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5 de julio de 2016

Integración: un giro en América Latina

Por Caren Camiscia

Imaginemos que la política es como un péndulo, que se encuentra suspendida manteniendo una posición de aparente equilibrio, hasta que un momento y por una determinada serie de impulsos, comienza a oscilar, aunque no tan libremente sino que a partir de determinadas políticas se fuerza a que vaya hacia un lado u otro, hacia la derecha o la izquierda y porque no, hacia el atlántico o el pacifico.

Desde finales del 2015, determinados movimientos y acciones han hecho accionar el péndulo en América Latina y particularmente en Argentina hacia uno de sus lados, y en materia de integración regional esto se manifiesta de manera clara.

Tanto la asunción de Mauricio Macri en diciembre del 2015, como el Impeachment a Dilma Rousseff del mayo pasado, la derrota sufrida por Evo Morales tras perder el referéndum constitucional, la endeble situación venezolana y la indefinición de parte de la OEA de si la suspenderá o no, plantean un panorama que da por sentado que algo está cambiado en Latinoamérica y que el péndulo se está moviendo.

La nueva orientación regional, que parece estar dando fin a los gobiernos que habían girado a la izquierda a principio del SXXI, trae aparejado una reconfiguración y una redefinición de las alianzas de los países de la región entre sí y con el mundo, así como un cambio en las jerarquías que se le otorga a los diferentes espacios y procesos de integración y cooperación.

¿Hacia dónde se inclina el péndulo?

A finales de noviembre del 2015, Macri sostenía: “Tenemos que recuperar la dinámica en el Mercosur, avanzar en los convenios con la Unión Europea y converger hacia la Alianza del Pacífico[1] y a medida que pasan los meses esas palabras van fortaleciéndose en más declaraciones y acciones concretas.

El 15 de junio pasado el presidente argentino se reunió con su par colombiano Juan Manuel Santos y juntos anunciaron que se impulsará la integración entre el Mercosur y la Alianza del Pacifico. Asimismo, Macri confirmó que Argentina asistirá como país observador a la próxima la cumbre de presidentes de la Alianza del Pacífico que se desarrollará en Chile.[2]

El presidente Mauricio Macrí en conferencia en la III Cumbre de la Alianza del Pacífico

Estas declaraciones otorgan la pauta que desde la Argentina, al menos, se están incentivando realineamientos geopolíticos regionales los cuales traen aparejados importantes cambios en la reformulación de la integración, en comparación a la primera década de este siglo.

Podría pensarse como un intento de Macri de posicionar a la Argentina como un líder regional que tenga la capacidad de generar una comunión entre los países que integran el Mercosur y aquellos que forman parte de la Alianza del Pacifico.[3]

En cuanto al acercamiento a la Unión Europea, el 11 de mayo pasado se intercambiaron las propuestas arancelarias con el Mercosur. Según la Comisaria Europea de Comercio, Cecilia Malmström, este primer intercambio (no lo había desde el 2004), se ha producido por el “giro” que han manifestado en algunos de los países miembros del Mercosur, especialmente Argentina.[4]

Luego de la última reunión realizada en Uruguay el 22 y 23 de junio, se estima que la próxima reunión de los bloques será en octubre, pero a partir de los diferentes avatares regionales, en particular el que se está viviendo en Europa luego de conocerse los resultados del referéndum en Gran Bretaña, deberá seguirse de cerca si el acuerdo de libre comercio con el Mercosur continua siendo un tema de agenda.

Entre otros de los virajes que se propone hacer el nuevo gobierno nacional, aunque no se encuentra entre lo prioritario de este año, es ingresar al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).[5]

Siendo el TPP un acuerdo de libre comercio fogueado principalmente por los Estados Unidos, cuyo fin es el intercambio entre los miembros con ausencia de aranceles. Este acuerdo, casi concebido como una continuación del trunco proyecto del ALCA, pretende expandirse a un gran número de países en desarrollo.

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Asimismo, parecería que desde el país del norte, se espera congregar a los países en desarrollo para hacer frente a otras economías que hace unos años se las denominaban “emergentes” y que en el contexto actual ya no crecen con el mismo ímpetu.

En cuanto al continente en su conjunto, desde la Cancillería Argentina junto con los Estados Unidos, se renovó el apoyo hacia la Organización de Estados Americanos (OEA). En consonancia, se reafirmó el apoyo al sistema interamericano de derecho humanos y a la protección de la democracia a la manera que se la entiende desde dicho organismo, fuertemente criticado por los países del ALBA.

Las consecuencias

La sumatoria de estos mega tratados, lo que hace es reconfigurar los procesos de integración mundial y regional, generado nuevos alineamientos en pro de una disolución del multipolarismo, para comenzar a reorientar las políticas exteriores en base a una única política económica de tinte marcadamente capitalista y unipolar.

Los diversos procesos de integración nacidos en el seno de países latinoamericanos que no se acoplaban a la política norteamericana sino que negociaban con ella o en algunos casos, la enfrentaban directamente, se han ido debilitando.

El gobierno argentino discontinua la política exterior de la anterior administración, en el fortalecimiento de entidades como la Unasur o la Celac, ya que son procesos alejados de la estrategia de libre comercio que encabezan los Estados Unidos. Por ello, aquellos procesos sumados al ALBA-TCP, están abandonando su época de oro para pasar a un segundo plano.

La participación de Argentina en la reunión de la Alianza del Pacifico, no incide directamente en la pertenencia al Mercosur, pero saca a la luz una intención de disminuir la grieta ideológica que separa a la Argentina de países como Chile, Perú, Colombia y México.

La limitación que impone el participar en el Mercosur sin modificar el Tratado de Asunción, es que éste impide que los países miembros negocien de manera autónoma acuerdos de libre comercio. Sin embargo, el canciller interino de Brasil, José Serra manifestó la necesidad de que se flexibilice al Mercosur. Esta declaración traería consigo modificaciones en cuanto a las cláusulas que impedirán este tipo de tratados rígidos.

Malcorra se refirió a la flexibilización del Mercosur haciendo hincapié principalmente en la cautela. La canciller sostuvo que es esencial que no se muestre un Mercosur debilitado ni “desbandado” en un momento clave de negociación con la Unión Europea, así como también hizo referencia a que “no tenemos que perder de vista que el tamaño del Mercosur como mercado es muy importante en una negociación. Podemos dar un margen, pero siempre tratando de priorizar el Mercosur como primera alternativa”.[6]

En este contexto donde se están discutiendo las flexibilizaciones, y que según Malcorra no hay que mostrar debilidad, se anunció que no se llevará a cabo la próxima cumbre de presidentes del Mercosur debido a las condiciones “especiales” que están atravesando Brasil y Venezuela.

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Por esta razón, el traspaso de la presidencia pro tempore, que ha generado polémica y desacuerdo entre los Estados (ya que el próximo mandato le corresponde a Venezuela), se realizará en una reunión de cancilleres.

Hay un aspecto más a tener en cuenta, que tiene que ver con las diferencias que existen entre los modelos de desarrollo, las capacidades productivas y las sociedades de los países que integran la Alianza del Pacifico, de los que forman parte del Mercosur.

Los primeros se destacan por ser economías históricamente más abiertas y primarizadas, que difieren con Estados como Argentina y Brasil, que más allá de las diversas problemáticas han logrado construir un determinado andamiaje industrial a fin de, al menos, abastecer el mercado interno. Estas diferencias deben tener distintas propuestas, por ello quizás un modelo único no sea suficiente.[7]

Como esta inclinación del péndulo está llevando a los países a privilegiar una integración que mire “hacia afuera”, basada principalmente en aspectos económicos-comerciales y en la disminución de aranceles, es menester no tomar tanta distancia de aquellos procesos de cooperación que aspiraban a construir espacios de cooperación más integrales que incluyan aspectos políticos, culturales, sociales, de infraestructura y educación, entre otros. Mientras tanto, el péndulo se sigue moviendo…

[1] “Las diez definiciones de gobierno que adelantó Macri en conferencia de prensa”, La Capital, Rosario, 23 de noviembre de 2016.

[2] “Macri junto al presidente de Colombia impulsó la integración del Mercosur-Alianza del Pacífico”, Diario La Prensa, Buenos Aires, 15 de Junio de 2016.

[3] DINATALE, Martin. “Giro estratégico: Macri busca un acercamiento a la Alianza del Pacífico”, La Nación, Buenos Aires, 31 de Mayo de 2016.

[4] “Avanza negociación Mercosur-Europa”, Página/12, Buenos Aires, 12 de mayo de 2016.

[5] “Miguel Braun adelantó que Argentina entrará al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica”, El Destape, 7 de Marzo del 2016.

[6] “Borrar Fronteras”, La Diaria, Montevideo, 28 de Junio de 2016.

[7] NATANSON, José. “Integración a la Macri”, Le Monde Diplomatique, Edición Nro 204, Junio de 2016.

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

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