico, controlar el acceso a las armas de la población civil y aceptar a inmigrantes legales independientemente de su religión.

En particular sobre el control en la compra de armas, la candidata demócrata sostiene una postura de más restricciones, manifestando “Las leyes de prevención de la violencia armada quizás no paren cada tiroteo o ataque terrorista pero van a salvar vidas”. Al tiempo que declaró “Si el FBI te está investigando por supuestos vínculos terroristas, no deberías poder comprar un arma sin ningún cuestionamiento”. Como triste y lapidaria reflexión, en los Estados Unidos, una persona que es investigada por vínculos con grupos terroristas si no posee antecedentes penales puede seguir comprando un arma como si fuera cualquier persona común. Así de simple, así de mal.

*Analista politico, especialista en Estados Unidos, investigadora del Consejo de Estudios Interdisciplinarios Económicos y Políticos (CEIEP).

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