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¡Es la democracia, estúpido!

Brasil: modelos de desarrollo y cambio estructural

13 de septiembre de 2016

Abal Medina: “Estamos frente a un conjunto de dirigentes que piensan en clave liberal”

Por Nabih Yussef

Senador nacional y ex Jefe de Gabinete de ministros, Juan Abal Medina conversa con el equipo de CEIEP sobre el retroceso de los gobiernos de centro-izquierda en la región y la crisis institucional en Brasil. Politólogo de profesión y político de oficio, se permite entrar y salir del análisis de la coyuntura actual como actor y expectador al mismo tiempo, y se anima a dar definiciones sobre los tabúes de la centro-izquierda: financiamiento de los partidos políticos y las relaciones bilaterales con Estados Unidos.

-Parecemos asistir en la región a un retroceso de los gobiernos del llamado “giro a la izquierda” ¿por qué sucede esto?

-Yo creo que tiene que ver con tres cuestiones. Primero, la cuestión de los equilibrios macroeconómicos. Las experiencias de centro-izquierda lograron políticas públicas que generaron mayores niveles de igualdad social y de inclusión, pero no pudieron manejar con cuidado los equilibrios macroeconómicos. No casualmente los países que mejor se mantienen, por ejemplo Bolivia, Uruguay y Ecuador con sus particularidades, han sido los que pusieron mayor atención a esta temática, tradicionalmente poco “preocupable” para los partidos del progresismo. Hubo una sobreactuación de la voluntad política, creyendo que sólo “voluntad política”, podría transformar incluso los equilibrios macroeconómicos, pero todos los países tuvieron estos problemas. El caso de Venezuela es el más problemático. Un segundo problema ha sido la personalización. Todas nuestras experiencias no han podido superar la típica tendencia a la personalización de la política y de los liderazgos en las construcciones alternativas de América Latina. Los problemas de la sucesión han sido evidentes, Argentina; Brasil, con Lula y Dilma; Venezuela y también ahora Bolivia. Hemos tenido problemas en traducir en instituciones estas construcciones políticas; y a mayor personalización, menor institucionalidad. Otra consecuencia negativa de la cual podremos aprender. Finalmente el empoderamiento social que no es lo mismo que el empoderamiento que sí pudimos hacer de nuestros Estados. Esto es muy notorio en el caso argentino. El empoderamiento estatal no ha sido acompañado con empoderamiento de los sindicatos. Nuestro gobierno termina con una relación muy compleja con los trabajadores y con cinco centrales sindicales dispersas.

-En Brasil se vive una crisis institucional compleja que puede amenazar a la región, sin embargo Argentina desde Cancillería, buscó bajarle el tono a la destitución de Dilma…

-Es complicado. Si bien es cierto que la herramienta [del juicio político] está en la Constitución y que el problema político fue resuelto desde la legalidad institucional, en términos de legitimidad, es un instrumento tomado de otro lugar, como hacer un gol con la mano en fútbol, está bien en handball, pero no en fútbol. Acá ocurre algo similar. Es una institución más bien pensada para el parlamentarismo, en el cual cuando un Jefe de Gobierno pierde el apoyo de la asamblea lo cambia. Pero en un sistema presidencial, hay rigidez en los mandatos y separación de los poderes. Entiendo la posición de la Argentina, porque en las relaciones internacionales tenemos que ser muy cuidadosos especialmente con un país como Brasil que es importante para nosotros. Pero hay que señalar que hace poco tiempo separamos por algo similar a Paraguay del Mercosur. Entonces, ¿uno porque es grande hace una cosa y el otro porque es chico no se lo permitimos? Esta contradicción nos tiene que llevar a pensar que hay que ser más sólidos en la construcción regional y a llamar la atención de acciones que podrán ser legales pero condiciona la legitimidad democrática en los Estados.

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-Ud. dice que hay que ser cuidadosos con las relaciones internacionales, sin embargo el presidente durante la campaña buscó aplicar las llamadas cláusulas democráticas a Venezuela y expulsarla del sistema regional. ¿Ahí faltó cuidado?

-(risas), cuando asumió [la Canciller] Malcorra, que algo de esto sabe, no dejó correr esta idea.

-Los gobiernos de izquierda han tenido como tabú la relación bilateral con Estados Unidos, siempre marcada por dicotomías. En manifestaciones políticas de los movimientos sociales, sea cual fuere el motivo, uno encuentra alguna alusión negativa a los Estados Unidos, ¿se puede lograr desde la centro-izquierda una relación inteligente con Washington?

-Con los Estados Unidos se pueden hacer muchas cosas, pero no conviene hacer dos que son más recurrentes: endiosarlo o endemoniarlo. Ni son el demonio del mundo, ni el faro rector de toda la política mundial. Los países que tienen discusiones maduras pueden identificar los “intereses e intereses” (sic) y entender que para nada son homogéneos, sino que hay una enorme diversidad y desde Argentina, poder hacerlo con más lógica y con menos “blancos y negros” como lo hicimos en la última etapa.

-¿Qué lugar ocupó el financiamiento de los partidos políticos de la región?, ¿cómo se transparenta el financiamiento de la política?

-¡Con decisión política, no hay magias! En su momento cuando hicimos la última reforma electoral, abordamos el tema de la publicidad audiovisual, que era el mayor espacio oscuro en gasto en política y la estatizamos. Con el tema del financiamiento, si no se toman decisiones fuertes el problema no se va a arreglar nunca. Siempre es más fácil arreglarlo por el lado de la demanda que de la oferta, porque la oferta va a ser siempre permanente: ¿quién no quiere tener más minutos de televisión en la tele o más afiches en las calles? Hay que trabajar la demanda, sino tapamos un parche que después se escapa por otro lado. Hay que pensar qué hacemos con la gráfica, qué hacemos con internet y ver qué hacemos con el financiamiento no sólo de las campañas electorales sino con la actividad permanente de los partidos.

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-Es evidente que la región está cambiando de página. Se discute mucho si “volvemos a los 90s” y al neoliberalismo. Sin embargo los mismos neoliberales tuvieron de prefijo “neo” porque eran diferentes a los liberales de antaño, porque añadían nuevos componentes. Entonces ¿frente a qué estamos?

-Estamos frente a un conjunto de dirigentes que piensan en clave liberal, sobre todo en Argentina. Creen que el mundo funciona como ellos piensan que debería funcionar, que los problemas de la Argentina tienen que ver con tres o cuatro medidas malas hechas por el gobierno anterior, entonces bastaba sacarlas, para que la economía explotara y llovieran inversiones en el segundo semestre. Esa mirada ingenua y muy liberal de la realidad económica, de las “aperturas” y la “desregulación”, les hizo creer que haciendo eso, todo el mundo iría para ese lado, pero el mundo actual es mucho más complejo. Esas políticas siempre tuvieron consecuencias nefastas para los intereses que nosotros representamos, pero en otro momento histórico podían “viajar”: en los 90’s íbamos con el mundo. Ahora, en un mundo donde los británicos votan separarse de la Unión Europea, donde [Donald] Trump puede ganar -espero que no- en los Estados Unidos, la ingenuidad de creer que con eso basta para hacer política económica para cuarenta millones de personas creo que es peligrosa.

-Si no hay “lluvia de inversiones”….. ¿Guardamos el paragua?

-Lo podemos ir guardando (ríe).

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