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22 de mayo de 2018

¿Hacia dónde va China?

Por Nabih Yussef

Hacia dónde se dirige China, es una de las grandes incógnitas que en estos momentos tratan de desentrañar think tanks norteamericanos, universidades alemanas y los circuitos empresariales británicos y japoneses. Su economía es vista como una oportunidad y un desafío para la economía internacional. Se trata de más de 1.300 millones de personas en un territorio de casi 10 millones de kilómetros cuadrados, y con una economía que crece al 9% del PIB anual en los últimos 30 años. Esto convierte al gigante asiático en el actual motor de la economía global -y con ello- en el garante de los flujos comerciales internacionales. Pero ¿se encuentra China preparada para asumir su rol de potencia económica? Aquí algunos datos para intentar comprender qué sucede al otro lado de la muralla.

Datos chinos

En los últimos 20 años, China ha creado 120 millones de empleos y ha sacado a casi 400 millones de personas de la pobreza, lo que equivale a diez veces la población argentina. Sus últimas reformas en 1994, dotaron de estabilidad al mercado monetario y abrieron el sector exportador a la inversión extranjera directa, modificando el paisaje costero, donde ahora se asientan los nodos de producción fabril más importantes del mundo. Estos puntos estratégicos -autorizados por el Partido Comunista Chino para el desarrollo de una economía de mercado- fueron denominados “Zonas Económicas Exclusivas”. Se trata de verdaderos cordones industriales habilitados para la existencia de la propiedad privada extranjera, fuertemente motivada por las ventajas a la hora de fabricar y exportar desde el país. La fórmula es sencilla y no esconde secretos: bajos costos de producción y alta rentabilidad empresaria.

No obstante, para disminuir su dependencia del capital extranjero, el politburó chino dio libertad a sus “factores productivos” para la creación de empresas nacionales, muchas de ellas asociadas al Estado. De esta manera, su modelo productivo e inserción internacional busca modificar paulatinamente su dependencia externa, fuertemente condicionada por los niveles de inversión y sus flujos de exportación comercial. Sin embargo, los deseos de Pekín se enfrentan a serios problemas puertas adentro, principalmente el bajo consumo de su clase media, los flujos migratorios del campo a las ciudades y un peligroso impacto ambiental en sus principales metrópolis. Aquí una breve infografía de la China que no sale por televisión.

La fórmula china para la economía

La crisis financiera internacional y el posterior ascenso de los proteccionismos económicos en Estados Unidos y en menor medida en Europa, afecta la previsibilidad de las exportaciones chinas. Es por ello que la cúpula comunista ha emprendido un reequilibrio económico para impulsar el consumo de su nueva población de ingresos medios.

Según un informe confeccionado por The Boston Consulting Group[1], tres serían los factores que impulsan el crecimiento del consumo chino: las familias emergentes de clase media, los hábitos de gasto de la población joven, y el papel más importante del e-commerce en el consumo asiático. Empero, existen límites en los niveles de consumo de las familias chinas y está dado por factores culturales y económicos.

Entre los culturales, se encuentra la elevada propensión de las familias asiáticas al ahorro. En China, si una familia no posee un “colchón” de ahorro, difícilmente pueda hacer frente a sus gastos de educación, salud o vejez. Y es que la política económica del gobierno subsidia al capital para proporcionarle dinamismo, al tiempo que sostiene una moneda nacional artificialmente sub-valorada para sostener su competitividad internacional. Mientras eso ocurre, los precios de los productos chinos se mantienen más baratos en el mercado internacional, pero a costa de constreñir a la baja el poder adquisitivo de sus trabajadores. Esto obliga a las familias a ahorrar para hacer frente a sus gastos domésticos, ya que el gigante asiático es también un enano social. China invierte tan solo un 1,89% del PIB en educación, detrás de Camboya (1,90%) y Bangladesh (1,93%). Mientras que en política de salud, gasta un magro 5.5% de su PIB, por detrás de Rumanía y Tanzania (5,6% respectivamente)[2]. Así las cosas, China se convierte en el país con menor consumo doméstico del grupo BRICS (Ver gráfico siguiente)[3].

En un estudio realizado por el economista hindú Jahangir Aziz, y el profesor de la Washington University, Steven Dunaway, se subraya que “los hogares chinos pagan cerca del 80% de los costos de la salud”, al tiempo que “(…) la política del hijo único ha agravado el envejecimiento de la población, incrementando la necesidad del ahorro para la vejez”[4]. Datos que indudablemente hacen que el consumo no se propague “a tasas chinas”.

Cuentas pendientes

Además del consumo, China aún tiene cuentas pendientes en materia de flujos migratorios y medio ambiente. El avance tecnológico de las ciudades costeras y la demanda de mano de obra, opera como estímulo para que jóvenes chinos del interior continental busquen emigrar a las grandes metrópolis. Sin embargo, Pekín establece un férreo control de la migración interna, abriendo los flujos migrantes de manera muy pausada. A los controles del campo a las ciudades, también se le suman los controles de las ciudades entre sí, ya que existen distritos especiales como Hong Kong, donde conviven normas específicas en materia de control poblacional.

La migración internacional no presenta una amenaza demográfica para sus vecinos, ya que solo un 0,69% de su población se encuentra en el exterior (unos 9.5 millones). Estos datos revelan las restricciones migratorias del país, que presenta una de las poblaciones migrantes más bajas en términos proporcionales. Tan solo Argentina, tiene un 2,17% de su población en el exterior[5] (¡tres veces más en términos relativos!).

El gobierno ha emprendido una lenta flexibilización de los controles de empadronamiento para estimular el consumo interno, pero las cifras astronómicas de la demografía asiática hacen que cada pequeño paso signifique enormes impactos sociales. Ya que, más personas en las metrópolis, conlleva a nuevos desafíos en materia energética, en transporte urbano y en impacto medioambiental.

De las 20 ciudades más contaminadas del mundo, 4 son chinas. Se tratan de Xingtai, Baoding, Shijiazhuang y Handan.

La contaminación y la elevada tolerancia social a la depredación de los recursos naturales, llevó al país a perder más de 1000 lagunas en los últimos 50 años, mientras que el 70% de los ríos se encuentran contaminados[6].

En las grandes urbes son comunes las alertas rojas por ciclos prolongados de contaminación ambiental, lo que transforma el paisaje de sus ciudades cubriéndolas con una densa nube gris, al tiempo que los transeúntes caminan en silencio con sus barbijos con todo tipo de diseños.

China depende de las energías tradicionales o no-renovables para mantener la locomotora de su economía en funcionamiento, pero los costos externos del impacto ambiental pueden llevar a su ecosistema urbano a una situación irreversible.

Estas restricciones y límites para el desarrollo sostenible del modelo chino, son observadas con preocupación desde el gobierno. Reducir la dependencia externa y franquear los desafíos internos, puede ser el comienzo de un sigiloso cambio en el ascenso del país en su tradicional modelo de “china barata” para el consumo occidental. Los nuevos incentivos crediticios al consumo y la flexibilización de los empadronamientos para mejorar los flujos migratorios internos, serán herramientas útiles para optimizar los niveles de desarrollo humano puertas adentro. Pero podrán ser insuficientes si el gasto público no incrementa los niveles de protección social en salud, educación, sistema previsional y -sobre todo- entorno medioambiental.

La locomotora china es sin duda una locomotora gigante. Pero hasta la más grande de las máquinas puede dejar de funcionar si no se tienen en cuenta las fallas de sus pequeños engranajes.

[1] The Boston Consulting Group (2017). “Five Profiles That Explain China’s Consumer Economy”, de Jeff Walters, Hongbing Gao, Vivian Hui, Angela Wang, Jian Yang, y Zhibin Lyu, Boston, Estados Unidos.

[2] Centro de datos “Datos Macro”, Expansión, Madrid.

[3] World Bank Open Data, Banco Mundial.

[4] Fondo Monetario Internacional (2007). Jahangir AZIZ y Steven DUNAWAY. “Reequilibrio de la economía en China”, Revista Finanzas y Desarrollo, Volumen 44, pág. 31.

[5] World Bank Open Data, Banco Mundial.

[6] COOK, Ian. “El medio ambiente en China”, Centre for Pacific Rim Studies, Liverpool University, Gran Bretaña.

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

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