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Michel Temer y el nuevo rumbo de Brasil

Abal Medina: “Estamos frente a un conjunto de dirigentes...

10 de septiembre de 2016

¡Es la democracia, estúpido!

Por Nabih Yussef

El pasado miércoles 31 de agosto, a las 13:30 hora local, 61 Senadores votaban a favor de destituir a la presidente Dilma Rousseff de su cargo de manera definitiva. Los escasos 20 votos en contra de la iniciativa, no pudieron contener el desenlace final de la mandataria, y tuvo finalmente que abandonar su cargo. Horas después y con visible euforia, el hasta entonces vicepresidente Michel Temer, tomaba juramento como nuevo presidente.

El debate público sobre la remoción de Rousseff, quedó inmovilizado por discusiones técnicas por las que se acusaba al Ejecutivo de cometer un “crimen de responsabilidad”, violando normativas fiscales sobre déficit presupuestal. Lo que daba sustento jurídico a los partidos políticos para argumentar el desplazamiento de Rousseff como un impeachment (juicio político); o para el Partido de los Trabajadores (PT), de denunciar un golpe de Estado sui generis.

La aparente solemnidad institucional de la destitución de Dilma Rousseff, no parece coincidir con el ambiente hostil en las calles de Brasil, donde marchas a favor y en contra del gobierno saliente, evidencian que detrás de las formalidades políticas, un quiebre acaba de producirse: una ruptura del orden democrático.

El pensador autro-estadounidense Joseph Schumpeter[1] dedicó gran parte de su obra intelectual a precisar científicamente el sistema democrático. Para este autor, resultaba imperioso que la democracia fuera contrastada con otros sistemas políticos (como los Estados socialistas de su época) para determinar qué era y qué no, una democracia, y de esta manera depurar las ambigüedades del término.

Schumpeter construyó así un método político para determinar si estábamos en presencia de un sistema institucional democrático o no, basado en dos dimensiones sustantivas: la competencia libre por los votos y el reconocimiento del liderazgo de la facción gobernante. El quiebre de estas dimensiones (o su equivalente distorsión tecno-jurídica), suponía la alteración de las “reglas del juego” del sistema y un peligro para la estabilidad pacífica de la sociedad moderna.

Schumpeter reconocía que su método tenía limitaciones, ya que la democracia no podía resolver el problema de la calidad de sus dirigentes. Su método podía crear políticos profesionales, pero estadistas aficionados. Es por ello que recomendaba a las élites de los partidos políticos una “autodisciplina democrática” para reconocer el liderazgo del partido en el poder frente a la tentación de derribar un gobierno cuando se tuviera oportunidad.

Esta recomendación de decoro institucional, que otros criticaron a Schumpeter por “formalista” o meramente “procedimental”, tiene base en el sustrato esencial de por qué el sistema democrático no puede ser digerido por la ingeniería jurídica, en una simple acusación de “crimen de responsabilidad” por incumplimiento de formalidades contables. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y su aliado coyuntural más fuerte, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) han decidido desplazar a Dilma, y después se han ocupado en hallar un delito. [2]

Más allá del debate constitucional sobre la validez legal (o no) del recurso de “juicio político”, en Brasil se alteraron las reglas del “juego democrático”, que van más allá de la letra de la ley, sino en el comportamiento y cultura cívica de sus partidos y élites políticas. La supervivencia descarnada del sistema político brasileño y el oportunismo de sus líderes de partido, descomprimieron las presiones de la ciudadanía y los medios de comunicación por lo casos de corrupción, a través de un recurso antidemocrático que afecta en el largo plazo la convivencia social que tanto procuraba proteger Schumpeter. La rivalidad ideológica y política entre las facciones que era vehiculizada pacíficamente por el reparto de poder de la estructura estatal de Brasil y por el debate público “civilizado”, hoy se encuentra sin contención y como una represa débil, amenaza con desbordarse.

El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y su aliado coyuntural más fuerte, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) han decidido desplazar a Dilma, y después se han ocupado en hallar un delito.

La ingeniería jurídica alegada contra la mandataria depuesta, dio marco “legal” para cometer un “democrisídio” en las televisiones de Brasil. Constitución y democracia, sistemas que convivieron armónicamente y se reforzaron mutuamente desde finales del siglo XVIII, fueron desarmados del armazón institucional para dar muerte a uno de ellos con las armas del otro. Herida de muerte, la democracia brasileña deberá procurar nuevamente en la legitimidad del voto, la oportunidad de su sobrevivir (Temer estará en su cargo hasta 2018). Nuevamente la Constitución podrá ofrecer elementos para reforzar la democracia maltrecha, a través de reformas o enmiendas, que garanticen el llamado a elecciones tras la destitución de un presidente, y de esta manera frenar intentos de sabotaje político desde el mismo sistema. Sin embargo, la letra de la ley nada podrá hacer frente a una élite brasileña poco representativa y anquilosada en el Estado, donde la democracia hace parte de su discurso público pero no de su praxis política.

[1] SCHUMPETER, Joseph A., “Capitalismo, Socialismo y Democracia”, Traducido al español por García, José Díaz, Editorial Aguilar, Ciudad de México, 1961

[2] Desde febrero de 2015, 51 fueron los pedidos de impeachment presentados ante la presidencia de la Cámara baja brasileña encargada constitucionalmente de dar lugar al proceso e impulsar el juicio político. Se acusaba a la presidente por obstrucción de la justicia en investigaciones por casos de corrupción relacionados a coimas de Petrobras. Otro pedido se sustenta en las responsabilidades del Ejecutivo por la mala conducción de la economía. Como también un pedido por violación al derecho de reunión y manifestación pública, solicitudes acusando al gobierno de desvíos de fondos para apoyo político; denuncias por irregularidades en licitaciones de la copa del mundo, creación irregular de ministerios, entre otros pedidos y argumentos varios para iniciar el recurso de impeachment.

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