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Paraísos fiscales y evasión impositiva

El paraíso fiscal en la otra esquina

9 de mayo de 2016

Precios, salarios, ascensores y escaleras

Por Ástor Acero*

“Mientras los sueldos suben por la escalera, los precios suben por el ascensor”.

Juan Domingo Perón.

Asistimos a una coyuntura político-social de cambio en las políticas macroeconómicas estatales. Ni bien asumido el gobierno de Mauricio Macri, el Ejecutivo se lanzó a la tarea de “sanear” la economía tras doce años de supuesta dilapidación de los recursos públicos. Una y otra vez, los funcionarios del nuevo staff gobernante se escudan en la entelequia de la “pesada herencia” para justificar políticas que a priori parecen aisladas pero que el análisis debe conjugar.

La quita de retenciones al agro, la megadevaluación del mes de diciembre, el abandono por parte del Banco Central de su tarea de regulador del precio del dólar, el aumento exponencial de los precios y los salarios a la baja, los despidos masivos, son factores que se presentan ante el público como casualidades sin conección. Lejos de eso, sostengo la tesis de que las anteriores medidas forman parte de un plan político concreto, y un plan político antes que uno económico. En definitiva, el regreso de las clases propietarias del país a las magistraturas del Estado, que lleva como corolario una decisión de ajustar sobre la enorme mayoría del pueblo asalariado.

Dentro de este contexto, el presidente Mauricio Macri ha anunciado un recorte abrupto de los subsidios a los servicios de gas, electricidad, transporte público, entre otros. Lo cual no hace más que agravar la situación económica doméstica de gran parte de los usuarios y consumidores, debido a que se registran subas de precios de más de 400%, cuando los salarios han aumentado en el mejor de los casos un insuficiente 30%, ¡con un retroceso en el poder adquisitivo de la gente de al menos 20%!

Es cierto que existieron históricamente, desfasajes en cuanto a los subsidios destinados a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, con respecto al resto de las provincias. Lo cual plantea la necesidad de buscar alternativas superadoras al actual esquema. En el pasado, la ex presidente Cristina Kirchner anunciaba como una meta de su segundo mandato 2011-2015, la “sintonía fina”. Esto es, estudiar minuciosamente quiénes necesitan el subsidio y quiénes no, para que no se produjesen situaciones paradójicas como los countries privados que contaban con subsidios, mientras que humildes barrios sin cloacas, no.

La modificación en los subsidios deberá adoptar un criterio ecuánime, en el sentido de equilibrar el precio de los servicios en todo el país y evitar que en Buenos Aires el subte o el colectivo, sean mucho más económicos que en el resto del país. Pero es de entender que los denominados “tarifazos” implantados por el presidente constituyen una suerte de “cirugía mayor sin anestesia”, ya que vuelven a golpear a los sectores menos pudientes de la economía nacional.

En otro orden de las cosas, una quita de subsidios parecería responder a la estrategia de Cambiemos en permitir a los grandes monopolios energéticos usufructuar mayores ganancias sin la inversión correspondiente (recordemos los cortes de luz que se sufrieron en Buenos Aires en los últimos meses, cuando esto aún era incipiente). Unido a lo anterior, el presidente en reiteradas oportunidades repite que las arcas del Estado están en crisis, desfinanciado por la “fiesta irresponsable” de la gestión kirchnerista. Con lo cual se prevé que las inversiones, en el sector energético como en tantos otros que hacen a la obra pública, se reduzcan significativamente. Dando como resultado un peor servicio: tarifas más caras, pero continuidad en los cortes de energía.

En síntesis, hoy más que nunca cobra sentido las palabras del ex presidente Perón que abren estos comentarios. Con ironía, podemos decir, que los precios suben por el ascensor, mientras los salarios lo hacen por las escaleras; nunca los alcanzan.

Es menester señalar, que aún persiste en el Gobierno una ineficaz política de control de precios. Sólo ha trascendido en la prensa, el lanzamiento de una aplicación para celulares, que permite comparar los precios e ir al supermercado que ofrezca el más bajo (haciendo la salvedad de que el mismo puede estar a varios kilómetros a pie de donde se encuentra el consumidor). Sin embargo, el Ejecutivo insiste en tildar a la política de “precios cuidados” de la anterior gestión, como una “contención artificial de los precios”. Pese al éxito que tuviera en desacelerar el avance de precios durante la anterior gestión. Cambiemos insiste en que la inflación que se vive hoy sería la “verdad natural” de los precios, o del mercado. Como si los precios fueran un fetiche con vida propia, tal y como Marx le critica a la ortodoxia economicista de su tiempo. Esta supuesta “verdad natural” del mercado constituye un mito de gran alcance en la cultura política, tanto nacional como internacional, desde los albores mismos del capitalismo. Por el contrario, no se debe perder de vista que la cuestión social planteada hoy día es producto de una gran ingeniería de política económica. Lo político prima, ya que hay una decisión deliberada a la hora de recortar salarios y transferir recursos a los sectores más concentrados de nuestra economía. La crisis capitalista mundial irresuelta desde 2008, es así volcada sobre los trabajadores, en un país en el cual trabajar ya se va a convertir en una situación de privilegio. Los despidos masivos apuntan a disciplinar a la clase obrera. El presidente Macri y su Ministro de Hacienda (ya no de Economía), parecen retornar a la “teoría del derrame”: darle las condiciones macroeconómicas al gran capital para que penetre en el país (“abrirnos o volver al mundo”, en palabras de Macri y Prat Gay), para que recién en un segundo momento, el bienestar se derrame sobre el puebl, una vez las empresas inviertan y logren su rédito.

El indicador de pobreza de la Universidad Católica Argentina ha arrojado nuevos datos. Según esta entidad, se estiman en un millón quinientos mil los nuevos pobres que las políticas del presidente Mauricio Macri han generado, en tan sólo 120 días de gobierno. Esto se suma a la voz de referentes barriales del Gran Buenos Aires y las grandes ciudades, quienes anuncian con desolación el regreso de los pibes a los comedores escolares, el desmayo en las aulas por insuficiencia alimenticia, y otros episodios lamentables. Esto habla a las claras del impacto de aquéllas medidas presentadas por separado. El único modo que parece esbozar Cambiemos para paliar esta situación, es reducir el IVA que se paga sobre los alimentos. Lamentablemente, si esta política pública no se acompaña con subas de salarios, actualización de las asignaciones familiares, reincorporación de los miles de trabajadores despedidos, y un regreso a la inversión masiva del Estado, será una medida del todo insuficiente.

Cualquier parecido con diciembre de 2001, corre por vuestra propia imaginación.

*Analista político, Investigador CEIEP.

[Copyright © Todos los Derechos Reservados. Licencia bajo CC BY-ND-SA]

 

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