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6 de junio de 2017

CEIEP en los medios: Nabih Yussef analiza el atentado en Kabul

Más de 90 personas fallecieron y casi 500 heridos dejó de saldo el atentado terrorista en el barrio diplomático de Kabul, capital de Afganistán. La modalidad del ataque fue a través de un camión bomba atestado de explosivos. 

Más de 90 personas fallecieron y casi 500 heridos dejó de saldo el atentado terrorista en el barrio diplomático de Kabul, capital de Afganistán. La modalidad del ataque fue a través de un camión bomba atestado de explosivos.

La zona cero de la explosión, alcanzó al personal diplomático de la Embajada estadounidense y de la Embajada alemana. El horario elegido, 8:00am, pleno horario pico de tránsito por la capital árabe. El contexto, tres días del inicio del ramadán musulmán.

Si bien el ataque aún no ha sido reivindicado por una célula terrorista, la inteligencia afgana apuesta a que se trató de la red talibán, de fuerte peso en el país.

El ataque en el corazón diplomático de Kabul, representa un mensaje para las embajadas de los países miembros de la OTAN. La organización de defensa y seguridad del Tratado Atlántico del Norte, fue objeto de críticas por parte del presidente norteamericano Donald Trump, que pide a sus aliados sostener el presupuesto militar al 2% del PBI por país miembro. Esto se traduce indefectiblemente en mayor presencia militar de occidente en Iraq y especialmente en Afganistán, donde la OTAN lleva 17 años de presencia militar en el territorio.

Afganistán, una política de Estado

El presidente George W. Bush impulsó la invasión de Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre vehiculizando el encono popular por los atentados. Junto con él, fueron los

aliados de la OTAN, entendiendo que el ataque sufrido en territorio americano activaba los acuerdos de defensa colectiva de la organización.

Tiempo después, el presidente Barack Obama se mostraría crítico por la presencia de tropas norteamericanas en Afganistán haciéndose eco de la opinión pública nacional hastiada por las consecuencias del conflicto. Para el presidente demócrata, la presencia estadounidense en el país árabe, representaba un problema para el gasto público nacional y un sin sentido para los objetivos de defensa del Pentágono.

Estados Unidos debía capacitar a las fuerzas de seguridad afganas para que éstas controlaran el territorio, y así Washington retirar las tropas en el país. Sin embargo, el premio nobel de la paz, casi sin saberlo, convirtió la ocupación militar en Afganistán, en una verdadera política de Estado. El gigante del norte lejos de retirar a las tropas, incrementó la presencia militar en el territorio, dando continuidad y profundizando la política exterior de Bush para con la región.

En otras palabras, Obama vino a sostener como política de Estado -que sobrevive de gobierno a gobierno- a la ocupación militar durante todo su mandato.

Con la llegada de Donald Trump, nada cambió. Lejos de las promesas falsas de su predecesor, el magnate republicano fue coherente con sus promesas de campaña. Estados Unidos sostendría la presencia militar en la región, y obligaría a sus socios de la OTAN y aliados árabes, a que sostuvieran los costos de la ocupación militar. Lo que solventa la hipótesis de que occidente prolongará su presencia al menos ocho años más.

Un verdadero dolor de cabezas para el talibán afgano, pero también un problema para la seguridad de occidente. Mientras la ocupación en oriente continúe, el terrorismo no cesará de provocar a la comunidad internacional; sin embargo, tampoco existen garantías de paz si la OTAN evacua sus efectivos armados. La paradoja de la paz y la guerra no tiene una solución a corto plazo.

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