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7 de junio de 2017

El Rediseño de la política exterior japonesa

Por Vicente Teruggi* y Gonzalo Salimena**

En las últimas semanas hemos asistido en el escenario global a un cambio drástico en materia de política exterior, que parece tener como principales protagonistas a las intervenciones militares de los Estados Unidos en Medio Oriente, principalmente en Siria y Afganistán, y por otro lado, a la región asiática, donde Corea del Norte continúa representando una amenaza latente a un frágil equilibrio de poder regional.

¿Cuáles son los rasgos principales de la política exterior de Trump en los primeros meses de su administración? Hay una visión bastante generalizada que se sustenta en la falta de doctrina y de visión estratégica en materia de política exterior. Sin embargo, pese a ello podemos hacer mención a una serie de rangos distintivos. El uso del instrumento militar en Siria, Corea y Afganistán, nos remite a una posible ratificación del liderazgo de la administración de Trump en política exterior, lo cual puede ser entendido en un contexto donde las promesas en política interna están siendo socavadas por el Congreso y la Justicia.

Los cambios en la conducción del Consejo de Seguridad Nacional también manifestaron un impacto a nivel doméstico en el manejo de la política exterior y de la defensa, ya que este es un vector central en la política exterior de Estados Unidos, incluso llega a tener mayor influencia que Departamento de Estado. El apartamiento de Steve Bannon y la llegada de McMaster dieron un acercamiento más realista a la agenda de seguridad global. Otro rasgo es el unilateralismo. Esta fisonomía que parece tomar la administración de Trump, iría en contra de la empleada por Barack Obama donde se pregonaba mayores acuerdos estratégicos y un multilateralismo más activo.

En este escenario global turbulento y conflictivo, con crecientes actos unilaterales y de utilización del instrumento militar, Japón puede jugar un rol estratégico en la región asiática, revalidando su status de socio principal de Estados Unidos para la región.

La agenda japonesa de interés en materia de política exterior, está atravesada por dos pilares centrales que detallaremos a continuación. El primero de ellos es la República Popular China que representa un gran interrogante para los analistas japoneses que ven crecer todos sus índices económicos, sociales, demográficos y el más importante: su presupuesto militar, el cual se ha incrementado de manera sostenida por más de 10% en los últimos 5 años.

Japón tiene gran preocupación por las acciones unilaterales que cambiarían el statu quo en la región del mar del sur de China, con respecto a la recuperación a gran escalada y la construcción de puestos militares en islotes del mar del sur. En este sentido, el primer ministro japonés Shinzo Abe propuso en el marco de la conferencia Asian Security Summit ¨Shangri-La Dialogue¨ (Mayo de 2014), los principios que basarían su política respecto a esa cuestión: los Estados formularán y aclararán sus alegaciones basándose en el derecho internacional, los Estados no deben usar la fuerza o coerción para tratar de solucionar las diferencias y los mismos deberán resolver las controversias por medios pacíficos.

En la misma conferencia, el primer ministro japonés propuso asistencia directa a los países de la ASEAN para la salvaguarda de los mares, asistencia basada en cooperación tecnológica, equipamiento e infraestructura.

Japón sigue de cerca no solo las disputas por el mar del sur de China, sino también la disputa por las del este de China, conocidas como las Islas Senkaku. El archipiélago administrado por Japón, es reclamado por la República Popular China y por Taiwán. Su posición es altamente estratégica y el beneficiario de su soberanía tendría el derecho de la explotación de sus recursos naturales en las aguas circundantes. La delicada situación de esta cuestión, es que dicho archipiélago se encuentra dentro del tratado de seguridad que tiene Estados Unidos con Japón, lo cual significa que la defensa del archipiélago podría obligar al apoyo militar de Estados Unidos.

Por el contrario, la República Popular China no ha dejado de tener una presencia activa en la zona circundante a las Islas Senkaku. En los últimos años se ha incrementado las intromisiones militares en aguas circundantes, tensando la relación bilateral al extremo.

El segundo pilar de la política exterior japonesa para la región es Corea del Norte. La administración japonesa sigue de cerca los ensayos militares, pero en especial los nucleares llevados a cabo en el último tiempo, lo que puede producir un verdadero quiebre geopolítico en la región. En este sentido, se puede ver que Corea del Norte consolidó su base de poder y continuó provocando a la comunidad internacional. Para todo esto Japón decidió mejorar los acuerdos de cooperación en materia de seguridad en la región con Corea del Sur y Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, Japón está tratando de resolver de manera integral y por la vía pacífica las cuestiones pendientes, como son las militares (nucleares y convencionales), y también los secuestros llevados a cabo por ciudadanos norcoreanos. En este escenario cambiante desde el punto de vista del orden internacional, Japón decidió reconfigurar su política exterior para la región, empleando nuevos paradigmas enfocados a una de las regiones más dinámicas del planeta, como es el sudeste asiático.

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La nueva estrategia en materia de política exterior japonesa se basa en tener una relación libre, abierta y fructífera en la zona denominada Indo-Pacifico. Una especie de simbiosis entre países del sur de Asia, Medio Oriente y África. En referencia a los países del sudeste asiático, estos han aumentado su nivel de responsabilidad y liderazgo en el contexto global, y fortalecido los valores democráticos, el Estado de derecho y la economía de mercado.

Por otro lado, los países de África son vistos con potencial interés por el comercio libre y abierto que han manifestado en los últimos años. En este sentido, Japón decidió ampliar el desarrollo de infraestructura, el comercio y la inversión, que mejorará el entorno empresarial y el desarrollo humano desde Asia oriental como punto de partida, hacia Oriente Medio y África.

A modo de conclusión, el rediseño de la política exterior japonesa nos invita a pensar qué rol ocuparemos en la agenda de cooperación, inversión y desarrollo propuesta por el país de oriente. Japón como jugador de peso en el escenario internacional puede aportar estabilidad, paz y seguridad a la región asiática, como así también desarrollo en materia de cooperación e inversiones para el resto de los países de nuestra región. En este contexto, el aporte japonés al sistema internacional puede ser sustancial y proactivo para el crecimiento, desarrollo y fortalecimiento de valores comunes como la democracia, la libertad, el Estado de derecho y la paz mundial.

*Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UCALP), maestrando de la Maestría de Relaciones Internacionales (IRI-UNLP). Asesor del Congreso de la Nación y colaborador del CEIEP.

**Licenciado en Relaciones Internacionales (USAL), Profesor visitante de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y de la Universidad de Camilo José Cela (UCJC), . Asesor Parlamentario de la Presidencia Provisional del Senado de La Nación.

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