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27 de julio de 2016

Zozobras del Brexit: sus efectos al sur del Atlántico

Por Rafael Pansa

“No tenemos aliados eternos, y no tenemos enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y nuestra obligación es vigilarlos”.Lord Palmerston, Primer Ministro del Reino Unido 1855-1865.


 A partir de la caída de la Unión Soviética, el discurso predominante en la disciplina de las Relaciones Internacionales fue la célebre “globalización”. Proceso que se presentaba como un fenómeno inevitable en el devenir del desarrollo humano, cuyas profecías anunciaban un mundo “sin fronteras”, de libre tránsito de bienes y personas, y fomentando la creación de grandes bloques regionales a la manera de “superestados” que darían paso a un todo integrado bajo los principios democráticos y liberales que regirían el futuro de la relaciones políticas y sociales. Un proceso voluntarista tan fascinante como contradictorio.

Sin embargo, el proceso de globalización fue dando lugar a un inesperado resurgimiento de los nacionalismos políticos, que promoviendo un discurso reaccionario y xenófobo, sentaron las bases políticas para vehiculizar nuevas demandas en el sistema democrático representativo.

Entre los partidos nacionalistas más influyentes, se destaca el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés), que fue el principal promotor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. En la vecina Francia, encontramos al poderoso Frente Nacional de Marine Le Pen. Mientras que es posible detectar en cada país del viejo continente un partido de estas características. En Italia, la Lega Nord (Liga Norte) integrante de la coalición política del ex premier Silvio Berlusconi; en Grecia, Amanecer Dorado; como también el Partido Popular Danés o el Partido de la Libertad, tercera fuerza en Austria.

Más allá de los vericuetos, los partidos de extrema derecha son cada vez más convocantes y catalizadores de los sectores humildes, quizá los sectores más hostilizados por el proceso de globalización. Este descontento político y su expresión contestataria radicalizada, hoy tiene impacto en el país que fue el motor del proceso de globalización: los Estados Unidos. El polémico magnate y candidato oficial por el Partido Republicano, Donald Trump, destila un discurso contestatario contra el establishment político y las instituciones democráticas, y carga de odio racial a las soluciones de los problemas de la ciudadanía estadounidense, en una expresión política de clara xenofobia y oportunismo.

Bloque comercial Sí, proyecto político No

Los ascensos de los nacionalismos extremos no deben ser políticamente leídos con la inocencia analítica de la burocracia de la Unión Europea. Esta macro institución no ha sabido canalizar los reclamos de importantes sectores ciudadanos postergados que han sido cosechados por el extremismo político. Lejos quedaron las banderas que supieron levantar los europeístas moderados. Hoy la Unión Europea es un decorado pronto a reciclarse.

Campaña antieuropea en Reino Unido

La Unión Europea viene imponiéndose sin consenso social desde el revés sufrido en 2005, tras la negativa de la ciudadanía francesa y holandesa en adscribir a la llamada “Constitución Europea”. Los Estados miembros decidieron sortear el veto popular y dos años después, imponer el instrumento integracionista casi sin modificaciones a través del Tratado de Lisboa. En definitiva, un sistema político y económico que nace negando el voto popular.

Los ingleses han sido espectadores escépticos del proceso europeísta, lo cual tiene coherencia histórica con su aislacionismo geopolítico. Históricos defensores acérrimos del libre comercio global, pero reaccionarios de una integración política con el continente, los ingleses decidieron retomar su rumbo solitario, sorprendentemente premonizado por uno de los más importantes políticos de su tiempo: Sir Winston Churchill. El histórico primer ministro del conservadurismo inglés aseguraba que “(…) cada vez que Gran Bretaña tenga que decidir entre Europa y el mar abierto, decidirá siempre por el mar abierto”. Una insularidad política como determinante de la constitución identitaria del Reino Unido.

Los ingleses han sido espectadores escépticos del proceso europeísta, lo cual tiene coherencia histórica con su aislacionismo geopolítico.

El impacto del Brexit en el Atlántico Sur

La salida del Reino Unidos de la Unión Europea dejaría sin efectos el Anexo II del Tratado de Lisboa, que incorpora como territorios europeos de ultramar a las Islas Malvinas (Falkland Islands), Georgias del Sur (South Georgias) y las Islas Sandwich del Sur (South Sandwich Islands), como también el denominado British Antarctic Territory en el continente blanco.

A diferencia de las Naciones Unidas, la Unión Europea no tiene en cuenta que existe la disputa diplomática entre Argentina y Reino Unido por la soberanía de las islas y los recursos del Atlántico Sur, lo cual tornaba más compleja la negociación, ya que la controversia pasaba de ser entre dos países, para convertirse entre Argentina y todo un continente.

La salida del Reino Unido de la comunidad política con sus vecinos continentales, pone a Londres en serios aprietos geopolíticos. El gobierno británico deberá reforzar su defensa diplomática consiguiendo nuevos apoyos de los restantes 27 países que integran la Unión, en su determinación política por mantener las islas del Atlántico Sur como suyas. Entre esos países se encuentran España e Italia, con fuertes vínculos históricos con Argentina, además de Portugal y Francia que mantienen aún lazos con la región. Esto complica el camino para facilitar los apoyos al Reino Unido.

Isleños con ropa alusiva al Reino Unido

Además de cuidar el frente diplomático, Londres tendrá nuevos desafíos políticos. Fuera de la Unión Europea, buscará aferrarse a la unión política que le queda: la unión política del Reino Unido, integrado por cuatro naciones insulares. La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, como también el viceministro de Irlanda del Norte, Martín Mc Guinness, han anunciado a sus conciudadanos un eventual referéndum para optar entre ser socios menores en la unión del Reino Unido, o girar definitivamente hacia el continente. En el peor de los escenarios, si Inglaterra no logra contener su “imperio chico”, quedaría políticamente aislada.

El discurso del gobierno inglés por la autodeterminación de los pueblos del Atlántico Sur, presenta nuevamente contradicciones cuando debe ser aplicado en su territorio próximo. Londres difícilmente soporte los desaires políticos del resto de los miembros del Reino Unido.

El Brexit y Malvinas

El impacto del Brexit en Malvinas no tarda en llegar. Si bien en el imaginario social argentino se considera que las principales actividades económicas en las islas son la actividad pecuaria y la exportación lanar, es menester advertir que estas dejaron de ser la base de su economía y hoy representan tan solo un pequeño porcentaje de los ingresos en las arcas de los habitantes de las islas.

Desde finales de la década del 80, a través de la constitución unilateral de la Zona de Exclusión Pesquera o FICZ (Falkland Islands Conservation Zone), Londres logró catapultar lo que será el principal sustento económico del Gobierno kelper: el cobro de regalías por la venta de licencias pesqueras. Licencias que ofrecerían extraer de manera indiscriminada en una de las zonas más ricas en cuanto a recursos ictícolas del mundo. Al día de la fecha, el 95% de los ingresos de la administración británica en las islas se genera a partir de la venta de estas licencias pesqueras. Ingresos que sustentan la autosuficiencia de casi todas las áreas gubernamentales, salvo la defensa y la representación externa que siguen en manos políticas y presupuestarias del Reino Unido.

La principal preocupación del Gobierno kelper pasa por sostener los vínculos comerciales y económicos con España e Italia, miembros de la Unión Europea. Los miembros de la administración de las islas han advertido “consecuencias catastróficas”, debido a que la gran mayoría de las exportaciones van al mercado único europeo.

Sin dudas alguna, el Brexit tendrá un fuerte impacto en el apoyo global que puedan recibir los ingleses en la disputa territorial con Argentina y en la economía misma de las islas, debido a la pérdida de los acuerdos de libre comercio con Europa, lo que les permitía a los isleños exportar grandes cantidades de peces sin tener que pagar una tarifa especial o adherir a una cuota. Si Europa no acepta los mismos términos de intercambio comercial para con las islas, Malvinas estaría obligada por necesidad, a establecer mayores lazos con América del Sur, un territorio más hostil para lograr acuerdos debido al peso considerable de Argentina en la región.

Malvinas no fue, ni es una prioridad para la política inglesa, y mucho menos tras el Brexit, lo cual abre un escenario positivo para una eventual estrategia argentina en su objetivo inclaudicable por recuperar sus territorios irredentos.

El referéndum ha sentenciado la salida del Reino Unido del bloque económico y político más importante del mundo. Las repercusiones del llamado Brexit impactará de lleno en toda la estrategia global inglesa y en sus intereses más próximos. Pandora ha abierto su caja una vez más y los sucesos que irán surgiendo son difícilmente predecibles.

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