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Golpe constitucional a la democracia brasileña

Reacciones frente a la destitución de Dilma Roussef

7 de septiembre de 2016

La destitución de Dilma Rousseff y su impacto regional

Por Caren Camiscia

Todo cambio tectónico repercute en los alrededores geográficos. El movimiento de una placa genera determinadas reacciones en las otras por encontrarse en constante interacción, del mismo modo, que una crisis política en un Estado, moviliza su región y como las placas, genera reacciones que modifican el tablero político.

La “resolución” de la crisis política en Brasil, que llevó a la destitución de la presidenta electa Dilma Rousseff, ha generado tensión en la región a partir de los posicionamientos encontrados que fueron tomando los distintos actores estatales.

A fin de orientar el análisis sobre el impacto que genera este hecho, se considera que existen tres aristas nodales que deben tenerse presente.

En primer lugar las implicancias sobre la democracia. El proceso que comenzó en Brasil hace unos meses mediante el cual se suspendía de su cargo a la presidenta, concluyó luego del plazo  previsto con su destitución, consagrando así la desestabilización.

La democracia es como un hilo invisible que va hilvanado la región, pero que no es imperecedero. Lo sucedido en Brasil, ha hecho que la democracia se haya convertido en algo frágil, endeble, con pocos cimientos, en un concepto flexible, acotado y manipulable.

En momentos de crisis institucionales como este, se vuelve indispensable el apoyo regional y el trabajo mancomunado de los organismos multilaterales regionales en defensa de una democracia más sólida y profunda, a fin de evitar que sea víctima de los avatares particulares e individuales.

En segundo lugar vale analizar el debate desatado a partir del repudio o el apoyo que recibieron la seguidilla de acontecimientos sucedidos en Brasil, los cuales generaron una fuerte tensión regional que impulsó a los Estados y organismos regionales a tomar una postura al respecto.

La Unasur -comunicado mediante-  sostuvo que lo que aconteció en Brasil “genera preocupación y tiene implicaciones regionales cuyo examen justifica una reunión extraordinaria de cancilleres.” Al final del comunicado emitido por el organismo se sostiene que los sucesos “suponen un serio riesgo para la estabilidad de nuestra región y constituyen un grave retroceso en la consolidación de la democracia (…)”

En igual sintonía, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un comunicado donde expresa su preocupación ante la destitución de Dilma Rousseff “(…) a través de un juicio político sobre el cual se han planteado cuestionamientos respecto a las garantías del debido proceso”, temiendo también por la democracia brasileña.

De esta manera, uno a uno los países de la región fueron emitiendo sus posicionamientos sobre lo acontecido. Tanto Venezuela como Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua rechazaron abiertamente la destitución de Dilma Rousseff.

La democracia es como un hilo invisible que va hilvanado la región, pero que no es imperecedero.

Venezuela por otra parte, decidió el retiro de su embajador en Brasil y la paralización de las relaciones tanto diplomáticas como políticas. Nicolás Maduro señaló que la separación del cargo de Rousseff fue consumada con “artimañas antijurídicas bajo el formato de crimen sin responsabilidad para acceder al poder por la única vía que les es posible: el fraude y la inmoralidad”.

En esta misma línea el presidente ecuatoriano Rafael Correa sostuvo que la destitución es una “apología al abuso y la traición” y llamará a consultas a quien se encuentra como Encargado de Negocios de su embajada en Brasil.

En cuanto a Bolivia, el presidente condenó “el golpe parlamentario contra la democracia brasileña”, convocando también a su embajador en Brasil, aunque a diferencia de Venezuela, sin romper relaciones diplomáticas estables.

Cuba rechazó la remoción de Dilma Rousseff y mediante una declaración de Ministerio de Relaciones Exteriores de la isla se considera que “este golpe contra la democracia brasileña forma parte de la contraofensiva reaccionaria de la oligarquía y el imperialismo contra la integración latinoamericana y los procesos progresistas de la región”.

Finalmente, la postura del gobierno de Nicaragua fue la de condenar lo acontecido en Brasil como un “golpe de Estado parlamentario”, el cual marca un regreso al paquete de políticas neoliberales.

Las declaraciones de esos países fueron las de mayor rechazo, y a partir de aquí es donde la brecha en la región empieza a verse más marcada.

Chile ha sido moderado y ha expresado su “preocupación” pero a la vez sostiene no se entrometerá en la decisión. En Colombia, se ha usado una retórica similar al sostener que se “confía en la preservación de la institucionalidad democrática y la estabilidad”. Lo mismo sucede con Paraguay, que mediante su canciller se manifiestó en respeto a “las decisiones institucionales” de Brasil. Las tres naciones basan sus posturas a partir del principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados

La respuesta del gobierno de Argentina no ha sido disonante con las anteriores ya que el comunicado emanado del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto sostiene que se “respeta el proceso institucional en el hermano país” y que “el Gobierno Argentino continuará dialogando con las autoridades constituidas a fin de seguir avanzando con el proceso de integración bilateral y regional.”

Los Estados Unidos, coronan esta posición, afirmando a través el portavoz del Departamento de Estado,  que la destitución se mantuvo dentro de marcos constitucionales, por lo que dijo respetar la decisión del Senado y prometió trabajar con el nuevo mandatario.

El tercer nudo a analizar es el comienzo de un nuevo giro ideológico en América Latina que se inclina hacia la derecha. Desde que Michel Temer se encuentra a la cabeza del ejecutivo brasileño, ya no se enarbolan las banderas del Estado fuerte, del desarrollo autónomo ni de la inclusión, sino que está en marcha un cambio político y económico, acompañado de recetas neoliberales, que modifica el equilibrio regional y genera cambios en las relaciones interestatales.

En estos reacomodamientos existen acompañamientos entre Brasil y Argentina que posiblemente se plasmarán en el estrechamiento de lazos con Estados Unidos, acercando sus agendas en diferentes temáticas, lo cual generaría una mayor tensión con los países que aún mantienen “su giro a la izquierda”.

La destitución de Dilma Rousseff ensancha la grieta en América Latina e impactará, como un movimiento de placas tectónicas, sobre la economía, la política y las sociedades del resto de los estados que integran la región.

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