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14 de febrero de 2017

El impacto de los paraísos fiscales sobre los países subdesarrollados

Por Nabih Yussef y Pablo Piacenza*

El escándalo del pasado año, denominado “Panamá Papers” por el consorcio internacional de periodistas, puso nuevamente en cuestión el rol de los paraísos fiscales y de las empresas off-shore (fantasmas) creadas en el sistema financiero y bancario mundial.

Abrir una empresa en un paraíso fiscal no es un delito en sí mismo. Es necesario un análisis sobre el uso de la empresa y, en el caso de empresas propiedad de políticos, si fueron declaradas en sus países de origen. Pero más allá de esta pequeña digresión legal, solo posible por la generosidad de las leyes, lo cierto es que la localización de una entidad de un grupo económico en un “paraíso” o guarida fiscal no responde a otro motivo, que no sea la de ocultar el origen del dinero, sea porque éste proviene de la fuga de capitales, de la evasión, o en el peor de los casos de la corrupción, el narcotráfico, o la trata de personas. Nadie crea ese tipo de empresas para tenerlas inactivas, “adornando sus vitrinas”.[1] Es un secreto a voces que en los paraísos fiscales se blanquea plata sucia de millonarios del mundo con un sistema legal que lo avala y promueve. La crítica hacia los países que facilitan estas operaciones es sobre la legitimidad de sus políticas públicas en el sistema internacional global, ya que las guaridas fiscales avalan delitos en otras jurisdicciones del mundo. Robo o evado en un país (ilegal) y escondo lo robado o evadido en otro (legal).[2]

Ahora bien, ¿qué es lo que ofrecen entonces estas jurisdicciones para hacer tan atractiva la radicación de capitales? Algunas jurisdicciones (no siempre son países), se han dado a sí mismas la condición de distritos con condiciones ventajosas para los inversores, con facilidades para el movimiento de capitales desde esos distritos a cualquier parte del mundo en una suerte de zona franca bancaria y financiera. Básicamente, lo que ofrecen estos “paraísos” para la evasión es secreto jurídico bursátil, lo que supone de parte del país anfitrión, el compromiso de absoluta confidencialidad sobre la identidad del inversor o dueño de la sociedad radicada. Además ofrecen secreto bancario, que significa compromiso de no revelar la identidad de titulares de cuenta. Finalmente, la baja o nula tributación, es decir, que los activos financieros allí radicados no paguen impuestos a las ganancias o a la riqueza, o sólo en una proporción insignificante. El “combo” hace por demás atractiva la utilización de esas plazas para triangular operaciones, un negocio que se hace en otro lado, pero se “registra” a nombre de la empresa fantasma offshore y así se oculta al titular, sus ganancias y el origen que tuvieron esos fondos.[3]

Paraíso neoliberal

La cantidad de jurisdicciones reconocidas como “paraísos” o guaridas fiscales se multiplicó por cinco entre el inicio de los 80’s y los primeros años del milenio.[4] El surgimiento de las guaridas fiscales fue funcional al despegue del neoliberalismo a nivel global. Londres eligió por cuestiones prácticas, a plazas donde ya operaba, es decir, sus colonias británicas; por otro lado, Nueva York, hizo lo suyo con espacios territoriales con status especial. Así, distritos como Nevada, Delaware o Wyoming funcionan como guaridas fiscales dentro de los límites del propio Estados Unidos, e islas y países circundantes como guaridas externas a la plaza neoyorkina: Bahamas, Bermudas, o Panamá.[5]

La apertura de empresas off-shore (fantasmas) ha sido un factor central en el proceso de desfinanciamiento de los Estados periféricos en los últimos treinta años, una herramienta eficaz para crear condiciones en favor del endeudamiento de países subdesarrollados y una causa central del debilitamiento de las prestaciones que debe brindar el sector público.

“El surgimiento de las guari­das fiscales fue funcional al despegue del neoliberalismo a nivel global”

Los paraísos fiscales crean un círculo vicioso sumamente pernicioso para los países periféricos y subdesarrollados, ya que captan capitales fugados de estos últimos y los vuelcan como inversión en los países centrales. Del otro lado, los países víctimas de la fuga quedan descapitalizados, creando restricciones externas para la periferia, con lo cual deben recurrir al endeudamiento externo.[6] Pero la fuga de capitales y el posterior desfinanciamiento del Estado, con relación directa con el endeudamiento externo, no es el único efecto negativo de los paraísos fiscales. En términos específicos, la evasión de los ultrarricos tiene dos efectos inmediatos. Uno, la pérdida de riqueza en la nación de origen. El segundo, no menos importante, es que como esa riqueza se pierde por evasión, el Estado busca mecanismos para compensar la pérdida, entonces aumenta más los impuestos a la clase media y al consumo directo para financiar su gasto público. De esa manera empeora la situación cotidiana de los trabajadores y de las distintas franjas medias de la población que sí tributan (y que no pueden escapar de los impuestos). Estos sectores se hacen más vulnerables y a su vez, deben pagar más y más impuestos.[7] Dado que el endeudamiento es un paliativo coyuntural, los Estados quedan atrapados en una encrucijada cuya salida generalmente es el achicamiento de sus prestaciones y el recorte del gasto social. Los paraísos fiscales no solo son fuente de injusticias, como sugiere Zucman, “los paraísos fiscales exacerban la injusticia”.

Off-shore a sólo $850 dólares

Por la suma módica de $850 dólares americanos, la firma de abogados “López, Morales y Chiari”, ofrece soluciones para el anonimato de operaciones financieras, en un combo que incluye todos los beneficios en el “arte de no pagar”: domicilio en Ciudad de Panamá, apertura de cuenta bancaria, directores nominales (o “truchos”) honorarios y atención telefónica. Jugadores de fútbol, presidentes (o sus familiares), empresarios inescrupulosos, narcotraficantes, etc. todos son bienvenidos en Panamá, o en cualquier guarida fiscal por más o menos igual suma de dinero, con sistemas legales y financieros que se repiten en Bahamas, Caimán o Luxemburgo. Microestados que poseen un mismo modus operandi a nivel doméstico e internacional: legislaciones laxas, desregulación financiera, secreto bancario en el plano doméstico; bajo la estabilidad política que todo resguardo patrimonial necesita, al amparo de sus hermanos protectores, Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania, respectivamente. Estados garantes directos o indirectos de la estabilidad financiera en aquellas plazas, donde sus autoridades políticas se niegan en incorporar marcos regulatorios internacionales a sus legislaciones locales.

“No firmar acuerdos internacionales de intercambio de información con el Estado americano, imposibilita de facto a bancos extranjeros y zonas francas financieras para hacer nego­cios en Estados Unidos.”

Washington, garante positivo y negativo del status quo internacional, se muestra esquivo en abrir una agenda de debate para la regulación del sistema financiero, ya que las guaridas fiscales no tienen impacto directo sobre su economía, como sí la tienen los países periféricos. Por la Ley de “Cumplimiento Tributario de Cuentas Extranjeras” (FACTA, en inglés), Washington reserva a sus instituciones nacionales el derecho de exigir a bancos extranjeros, información sobre cuentas y activos de sus ciudadanos y residentes en cualquier guarida fiscal.[8] En una suerte de “Derecho americano internacional”, su Poder Legislativo otorgó al fisco facultades extraterritoriales, convirtiendo al Departamento de Justicia y la Reserva Federal (FED, en inglés), en virtuales auditores contables con soberanía planetaria. No firmar acuerdos internacionales de intercambio de información con el Estado americano, imposibilita de facto a bancos extranjeros y zonas francas financieras para hacer negocios en Estados Unidos. Un desbalance geoeconómico donde la evasión de norte-sur es finalmente reprimida; mientras la fuga de capitales sur-norte es protegida con la estabilidad política que ofrecen los países centrales a sus microestados de influencia.

Buscar una solución

El impacto negativo de los paraísos fiscales sobre las arcas públicas de la periferia, ha empezado a salpicar negativamente las finanzas de países desarrollados como Francia, España o Italia. Esto promueve un escenario propicio para que los países emergentes puedan vehiculizar sus demandas en foros internacionales con una agenda asertiva que pueda acercar a países industrializados en puntos en común. El impacto internacional negativo que producen las guaridas fiscales, sólo pueden encontrar una solución también internacional, pero sobre la base de un multilateralismo ampliado, donde la dicotomía entre los países del norte (acreedores y desarrollados) y los del sur (morosos y subdesarrollados) pueda ser reemplazado por alianzas amplias y consensos posibles. Un intento por regular el sistema financiero internacional deberá evitar en incurrir en la hipertrofia teórica que paralice eventuales opciones pragmáticas para la regulación de las guaridas fiscales. Como así también, un consenso ético que evite el oportunismo vacío de algunos gobiernos, en anteponer sus posiciones políticas antinorteamericanas sobre un eventual programa de trabajo. El desafío de la cooperación internacional que exige regular el sistema, sólo será amenazado por políticas exteriores de prestigio que originen celos e interrumpan avances en la materia.

“El desafío de la cooperación internacional que exige regular el sistema, sólo será amenazado por políticas exteriores de prestigio que originen celos e interrumpan avances en la materia.”

Tamaña tarea política y técnica, podrá avanzar en múltiples opciones. Algunas han sido ensayadas pero sin éxito. La llamada “Tasa Tobin” (propuesta por el economista James Tobin) buscó sin consenso y éxito, gravar las transacciones financieras a escala planetaria para frenar la volatilidad de los mercados financieros. Sin embargo, un sistema internacional con baja institucionalización cooperó en contra de la iniciativa, debido a que muchos gobiernos se vieron menos preocupados por controlar las finanzas que por garantizar la competitividad de sus plazas financieras.

Un segundo intento provino del Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (GAFI, en francés). Organismo creado por el Grupo de los 8 más grandes (G8) con el propósito de combatir el lavado de activos internacionalmente. Sus intervenciones quedaron en una suerte de recomendaciones técnicas para terminar con el secreto bancario, transferencias electrónicas, financiamiento del terrorismo y otras amenazas a la integridad de las finanzas internacionales.

La cooperación asertiva, la mayor institucionalización de los organismos de regulación directa e indirecta del sistema financiero internacional, con una coordinación política amplia e innovadora, son elementos que deberán ser quirúrgicamente enlazados para blanquear más del 50% del comercio internacional que de manera ficticia tiene sede en las guaridas fiscales.

*Nabih Yussef y Pablo Piacenza son investigadores del Consejo de Estudios Interdisciplinarios Económicos y Políticos con sede en Argentina [www.CEIEP.org]

**Artículo publicado para la Cancillería de la República de Ecuador en su campaña “Pacto Ético contra los paraísos fiscales”

[1] GRONDONA, Verónica, “El papel de las guaridas fiscales”, Página/12, Buenos Aires, 11 de abril de 2016.

[2] LAURÍA, María Sol, “Qué barato es lavar en Panamá”, Revista Anfibia, Buenos Aires, abril, 2016.

[3] DELLATORRE, Raúl, “Buenas para la ley, malas para el país”, Página/12, Buenos Aires, 10 de abril de 2016.

[4] Ibídem.

[5] DELLATORRE, Raúl, 2016, Op. Cit.

[6] Ibídem.

[7] Entrevista de Martín Granovsky a Gabriel Zucman, “Los paraísos fiscales exacerban la injusticia”, Página/12, Buenos Aires, 17 de abril de 2016.

[8] Quatrepoint, Jean-Michel, “La ofensiva legal del imperio”, Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, enero, 2017.

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

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