MENU

Armas y terrorismo, el negocio del siglo XXI

¿Por qué en Rusia ven con buenos ojos un...

22 de abril de 2016

La figura del Refugiado y la crisis humanitaria en la Unión Europea

Julia Roudé*

La crisis de refugiados sirios se convirtió en uno los temas prioritarios de la agenda interna y externa de los países europeos en los últimos meses. Este no es un fenómeno nuevo, sino que es tan viejo como la historia misma de la humanidad. Cada movimiento poblacional tiene sus características propias resultantes de un complejo entramado de factores económicos, políticos, culturales y geográficos específicos que hacen única a esta problemática. En el caso sirio, éste se caracteriza por la masividad de personas que se vieron obligadas a desplazarse, y la complejidad del conflicto que abarca desde luchas entre facciones diversas en Medio Oriente, guerras civiles con intervención de potencias extranjeras que no hacen más que agudizarlas, radicalización de facciones religiosas, muertes masivas, endurecimiento legislativo de los países receptores que atenta contra los derechos de los refugiados, y medios de comunicación y partidos políticos xenófobos que tienden a mostrar al inmigrante como una amenaza frente a toda la sociedad. Si bien explicar todas estas cuestiones excede al objetivo de este artículo, tenerlas presentes ayuda a entender mínimamente la complejidad del mismo.

¿Quiénes son los refugiados?

La Convención de Refugiados de 1951 (mandato principal del ACNUR)  establece que un refugiado es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país”[1]. A diferencia de la figura del refugiado, los migrantes económicos son los que deciden mudarse con el fin de mejorar las perspectivas de futuro de sí mismos y sus familias.

¿De dónde vienen?

Según datos recientes de ACNUR provienen (en orden decreciente por número de refugiados) además de Siria, de Afganistán, Somalía, Sudán del Sur, Sudán, República Democrática del Congo, República Centro Africana, Myanmar, Eritrea e Irak, entre otros.[2] Precisamente en el caso sirio, a partir del inicio de la guerra civil a principios de 2011, 4,6 millones de personas se vieron obligadas a desplazarse a través de fronteras internacionales, y aproximadamente 6,5 millones lo hicieron dentro del mismo país.[3]

Los refugiados sirios sobrepasan los 4 millones de personas desplazadas

Los refugiados sirios sobrepasan los 4 millones de personas desplazadas

¿Por qué emigran?

En una primera etapa, el motivo principal por el cual emigraban era el conflicto bélico entre grupos rebeldes opositores al gobierno de Al Assad que se levantaron contra las fuerzas oficiales en reclamo por las pésimas condiciones económicas, sociales y de opresión que sufría el pueblo sirio. Más adelante la situación se complejizó con la aparición del grupo islámico radical de etnia sunita, conocido como ISIS o Daesh (acrónimo en árabe de “al-Dawla al-Islamiya fil Iraq wa al-Sham” o “Islamic State in Iraq and Syria”)[4] Este grupo terrorista nace como resistencia a la invasión estadounidense en la guerra en Irak en 2003. Desde 2013, que se consolidaron al constituir el “Califato Islámico” y hasta hoy, llevan a cabo una “guerra contra occidente” y “contra los infieles”, aquellos que se desvían de las leyes del Islam, intentando mantener su dominio sobre los territorios ganados en la región del Levante.

¿Adónde piden asilo?

Países que acogen refugiados (hasta mediados de 2015): Según datos de ACNUR, sólo una minoría de ellos se dirige hacia Europa (350.000). Los países de la región que están acogiendo a la gran mayoría de los refugiados sirios son Turquía (2,2 millones), el Líbano (1,1 millones), Jordania (633.000), Irak (245.000), y finalmente Egipto (128.000).

Europa frente a la crisis

Si bien se ha dicho que sólo una minoría del total de los refugiados se dirige hacia Europa, no deja de ser un factor “desestabilizador” para el continente, especialmente para los Estados miembros de la Unión Europea que comparten una frontera externa común en virtud del Tratado de Schengen (1985) y deben tratar de actuar concertadamente frente a esta crisis. El conjunto de medidas aplicadas fueron desde la asignación de cuotas de refugiados por cada Estado miembro; el cierre de fronteras en Austria, Eslovenia, Croacia, Serbia y Macedonia (los últimos dos no son parte de Schengen), obstaculizando la ruta de los Balcanes; y finalmente el reforzamiento de los controles fronterizos hasta el establecimiento de vallas y alambres de púa en las fronteras entre Hungría y Serbia. Estas últimas medidas fueron muy criticadas, especialmente por las ONGs de Derechos Humanos que velan por la protección de los derechos de los refugiados, quienes cuentan con oportunidades cada vez más reducidas para subsistir fuera de su país de origen. No obstante, cabe aclarar que en la práctica las respuestas por parte de esos países han sido muy heterogéneas. Por un lado, el gobierno alemán ha declarado desde un principio, la necesidad del tratamiento y abordaje comunitario del reparto y atención a los inmigrantes. Y por el otro, están aquellos países, como el Grupo Visegrado (República Checa, Eslovenia, Polonia y Hungría) y su “aliada” Austria, más proclives a impedir la entrada de los inmigrantes y refugiados a su territorio, tomando las medidas más drásticas frente a ello.

En su accionar más reciente, la UE ha decidido a firmar un acuerdo de readmisión de refugiados con Turquía, el cual fue puesto en marcha el 4 de abril de este año y cuyo objetivo es descomprimir la llegada masiva de refugiados a Europa mediante el mecanismo de retorno a Turquía. Este acuerdo implica 3 millones de euros para Ankara y la aceptación de considerar nuevamente su adhesión a la UE.

Frente a esta crisis, es claro que los mecanismos institucionales y administrativos de la Unión Europea están fallando y se ven desbordados frente a la obligación de cumplir con la normativa internacional sobre refugiados. Uno de los artículos de la edición de abril de “Le Monde Diplomatique”, habla de “Una nueva cortina de hierro en Europa” haciendo analogía con la división este-oeste que padeció Europa durante el período de Guerra Fría, y que actualmente parece volver a materializarse de diversas formas como consecuencia de esta crisis.

Por su parte, la UE tiene grandes desafíos a nivel comunitario. Deberá replantearse discusiones que quizá se creyeron cerradas: la identidad común europea, los alcances del derecho supranacional, la política migratoria y alcance efectivo de Schengen, nuevas políticas de inclusión social y reducción de la pobreza, además de un acuerdo común de seguridad en el espacio de la UE, todo ello en un marco de crisis del euro de la cual muchos no logran recuperarse. Jean Claude Juncker, el presidente de la Comisión europea expresó en su discurso al Parlamento Europeo, el 9 de septiembre pasado, Falta más Europa en la Unión y más unión en la UE.”[5]. El tiempo dirá si Juncker logra que esa frase pierda o no vigencia.

[1] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, “En busca de la seguridad” http://www.acnur.org/t3/a-quien-ayuda/refugiados/

[2] Mid-Year Trends 2015 http://www.unhcr.org/56701b969.html

[3] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, “Vías para la admisión de los refugiados sirios” http://www.acnur.org/t3/que-hace/respuesta-a-emergencias/vias-para-la-admision-de-los-refugiados-sirios/

[4] BBC, 2015, “Isis, Isil, IS or Daesh? One group, many names” http://www.bbc.com/news/world-middle-east-27994277

[5] Salvador Llaudes, Real Instituto Elcano, 2015, “Juncker, el #SOTEU y un año de mandato” http://www.blog.rielcano.org/juncker-soteu-ano-mandato/

*Investigadora colaboradora del Consejo de Estudios Interdisciplinarios Económicos y Políticos

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

Tags: , ,