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El TPP: ¿El nuevo plan global?

13 de junio de 2016

El paraíso fiscal en la otra esquina

Por Pablo Piacenza

La fuga de 11,5 millones de documentos financieros de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca, ha trastocado de sobremanera el universo de las finanzas mundiales, provocando distorsiones en el negocio global de secretismo fiscal y financiero.

Entre quienes contrataron los servicios de la multinacional panameña figuran jugadores de fútbol, políticos y empresarios. El astro del fútbol mundial Lionel Messi; el presidente argentino Mauricio Macri; el entonces primer ministro islandés Sigmundur David Gunnlaugsson; el padre del premier británico David Cameron; el empresario favorito del presidente mexicano Peña Nieto; e incluso la infanta Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I de España, y la lista continua.[1]

El escándalo financiero se instaló de manera efectiva en las agendas mediáticas alrededor del mundo. Sin embargo, la designación “Panamá Papers” por el consorcio internacional de periodistas resultó cuanto menos, confusa. Ya que la filtración evidencia, más bien, que las guaridas fiscales no operan en soledad sino que participan en una red global de servicios financieros compuesta por bancos privados, estudios contables, buffet de abogados y firmas de auditoría, cuyas operaciones son canalizadas a través sus jurisdicciones.[2]

Ya sean empresas grandes y prestigiosas, políticos consagrados por su compromiso con la transparencia, celebridades, deportistas, narcotraficantes, redes de trata de personas, organizaciones terroristas o los más corruptos hombres de negocios, los servicios e instituciones que componen la red de guaridas fiscales están disponibles las 24 horas de los 365 días del año para garantizar el secretismo y realizar las maniobras financieras más audaces. Panamá es un eslabón más en ese negocio global que ofrece, según estimaciones conservadoras, un refugio a más de 9 billones de dólares.[3]

Jurisdicciones no cooperantes

Abrir una empresa en un paraíso fiscal no es un delito en sí mismo. Se debe atender a su uso y, en el caso de funcionarios públicos, si las declaran en sus países. Es casi una obviedad: Panamá blanquea plata sucia de millonarios del mundo con un sistema legal que lo avala. La crítica hacia los países que facilitan estas operaciones es sobre legitimidad, pues avalan delitos de otros. Se roba o evade en un país (acto ilegal) y se esconde lo robado o evadido en otro (acto legal). Esas son las aguas en las que Mossack Fonseca & Co. se mueve como pez, armando la estructura legal para esconder dinero. La arquitectura montada para hacerlo es siempre la misma.[4]

La localización de una entidad de un grupo económico en una guarida fiscal no responde a otra motivación que no sea la de ocultar el origen del dinero, sea porque éste proviene de la fuga de capitales, de la evasión, del narcotráfico, la trata de personas, o la corrupción. Nadie crea ese tipo de empresas para tenerlas inactivas, adornando sus vitrinas. No son paraísos, excepto que se los evalúe por el hecho de que en algunas ocasiones suelen estar localizados en islas del Caribe.[5]

Ricos y famosos eligen cambiar de nacionalidad o de lugar de residencia para pagar menos impuestos. Las grandes empresas se valen de recursos más sofisticados y difíciles de detectar. Los “paraísos fiscales” y las empresas off shore ranquean en primer lugar. El economista francés Gabriel Zucman escribió un libro notable que las estudia, publicado en castellano el año pasado, “La riqueza escondida de las naciones”, que lleva como subtítulo “cómo funcionan los paraísos fiscales y qué hacer con ellos”. Zucman enseña que las empresas off shore existen para evadir impuestos y que “(…) el dinero de los paraísos fiscales no duerme, alimenta los mercados financieros internacionales”.[6]

Ahora bien, ¿qué es lo que ofrecen entonces estas jurisdicciones para hacer tan atractiva la radicación de capitales allí? Algunas jurisdicciones (no siempre son países), se han dado a sí mismas, la condición de distritos con condiciones ventajosas para los inversores, con facilidades para el movimiento de capitales desde esos distritos a cualquier parte del mundo. Esto último lo hace posible la intervención de entidades financieras con capacidad de operar en prácticamente todo el mundo, en otras palabras bancos globales, los grandes artífices de estas prácticas. Básicamente, lo que ofrecen estos “paraísos” para la evasión es secreto jurídico bursátil, lo que supone de parte del país anfitrión el compromiso de absoluta confidencialidad sobre la identidad del inversor o dueño de la sociedad radicada. Además ofrecen secreto bancario, que significa compromiso de no revelar la identidad de titulares de cuenta. Finalmente la baja o nula tributación, es decir, que los activos financieros allí radicados no pagan impuestos a las ganancias o a la riqueza, o sólo en una proporción insignificante. El “combo” hace por demás atractiva la utilización de esas plazas para “triangular” operaciones, un negocio que se hace en otro lado, pero se “registra” a nombre de la empresa fantasma offshore y así oculta al titular y sus ganancias.[7]

Mossack Fonseca & Co. firma asociada al lavado de activos

Mossack Fonseca & Co. firma asociada al lavado de activos

Paraísos, fuga de capitales y endeudamiento

El uso de las guaridas fiscales como herramienta de ocultamiento de activos o fuga de capitales tuvo un desarrollo creciente a partir de mediados de la década de los 70’s, proceso que continuó en forma ininterrumpida hasta nuestros días. La cantidad de jurisdicciones reconocidas como “paraísos” o guaridas fiscales se multiplicó por cinco entre el inicio de los 80’s y los primeros años del milenio. Más allá de la legalidad de ciertas operaciones, que sólo se puede entender por la generosidad de las leyes, la apertura de cuentas bancarias y empresas fantasmas en lugares promocionados por su opacidad (secreto jurídico bursátil, secreto bancario y baja o nula tributación), ha redundado en enormes perjuicios económicos y sociales para los países que son víctimas de la fuga de capitales. La apertura de empresas offshore ha sido un generador fuerte del desfinanciamiento de los Estados periféricos en los últimos treinta años, una herramienta eficaz para crear condiciones en favor del endeudamiento de países subdesarrollados y una causa central del debilitamiento de las prestaciones que debe brindar el sector público. Algunas estimaciones señalan a la Argentina como uno de los países más afectados por la fuga de capitales de sus residentes en el mundo, tanto en términos absolutos como en la relación entre riqueza offshore y PBI. Sin sanciones legales ni sociales, la cúpula empresarial argentina de las últimas décadas (a la par de los dueños de grandes riquezas) ha sido funcional a la profundización de la dependencia financiera del país, al debilitamiento progresivo del Estado y al deterioro de las condiciones de vida de la población.[8]

No es casualidad que las dos plazas financieras más importantes del mundo, Nueva York y Londres, estén señaladas como las promotoras de los paraísos offshore. Ni que esto haya ocurrido a mediados de los 70’s. El surgimiento de las guaridas fiscales fue funcional al despegue del neoliberalismo a nivel global. Por cuestiones prácticas, es decir, elegir plazas donde ya operaban, Londres eligió ex colonias británicas; y Nueva York, espacios en territorio estadounidense con un status especial. Así, los distritos de Nevada, Delaware o Wyoming funcionan como guaridas fiscales dentro de los límites del propio Estados Unidos.[9]

En esa primera etapa, la función principal de esos paraísos era captar los capitales fugados de los países periféricos, para volcarlos como inversión en los países centrales. Del otro lado, los países víctimas de la fuga quedaban descapitalizados, la denominada “restricción externa”; y consecuentemente, debían recurrir como solución al endeudamiento externo. Prestar a esos países a altas tasas se convirtió en un gran negocio para los capitales financieros de los países centrales.[10]

La fuga de capitales y el posterior desfinanciamiento del Estado, con relación directa con el endeudamiento externo, no es el único efecto negativo de los paraísos fiscales. En términos específicos, la evasión de los ultrarricos tiene dos efectos inmediatos. Uno, la pérdida de riqueza en la nación de origen. El segundo, no menos importante, es que como esa riqueza se pierde por evasión, el Estado busca mecanismos para compensar la pérdida. Entonces aumenta más los impuestos a la clase media y al consumo directo. De esa manera empeora la situación cotidiana de los trabajadores y de las distintas franjas medias de la población que sí tributan. Estos sectores se hacen más vulnerables, y su vez, deben pagar más impuestos. Los paraísos fiscales no solo son fuente de injusticias, los paraísos exacerban la injusticia.[11]

De este modo, la obligación tributaria parece ser un deber, a menos que se trate de grandes empresas y afortunados ejecutivos, políticos, deportistas o artistas, que pueden contratar a los mejores abogados, contadores, bancos de inversión y otros agentes financieros para sortear controles y refugiar sus riquezas lejos de las agencias fiscalizadoras. Si algo deja en claro la filtración de documentos “Panamá Papers” es el doble estándar a la hora de recaudar impuestos. La injusticia tributaria divide a los argentinos y también a los habitantes del resto del mundo, en dos bandos claros: quienes no pueden esquivar las inspecciones y contribuyen a sostener los gastos del Estado, es decir los que pagan impuestos; y los que más tienen (que deberían contribuir con más recursos), que cuentan con el capital para acabar pagando menos tributos, de manera ilegal y así, hacerse más ricos.[12]

Panamá ¿chivo expiatorio o fuga selectiva?

A diferencia de las binarias listas negras de paraísos fiscales difundidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Financial Secrecy Index (FSI) o índice del secretismo financiero, elaborado por la ONG inglesa especializada tax Justice Network (TJN), ofrece un abordaje integral del mundo offshore. Analiza las regulaciones, tratados y leyes de las diferentes jurisdicciones para construir un índice que luego es ponderado de acuerdo a la relevancia de cada país para los mercados financieros globales. Así, antes que señalar a las paradisíacas islas caribeñas como responsables excluyentes de un negocio que atenta contra la equidad y la capacidad de desarrollo de los países, el FSI afina la puntería y señala a Suiza, Hong Kong, EEUU y Singapur como las principales guaridas fiscales del mundo.[13]

En 2015, las principales 10 jurisdicciones por su tamaño y el nivel de secreto financiero que brindan, fueron Suiza, Hong Kong, Estados Unidos, Singapur, Islas Caimán, Luxemburgo, Líbano, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos. Panamá se encuentra en el número 13, Bahamas en el 25, Uruguay en el 28. No quiere decir que estas últimas no brinden secreto financiero, sino que su peso en la economía mundial no es tan relevante como el de Hong Kong o Suiza.[14]

Ranking de los principales paraísos fiscales del mundo

Ranking de los principales paraísos fiscales del mundo

Es un hecho curioso que en todos los casos de megafiltración de información de guaridas fiscales y de cuentas de bancos internacionales no haya aparecido involucrado ningún político ni empresarios relevantes de Estados Unidos y ninguno de sus grandes bancos. Ni datos de Delaware, Las Vegas o Florida. Todo parece indicar que Panamá es el chivo expiatorio una historia más larga.

La presión para la eliminación del secreto bancario en Suiza y el golpe a la credibilidad del secretismo de paraísos fiscales como Luxemburgo y Panamá, favorece a otras plazas que se ofrecen más seguras para esos capitales. Estados Unidos no firmó los acuerdos sobre el intercambio de información de cuentas financieras promovidos por la OCDE, y a la vez aprobó la ley de Cumplimiento Fiscal de Cuentas en el Extranjero (FATCA, por sus siglas en inglés), que exige a los países información financiera de ciudadanos estadounidenses para combatir la evasión impositiva.[15]

De ese modo, con la ley FATCA y con los Estados de Nevada, Delaware y Dakota del Sur, que garantizan confidencialidad y poseen también muy flexibles normas de fiscalización financiera para empresas y grandes fortunas, Estados Unidos convoca a los capitales radicados en el resto de las plazas offshore. Ofrece refugio en sus propias guaridas fiscales, seduce a capitales extranjeros y presiona a estadounidenses para que depositen sus fortunas en esas zonas francas fiscales y financieras.[16]

La disputa por los capitales offshore circulando en las guaridas fiscales se ha precipitado con una intensidad inédita. Es una pelea por el manejo de billones de dólares. Diferentes investigaciones realizadas por ONGs, el Banco Mundial y el FMI calculan que la evasión, fuga y lavado de activos a través de empresas offshore en guaridas fiscales ha alcanzado un stock de 25 a 30 billones de dólares. Las megafiltraciones de documentos para conocer quienes operan en guaridas fiscales para evadir impuestos y fugar capitales forman parte de un acelerado reordenamiento del negocio global del secretismo fiscal y financiero.[17]

Las guaridas fiscales o jurisdicciones del secreto, están por lo general vinculadas a grandes países centrales como Estados Unidos o Inglaterra. Y, aun cuando el foco esté en Panamá, no hay que olvidar que esta filtración solo exhibe una parte pequeña de un problema global. Estados Unidos es un jugador importante que recibe grandes sumas de dinero que se invierten en activos con un gran secreto detrás.

No se debe perder de vista que uno de los organismos que coordinó la investigación de los “Panamá Papers” es financiado por la Fundación Ford, Carneghie Endowment, Open Society (de George Soros) y la Fundación Rockefeller. El propio consorcio internacional de periodistas de investigación tiene sede en Washington.[18] Esto no le quita méritos a la investigación realizada. Sólo recuerda que nunca debemos abandonar el análisis y pensamiento críticos sobre el sistema financiero internacional.

[1] LUKIN, Tomás, “Escurrirse por el canal de Panamá”, Editorial Le Monde Diplomatique, Nº 203, Buenos Aires, mayo, 2016.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] LAURÍA, María Sol, “Qué barato es lavar en Panamá”, Revista Anfibia, Buenos Aires, abril, 2016.

[5] GRONDONA, Verónica, “El papel de las guaridas fiscales”, Página/12, Buenos Aires, 11 de abril de 2016.

[6] WAINFELD, Mario, “Paraísos para pocos”, Página/12, Buenos Aires, 10 de abril de 2016.

[7] DELLATORRE, Raúl, “Buenas para la ley, malas para el país”, Página/12, Buenos Aires, 10 de abril de 2016.

[8] DELLATORRE, Raúl, 2016, Op. Cit.

[9] Ibídem.

[10] Ibídem.

[11] Entrevista de Martín Granovsky a Gabriel Zucman, “Los paraísos fiscales exacerban la injusticia”, Página/12, Buenos Aires, 17 de abril de 2016.

[12] REBOSSIO, Alejandro, “Panamá Papers: que pague la gilada”, Revista Anfibia, Buenos Aires, abril, 2016.

[13] LUKIN, Tomás, 2016, Op. Cit.

[14] GRONDONA, Verónica, 2016, Op. Cit.

[15] ZAIAT, Alfredo, “Mossack Fonseca vs. Paul Singer”, Página/12, Buenos Aires, 10 de abril de 2016.

[16] Ibídem.

[17] Ibídem.

[18] ALIVERTI, Eduardo, “Una revancha peligrosísima”, Página/12, Buenos Aires, 11 de abril de 2016.

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