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20 de junio de 2016

El TPP: ¿El nuevo plan global?

Por Juan Facundo Besson*

El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), ha logrado colocarse como la principal iniciativa que determina el futuro económico global, cuyos principios básicos recorren una clara postura de libre comercio y el fomento de las inversiones al interior del bloque. De esta manera se aísla del esquema institucional a potencias económicas emergentes, en especial a China.

Firmado en 2005 por Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur y entrado en vigor en 2006, el TPP es un acuerdo sui generis en por lo menos dos aspectos. Primero, es el primer Tratado de Libre Comercio (TLC) tricontinental. Segundo, comenzó vinculando a cuatro economías pequeñas y abiertas con bajos niveles de comercio entre sí.

El interés por el TPP se ha multiplicado desde noviembre de 2009, cuando el presidente Barack Obama anunció que Estados Unidos negociaría con los países del bloque “con el objetivo de forjar un acuerdo regional que cuente con una amplia base de miembros y los altos estándares dignos de un acuerdo comercial del siglo 21”.[1] Es por ello que las negociaciones para ampliar el TPP se inician rápidamente en marzo de 2010.

Para el 5 de Octubre de 2015, al margen de las protestas y las presiones no sólo de centrales sindicales sino también de cámaras empresarias tanto de México como de los propios Estados Unidos y Canadá, el TPP fue firmado por once países costeros del Pacífico: Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Perú, Singapur y Vietnam. De la región latinoamericana, los tres países firmantes integran a su vez, la Alianza del Pacífico (Perú, Chile y México). Cabe destacar que China, India y otros BRICS[2] se encuentran por fuera de la firma de este acuerdo.

El TPP busca establecer una asociación estratégica que trascienda lo comercial, incorporando también áreas de inversión, finanzas, cooperación científica y cooperación tecnológica. Otro punto importante del acuerdo, es que tiene la meta explícita de alcanzar el libre comercio de bienes, servicios e inversiones según lo acordado en las llamadas “Metas de Bogor”, en alusión a la ciudad indonesia donde tuvo lugar la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés).

El TPP es más que un tratado comercial de intercambio de bienes y servicios, y un acuerdo de desgravamen arancelario. El instrumento avanza en materia de propiedad intelectual y en regulación de internet. Lo que a las claras ignora y deja fuera de juego a foros internacionales -más transparentes y participativos- como la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual); o incluso, Foros de Gobernanza de Internet.

Lo más acérrimos críticos del TPP lo han denominado como la “OTAN de la economía” y economistas como Joseph Stiglitz y Adam Hersh en su artículo “La pantomima de TPP” lo describen como “la administración del comercio mundial” por parte de las corporaciones transnacionales más poderosas, dispuestas no sólo a destruir empleo, derechos laborales y pequeñas industrias, sino también a corporaciones más pequeñas. Un fenómeno que expresa una fase loca del capitalismo que nos toca.[3] Además del TPP, como los tratados que Estados Unidos impulsa en Europa (el TTIP)[4] y el resto del mundo (el TISA,[5] que abarca a 52 países), vienen desarrollándose en negociaciones secretas para definir los términos de los acuerdos, al tiempo que compromete a los Estados firmantes a mantener el hermetismo durante al menos cinco años. En otras palabras, a mantener el secreto más tiempo de lo que dura un mandato presidencial promedio.

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De prosperar las negociaciones secretas para implantar el TISA y el TTIP, junto con el TPP, le daría control a Washington sobre el 80% del valor del PIB mundial, que lo ratificaría nuevamente como la primera potencia mundial. Estos acuerdos, sin duda, buscan revirar la pérdida de la capacidad de influencia a Estados Unidos que le trajo la crisis económica internacional del 2008 y el incremento de la presencia China en el escenario internacional.

Desde el principio de las negociaciones del TPP, el proceso de elaboración y negociación de los capítulos del tratado ha estado envuelto en un nivel de secreto sin precedentes.[6] El acceso a los borradores de los capítulos del TPP ha sido escudado al público en general. Los miembros del Congreso de Estados Unidos únicamente pueden ver porciones selectas de documentos relacionados al tratado bajo condiciones altamente restrictivas y bajo supervisión estricta. Solo tres individuos de cada nación TPP tienen acceso al avance del texto completo del acuerdo, mientras que a casi 600 asesores de comercio (cabildeadores protegiendo los intereses de corporaciones estadounidenses tales como Chevron, Halliburton, Monsanto y Walmart) se les concede acceso privilegiado a secciones cruciales del texto del tratado.

La estrategia geopolítica de Estados Unidos

Que Estados Unidos esté promoviendo e incluso forzando este tipo de acuerdos no debería resultar extraño,[7] pues tiene enorme interés en modificar las reglas comerciales y de inversión con sus socios. Para ciertos sectores diplomáticos, la Organización Mundial del Comercio (OMC), ha demostrado ser inservible. En vista de su evidente declive en el peso económico relativo global en favor de los grandes emergentes, especialmente India y China, qué mejor para Washington que alterar las reglas del juego y ponerlas nuevamente a su favor.

Sus necesidades, y los intereses por los que se guía, son sencillos. Estados Unidos necesita de nuevos mercados a los que exportar, ya que su balanza comercial es negativa casi de manera crónica, algo que sólo puede compensar con deuda y el poder del dólar. Pero es consciente de que ese privilegio no es eterno, y la indiscutible primacía económica del país llega a su fin. Por tanto, la industria manufacturera nacional, así como el sector agrícola, necesitan vender en otros países, algo que no es sencillo si estos mantienen una política proteccionista respecto a ciertos sectores o productos para fomentar sus economías domésticas. Del mismo modo, encontrar nuevos destinos para el capital estadounidense se torna fundamental para fomentar la economía real y alejarlo de la cada vez mayor financiarización en la que se ha sumido el sistema.

Asia-Pacífico es el destino ideal para la nueva proyección americana. Economías con enorme potencial, bien insertadas dentro del sistema comercial global, mercados cuantitativamente numerosos -poblacionalmente hablando- con perspectivas de un gran desarrollo de las clases medias en las décadas venideras son puntos clave desde una perspectiva economicista. Sin embargo, la idoneidad de esta zona para Estados Unidos no termina ahí. Los Estados emergentes del sudeste asiático no tienen una opinión pública fuerte, y la promesa de crecimiento económico, empleo y desarrollo es suficiente como para acallar cualquier oposición política. Del mismo modo, los países “occidentalizados” -Japón, Corea del Sur, Singapur- y Australia y Nueva Zelanda, se ven atraídos por un pacto con Washington como promotor, al servir de contrapoder al cada vez mayor expansionismo chino. Un ascenso militar y económico-comercial que amenaza a Asia-Pacífico. Aunque parezca una conclusión simplista, la lógica de tener que elegir entre estar bajo la égida de Estados Unidos o China está ampliamente extendida en los gobiernos de la región.

Estamos vislumbrando la gestación de una nueva estructura de gobernanza económica global, que deja atrás progresivamente el protagonismo de la ingeniería institucional formada durante el siglo XX, con instituciones como la OMC, la OCDE, la OMPI, entre otras.

La posición Argentina

El secretario de Comercio, Miguel Braun, explicó que está entre los objetivos del Gobierno de Mauricio Macri que el país ingrese al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Sin embargo, aclaró que no es la prioridad para este año. Cabe destacar que durante la campaña presidencial el presidente Mauricio Macri, aseguró que es necesario avanzar en convenios y converger hacia la Alianza del Pacífico o TPP.

*Analista internacional, especialista en derecho de integración, investigador del Consejo de Estudios Interdisciplinarios Económicos y Políticos (CEIEP).

[1] HERREROS, Sebastián, “El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica: una perspectiva latinoamericana” en ICTSD (International Centre for Trade and Sustainable Development), 2 de agosto, 2011.

[2] Los países que integran el grupo BRICS, son: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

[3] RUSSO, Sandra, “Los secretos del TPP”, Página/12, Buenos Aires, 21 de octubre, 2015.

[4] Transatlantic Trade and Investment Partnership en español, Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión.

[5] Trade in Services Agreement en español, Acuerdo en comercio de servicios.

[6] Según un borrador publicado por WikiLeaks, el esquema de los acuerdos presentan de manera general, un Preámbulo, donde se expone los principios y aspiraciones que constituyen el fundamento del Tratado. 1. Disposiciones iniciales que establece un área de libre comercio y regula la relación entre el TPP y otros tratados internacionales. Además, define los conceptos más utilizados en el Acuerdo. 2. Comercio de bienes (acceso a mercado y agricultura) 3. Reglas de origen y procedimientos relativos al origen. 4. Textiles. 5. Administración Aduanera y Facilitación de Comercio. 6. Defensa comercial. 7. Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF). 8. Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC). 9. Inversiones. 10. Comercio Transfronterizo de Servicios. 11. Servicios Financieros. 12. Entrada Temporal de Personas de Negocios. 13. Telecomunicaciones. 14. Comercio Electrónico. 15. Contratación Pública. 16. Competencia. 17. Empresas del Estado y monopolios designados. 18. Propiedad Intelectual. 19. Asuntos Laborales. 20. Medio Ambiente.21. Cooperación. 22. Competitividad. 23. Desarrollo. 24. Pequeñas y Medianas Empresas. 25. Coherencia regulatoria. 26. Transparencia y Anticorrupción. 27. Administración y Disposiciones Institucionales. 28. Solución de Diferencias. 29. Excepciones. 30. Disposiciones Finales: Establece normas relativas a la extensión de las obligaciones, entrada en vigor, adhesión, modificación, denuncia, entre otras.

[7] En el caso de Colombia, se muestra como Washington supedita su cooperación militar mientras paralelamente negocia en términos desfavorables acuerdos comerciales de liberalización.

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