MENU

Joseph Nye: ‘El poder duro nunca pasó de moda’

Convocatoria para asesores de políticas públicas en DDHH

17 de junio de 2016

Ali solo quiere ir a la escuela: los refugiados sirios en el Líbano

Por Said G. Chaya*

Era un viernes por la tarde y estaba terminando el mes de julio, y con él, el tiempo sagrado del Ramadán. El calor en Beirut era insoportable. Los de la universidad habían organizado una visita al campo de refugiados de Chatila. Cuando le comenté a mis tíos el lugar al que me dirigía, me miraron con asombro y reprobación: ese sitio era sinónimo de muerte, robos y anarquía. Eso era Chatila para ellos: el inframundo. Aunque las cifras no son claras, en el campamento de refugiados de Chatila viven aproximadamente unas 18.000 personas, y es una de las zonas más densamente pobladas de la capital libanesa. Creado por la ONU en 1949 para recibir a palestinos que abandonaron su territorio tras la creación del Estado de Israel, se han sumado, últimamente, un importante número de sirios que vienen huyendo de la guerra que se desata en su país y lleva ya un lustro.

Éramos unos cuarenta jóvenes que llegamos para realizar actividades con los niños del lugar. Algunos hicieron teatro y juegos, yo me enrolé en el rincón de lectura. Leímos algunos cuentos sencillos en árabe junto a los chicos. Ali era uno de ellos. Se me acercó trayendo un librito que contaba la historia de una abeja. Tenía ocho años y me hacía acordar al personaje de Rodrigo Noya en “Valentín”, la película de Agresti. La misma edad, los mismos lentes. Seguía las palabras con el dedo y leía muy despacio. Me contó que lo que más deseaba era ir a la escuela. Había llegado a Chatila en abril, huyendo de la guerra, y no lo habían dejado inscribirse. Su papá había perdido una pierna, y no tenía trabajo, “todavía”, recalcó. De su madre no llegó a contarme nada. Simplemente se puso a llorar despacio, mientras se mordía el labio inferior.

Historias como las de Ali se repiten en todo el territorio libanés, muy afectado por la guerra que está sufriendo su país vecino. En diciembre de 2015, el número de sirios registrados en los organismos de ayuda de la ONU que operan en el país alcanzaban el millón cien mil, aunque, informalmente, la cifra de sirios en el país es sensiblemente mayor, teniendo en cuenta a aquellos que ingresaron al país al momento del conflicto y residen actualmente junto a familiares libaneses y cuentan con su ayuda al momento de buscar trabajo o alquilar una propiedad. Aunque no hay censos desde 1932, en Líbano viven unos cuatro millones de ciudadanos, por lo que los refugiados sirios implican un aumento poblacional mayor al 25%, poniendo al sistema educativo, sanitario y de vivienda en franco colapso.

Lea también “Refugiados y armas: el impacto de la guerra en Siria y sus consecuencias humanitarias” de Jorge Jaef y Nabih Yussef

En 2014, el gobierno libanés diseñó medidas más restrictivas en relación a la admisión de refugiados sirios, prohibiendo a las instituciones que se ocupaban de la cuestión aceptar nuevas solicitudes salvo casos humanitarios graves, y endureciendo las políticas de otorgamiento y renovación de visas a ciudadanos sirios, incluso repatriando a la zona de conflicto a aquellos que no tuviesen la documentación adecuada. Entre las disposiciones, que comenzaron a regir en enero de 2015, se destacó el revocamiento de la normativa que permitía a ciudadanos sirios y libaneses atravesar libremente la frontera de un país a otro. A partir de entonces, se hizo necesaria la presentación de documentos que acrediten solvencia económica, junto al pago de un impuesto. Tras las protestas de los organismos internacionales, entre ellos el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y de Ali Abdel-Karim, el embajador sirio en Beirut, la Cancillería aclaró que no era necesariamente una solicitud de visa, sino, técnicamente, una comprobación de datos para aclarar los motivos del viaje y la identidad de los migrantes. Según el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), los sirios mayores de 15 años que ingresaron ilegalmente al Líbano y desean regularizar su situación deben abonar US$633. El costo de renovar el permiso de residencia cada seis meses alcanza los US$200, mientras los ingresos mensuales promedio de una familia tipo de refugiados sirios en Líbano difícilmente superan los US$250.

De derecho o de hecho, la proporción de refugiados cayó un 7% durante 2015,[1] tras la implementación de los controles más rigurosos. Al mismo tiempo, las organizaciones no gubernamentales (ONG) presentes en la zona, advierten sobre un incremento en el ingreso ilegal de inmigrantes sirios al territorio libanés. Sin embargo, esto no responde únicamente al endurecimiento de los ingresos, sino también a la voluntad explícita de los sirios de no ser identificados para evitar persecuciones políticas o la conscripción militar obligatoria. Al no tener acreditación alguna, estos sujetos se convierten en presa fácil para la explotación laboral.

A causa de los controles militares que el Ejército Libanés mantiene en las rutas, los sirios indocumentados no pueden huir ni desplazarse libremente por el país, ni acudir a la policía en búsqueda de protección. Al mismo tiempo, todo un mercado de falsificación se ha desarrollado en torno a estos indocumentados, debido a la desconfianza que existe sobre los agentes del gobierno sirio en el exterior.

Niños sirios refugiados en Líbano. Foto de Bilal Hussein

Niños sirios refugiados en Líbano. Foto de Bilal Hussein

El Estado libanés tiene severas dificultades para hacer frente a la problemática de los refugiados, tanto desde lo político como desde lo económico. Por un lado, la cuestión política en el Líbano es insostenible en el mediano plazo: hay una dispersión enorme en su sistema de partidos. Las dos coaliciones principales están enfrentadas mortalmente, la Cámara de Diputados suspendió las elecciones de 2013 y prorrogó el mandato de sus legisladores hasta 2017 y la Presidencia de la Nación está vacante desde mayo de 2014, con un primer ministro que la ejerce de manera interina y lidera un gobierno de coalición con un alto nivel de volatilidad.

Lea también “La figura del Refugiado y la crisis humanitaria en la Unión Europea” de Julia Roudé

En un contexto como ese, acordar principios y elaborar políticas públicas dista de ser un objetivo realista. Sin embargo, las principales agrupaciones han realizado declaraciones en los medios de comunicación y han mostrado algunos acuerdos, al menos discursivos, sobre la situación crítica en la que viven los sirios en el Líbano. Mientras que el Movimiento del Futuro, que lidera el ex premier Saad Hariri, denunció que la situación de los refugiados es insoportable y buscó apoyo económico en visitas que realizó a Francia y Estados Unidos; Hezbolá y su aliado el Frente Patriótico Libre (FPL) coinciden en que la problemática de los refugiados debe tratarse en conjunto con la lucha contra el terrorismo. El canciller Gibran Bassil, enrolado en el FPL, ha sostenido la posibilidad de que Estado Islámico y Al-Nusra abusen de refugiados en situación de necesidad, brindándoles armamento e involucrándolos en atentados terroristas. Por su parte, Mohammad Raad, jefe de la bancada de Hezbolá en el Parlamento libanés, habló de la infiltración de grupos terroristas en el país, que ingresan ilegalmente junto a los grupos desplazados por el conflicto y se asientan en los mismos campamentos. Según afirma el diputado, al ingresar al Líbano, estos grupos buscan minar el apoyo local al presidente sirio Bashar Al-Assad, que tiene en los militantes de Hezbolá entre sus principales aliados regionales. La organización político-militar libanesa, inseparablemente unida a Irán, se ha convertido con el paso del tiempo, en una herramienta indispensable para Al-Assad en el combate contra sus enemigos. Este apoyo, si bien no está en duda por la dirigencia, sí está sufriendo serios cuestionamientos entre las bases, por las bajas que están sufriendo, que se calculan en unas mil desde que comenzó la guerra. La cifra es alta cuando se la compara con los muertos que acarrea desde que comenzó el conflicto con su enemigo jurado, Israel: mil trescientos, pero en treinta años.[2]

Por otro lado, la perspectiva económica tampoco es alentadora. Está claro que, sin el respaldo financiero internacional, el Líbano no puede sostener la estructura de apoyo a los refugiados. La Unión Europea (UE), si bien reconoce la “hospitalidad libanesa” y deplora las condiciones de vida en las que viven los refugiados, rechaza las medidas que el Líbano tomó para limitar los ingresos desde Siria, y ha condicionado la ayuda económica a la revisión de sus políticas migratorias. Hay, empero, una situación de dobles estándares: el total de solicitudes de asilo de sirios que recibió la UE entre 2011-16 es de 685.551, de las cuales Alemania y Suecia, dos países que superan con creces en sus indicadores económicos al Líbano, concentran 60% del total. Sin negar la magnitud del desastre que azota al viejo continente, que ha recibido enorme atención mediática, solo en el Líbano hay cerca de un millón cien mil refugiados, con una economía estancada, problemas de empleo y una balanza comercial deficitaria. El año pasado, las convocatorias realizadas por la ONU y sus agencias reunieron únicamente el 62% necesario para el presupuesto de los sirios alojados en el extranjero, siendo el Líbano el país donde la inversión por refugiado es más baja: US$0,70 por día, muy por debajo de la línea de la pobreza que marca la ONU (US$1,21). Estas cifras se han ido profundizando: mientras que en 2014 el 49% de los refugiados en Líbano estaban bajo la línea de la pobreza, en 2015 ese número ascendía al 70%.[3] [4] El problema se resolvería generando empleos reales y alentando las inversiones en servicios públicos, para poder paliar la crisis, pero, ¿cómo será esto posible para un país sumido en un huracán político?

Lea también “Armas y terrorismo, el negocio del siglo XXI” de Nabih Yussef

¿Cuántas historias más como las de Ali, ese niño de Chatila, deberán ser contadas, para que el conflicto termine de una vez? Es imposible acabar con la catástrofe humanitaria del desapego forzoso de la propia tierra sin apuntar primero a eliminar a Estado Islámico, reconciliar a las demás partes en pugna e involucrar a la comunidad internacional en el proceso de reconstrucción y desarme. Habrá muchas más historias como las de ese niño, si Siria no está en paz. Él y otros millones de desamparados no tienen otra opción más que esperar a que termine la guerra, algo que no sucederá invariablemente, hasta dentro de mucho tiempo.

*Analista internacional, integrante del Instituto Rosario de Estudios del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad Nacional de Rosario (IREMAI-UNR) e investigador colaborador del Consejo de Estudios Interdisciplinarios Económicos y Políticos (CEIEP).

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

[1] Reporte del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en la República de Líbano http://reporting.unhcr.org/node/2520#_ga=1.66929511.832146768.1465243278

[2] KARAM, Joyce, “Hezbollah’s vulnerability in Syria: Open exposure to many enemies” en Al Arabiya, mayo, 2016.

http://english.alarabiya.net/en/views/news/middle-east/2016/05/17/Hezbollah-s-vulnerability-in-Syria-Open-exposure-to-many-enemies.html

[3] Centro de Informaciones de Naciones Unidas, Diciembre, 2015.

http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=52893#.V1f4o5MrLwd

[4] Amnistía Internacional, “Syria’s refugee crisis in numbers”, febrero, 2016.

https://www.amnesty.org/en/latest/news/2016/02/syrias-refugee-crisis-in-numbers/

Tags: , , , , ,