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30 de abril de 2019

¿Europa protectora o proteccionista?

‘Una Europa que protege’ ha sido el lema elegido por Francia y Alemania para denominar la nueva era en la que, en teoría, la Unión Europea tendrá como misión primordial resguardar el modelo social europeo.

Sin embargo, muchos creen que detrás del manifiesto franco-alemán sobre una política industrial europea para el siglo XXI, publicado en enero para buscar una nueva razón de ser de la UE, se ocultan intenciones proteccionistas e intervencionistas de crear “campeones nacionales” que compitan con EEUU y China.

Según el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, si la UE quiere mantenerse en la carrera industrial y tecnológica, “en otras palabras, si Europa quiere ser política y económicamente relevante en el mundo, debe tener una política industrial que “proteja nuestras inversiones y nuestras tecnologías, porque eso es lo que hacen Washington y Pekín”.

Los cambios tecnológicos han creado nuevas industrias, microelectrónica, Inteligencia Artificial… y han dejado obsoletas otras. Compañías que hace 20 años ni existían hoy están entre las mayores del mundo.

Pero Europa no va a tener fácil regresar al pasado intervencionista porque, entre otras cosas, Bruselas se opone. La comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, cree que una compañía jamás podrá ser competitiva, eficiente e innovadora fuera, si no lo es primero en su propio país.

Muchos países miembros creen, por otra parte, que el proteccionismo merma la competitividad de las empresas y que será imposible coordinar políticas industriales en una UE cada vez más fragmentada y diversa.

Berlín y París, profundamente irritados con la decisión de Vestager de prohibir la fusión ferroviaria de Alstom y Siemens, tampoco van a dar su brazo a torcer. Alemanes y franceses están convencidos de que ante las prácticas desleales de sus rivales, la UE no tiene más remedio que imitarlos, ayudando a sus gigantes corporativos para que no compitan en condiciones de desventaja. El plan Made in China 2025 del gobierno de Pekín para dominar el sector de las tecnologías emergentes es un modelo posible.

Washington baraja también diversas formas de impulsar sectores como los vehículos eléctricos y las telecomunicaciones 5G. Mientras la tasa de desempleo de EEUU se encuentra en el 3,8%, la de la UE ronda el 8%. EEUU creció un 3,1% en 2018. La zona euro solo un 1,1%. China creció un 5% recurriendo a ayudas públicas sistemáticas a sus empresas.

Europa demoniza el dumping, las violaciones de normas medioambientales y el pago de sobornos para obtener contratos. El problema es que desde la creación del euro, la economía de la UE solo ha crecido a una media anual del 2%.
El eje franco-alemán cree además que ante el Brexit, que dejará al club comunitario sin su principal impulsor de políticas liberalizadoras, se deben replantear las bases económicas de la Unión.

La Comisión y el Parlamento Europeos son reacios, sin embargo, a flexibilizar las políticas de competencia para facilitar megafusiones corporativas o a conceder ayudas públicas directas a sectores específicos.

Pero las próximas elecciones europeas podrían cambiar radicalmente los actuales equilibrios políticos comunitarios, si se confirma el ascenso de partidos euroescépticos que ven con buenos ojos el proteccionismo y todo lo que parezca contrario a las posiciones globalizadoras.

Si esas previsiones se cumplen, en la próxima Comisión no habrá sitio para políticos con principios como los de Vestager y sí para algunos más proclives a acceder a los deseos de Angela Merkel y Emmanuel Macron.

El asunto es que igual ya es demasiado tarde para volver al pasado. En las últimas décadas, Europa ha perdido buena parte de su vigor empresarial. Grandes empresas tecnológicas como Philips o Siemens son hoy una sombra de lo que fueron. Informáticas como Alcatel Lucent, Nokia u Olivetti han sido casi barridas por gigantes chinos como Lenovo o Huawei.

[Política Exterior]

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